Nepotismo: el costo de la unidad

El periodo de Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha aluzado otra antaña forma de nepotismo: el electoral

Claudia Sheinbaum durante una conferencia de prensa en Palacio Nacional, el 5 de noviembre 2024.Daniel Augusto

Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, la luz les fue arrojada: distinguimos que al menos 500 juzgadores del poder judicial mantenían a familiares cercanos en sus nóminas.

—Es natural que los hijos sigan los pasos de sus padres y que los esposos trabajen donde mismo —justificó en su momento la vocera del Poder Judicial.

El introspectivo pronunciamiento fue incapaz de frenar la Gran Re...

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Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, la luz les fue arrojada: distinguimos que al menos 500 juzgadores del poder judicial mantenían a familiares cercanos en sus nóminas.

—Es natural que los hijos sigan los pasos de sus padres y que los esposos trabajen donde mismo —justificó en su momento la vocera del Poder Judicial.

El introspectivo pronunciamiento fue incapaz de frenar la Gran Reforma que todo dinamitó.

El periodo de Gobierno de Sheinbaum Pardo ha aluzado otra antaña forma de nepotismo: el electoral.

El nepotismo electoral que permitió, por ejemplo, que Margarita Zavala aspirara a ocupar la Silla Grande tras el mandato de Calderón. O que Martha Erika Alonso sucediera a su esposo —Rafael Moreno Valle— en el gobierno de Puebla.

La reforma —firmada de puño y letra por la actual presidenta— busca erradicar el detectado favoritismo. Parejas y parientes de un funcionario quedarán impedidos de postularse para el mismo cargo de elección popular de forma inmediata y hasta por tres años. ¿Su objetivo? Impedir la perpetuación indirecta.

La iniciativa, claro, no es perfecta. Solo aplica a cargos de elección popular y hace vista ciega a la reforma judicial. Además, deja abiertas ciertas puertas: el viejo truco de colocar a un sustituto temporal mientras transcurren los tres años, para luego devolver el tesoro familiar. Un esquema similar al utilizado en la Cuauhtémoc, donde una cueva sirvió de puente.

¿Y la buena noticia para cuándo? La iniciativa original establecía su entrada en vigor para los comicios de 2027, abarcando 16 estados, entre ellos San Luis Potosí, Guerrero y Zacatecas.

Así, la iniciativa intentaba echar el ancla a las aspiraciones políticas de Ruth González Silva, Salgado Macedonio y Saul Monreal en sus dominios de origen, entre otros.

Y es que, si bien podría afirmarse que en Morena la reforma sobraba, ya que sus estatutos y programa prohíben el nepotismo —e incluso el Reglamento de la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia lo define de manera más amplia que la reforma—, la Presidenta los quería cuadrados por igual. Un escudo para enfrentar a quienes, dentro y fuera, creen merecerlo todo.

La iniciativa contra el nepotismo enviada por Sheinbaum llegó a la tribuna del Senado en manos de Monreal —¿de qué se ríen? —. No del coordinador de Morena ni del gobernador de Zacatecas, sino del senador: Saúl. Uno de los diez hermanos que rondan la selva política mexicana.

Lo que hay que hacer para poder decir: —Por supuesto que estoy en contra del nepotismo, si hasta presenté una iniciativa.

—Hoy antepondremos los intereses de la Nación a los propios. ¡Las aspiraciones personales van después del bienestar de la Nación! —señaló con efusión un senador del Verde.

—El nepotismo electoral distorsiona la competencia, facilita un acceso desigual a los recursos, promueve el uso ilegítimo de estructuras gubernamentales y otorga ventajas indebidas —concluyó, con lógica impecable.

Lo que no sabía era que, tiempo después, su propio partido con la gubernatura de San Luis Potosí en la mira, lo haría pasar vergüenzas.

A él y a todos.

Hacia el final de la sesión, la verdad se impuso.

Adán Augusto López —en nombre propio y en representación de Manuel Velasco— presentó una reserva para que la reforma contra el nepotismo electoral entre en vigor en 2030 y no en 2027. Así de cínico, así de claro.

Y es que, según dicen, Ruth González Silva —esposa del actual gobernador de San Luis es candidata natural —la cita es textual— para sucederlo en el cargo. El nepotismo que hoy es justificado, mañana será condenado.

San Luis Potosí bien vale un desliz.

—Acabamos privilegiando la unidad —justificó Noroña.

Y lo entendemos, todos lo entendemos: no hace falta que el senador alce la voz contra los puritanos. Sabemos que forjar una mayoría calificada fue una tarea ardua y que sostenerla es aún más difícil y costoso. Pero tampoco debería olvidar cuánto esfuerzo tomó construir la legitimidad y la confianza. Y que, al final, son prestadas.

Ahí no terminó todo: en Palacio Nacional, el ambiente ardía. Mientras Fernández Noroña con su habitual seguridad, afirmaba que la cesión al Verde había estado coordinada con la presidenta, ella, desde la mañanera, se encargó de desmentirlo.

Y aunque el pronunciamiento posterior de la presidenta del partido sobre el compromiso de no postular familiares en Durango y Veracruz este año, así como la propuesta de modificar el nepotismo a nivel estatutario, son gestos decentes, no son suficientes. Nada se dice de Guerrero, nada se dice de Zacatecas. Y, al final, el nepotismo ya estaba en los estatutos.

Así de caro es el costo de las supermayorías, el costo de la unidad, el costo de frenar la transformación.

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