De aliados a escollo: la rebelión del PT y PVEM en contra de la reforma electoral
Los aliados de Morena cargan con un historial de escándalos, opacidad y liderazgos verticales
Hoy tienen la llave para abrir o cerrar la puerta de la reforma electoral, pero los aliados de Morena no siempre fueron tan poderosos. Antes del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, el Partido Verde y el Partido del Trabajo eran fuerzas marginales que sobrevivían gracias a sus alianzas con el PRI...
Hoy tienen la llave para abrir o cerrar la puerta de la reforma electoral, pero los aliados de Morena no siempre fueron tan poderosos. Antes del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, el Partido Verde y el Partido del Trabajo eran fuerzas marginales que sobrevivían gracias a sus alianzas con el PRI y el PRD, respectivamente. Estuvieron a punto de perder el registro y eran más famosos por sus escándalos que por sus aportaciones a la política.
Morena los hizo crecer como no lo habían hecho en sus casi cuatro décadas de existencia. Obtuvieron un peso relevante en la Cámara de Diputados y el Senado y se volvieron imprescindibles para las reformas del Plan C de Andrés Manuel López Obrador y las de la presidenta Claudia Sheinbaum en su primer año de gobierno. Hoy, PVEM y PT emplean su fuerza para resistirse a una reforma electoral que pretende restarle influencia a las cúpulas partidistas, arrinconando a Sheinbaum a redactar una propuesta que solo cuenta con el respaldo de Morena y que ha sido retenida tres veces antes de difundirse su contenido.
La resistencia al regreso del “partido de Estado”, el argumento de quiebre de los dirigentes de las organizaciones aliadas del oficialismo, es en realidad una defensa de los privilegios de los que han gozado en las últimas décadas, en una historia cargada de escándalos y contradicciones, opacidad en el uso de los recursos multimillonarios que reciben cada año y liderazgos verticales basados en dinastías familiares.
Antes del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, en el que se consolidó la coalición Juntos Hacemos Historia, ambos partidos tenían una presencia marginal en el Congreso y eran considerados parte de “la chiquillada”, un término usado para describir a los partidos políticos minoritarios, creados como satélites del PRI en los años 90.
PVEM, el “partido canalla”
El Verde fue fundado en 1986 por un excéntrico empresario llamado Jorge González Torres y hoy es dirigido por su hijo, Jorge Emilio González Martínez, apodado “El Niño Verde”. Compitió por primera vez en las elecciones federales de 1991 y solo ha tenido un candidato presidencial propio, en 1994, cuando González Torres realizó campaña abanderando causas ecologistas. En las elecciones del 2000 se alió con el PAN para llevar a Vicente Fox a la presidencia; en 2006, se unió al PRI para postular a Roberto Madrazo; en 2012, volvió a ganar, aliado al PRI y al candidato Enrique Peña Nieto. En 2018, se juntó en el papel con el priista José Antonio Meade, aunque en los hechos sus dirigentes principales, como el entonces gobernador chiapaneco, Manuel Velasco, ya trabajaban en favor de López Obrador.
En septiembre de 2018, otorgaron a Morena los seis diputados que necesitaba para obtener la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y así nació la coalición legislativa. A partir de 2019, los verdes formalizaron su alianza electoral con los morenistas a nivel estatal, primero en Baja California y Puebla, y posteriormente en todo el país. En 2021, fueron parte de Juntos Hacemos Historia y, tres años después, refrendaron ese acuerdo para sumarse a la candidatura presidencial de Claudia Sheinbaum.
Bautizado como “el partido canalla” por el especialista electoral Jorge Alcocer, el Verde es el partido más sancionado en la historia del sistema electoral mexicano. En el sexenio de Peña, estuvo a punto de perder el registro por irregularidades detectadas por la Unidad de Fiscalización del Instituto Nacional Electoral, pero faltó un solo voto en el Consejo General para aprobar la pena máxima. Sus escándalos incluyen la difusión de propaganda en plena jornada electoral, el uso de influencers para disfrazar publicidad, el financiamiento irregular de sus campañas, el rebase de topes de gasto y el engaño a mujeres (las llamadas “Juanitas”) para encubrir candidaturas masculinas y fingir el cumplimiento de las cuotas de género en sus listas de plurinominales.
En el sexenio de López Obrador, el Verde creció al amparo de las alianzas de Mario Delgado, exdirigente de Morena, con líderes de ese partido como Arturo Escobar, Manuel Velasco y Ricardo Gallardo, actual gobernador de San Luis Potosí. Delgado pactó con los verdes y el PT un esquema de alianzas que permitió a Morena encubrir candidatos bajo las siglas de sus aliados para acceder a más plurinominales, forzando la sobrerrepresentación de la alianza oficialista.
Hoy, el Verde es tercera fuerza en ambas Cámaras, solo detrás de Morena y el PAN. Con su 8,9% en la votación de 2024, accederá a 900 millones de pesos para financiar sus actividades ordinarias en 2026. Cuenta actualmente con 62 diputados y 14 senadores y gobierna cientos de municipios. Su presencia en Estados como Quintana Roo, Zacatecas, Colima y San Luis Potosí podría llevarlo a pelear con Morena las candidaturas de la coalición en las elecciones a gobernador de 2027.
PT, de origen salinista
El Partido del Trabajo tiene una historia igualmente peculiar. Se fundó en diciembre de 1990 con el impulso de organizaciones sociales de Zacatecas, Nuevo León, Durango y Chihuahua (que a la fecha siguen conformando su zona de influencia). Su fundador, Alberto Anaya, ha sido vinculado históricamente con Raúl Salinas de Gortari, hermano del expresidente Carlos Salinas, a quien se atribuye la promoción del partido durante su sexenio. En 1994, el PT postuló a Cecilia Soto a la presidencia, en una campaña caracterizada por el uso masivo de propaganda que, en realidad, buscaba restarle votos al candidato del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas.
En el sexenio de Ernesto Zedillo, y con la caída del salinismo, el PT se acercó a la izquierda cardenista y, en 1997, fue uno de los partidos que integraron la coalición opositora que arrebató al PRI el control de la Cámara de Diputados. Fue aliado del PRD en las elecciones presidenciales de 2000, con Cuauhtémoc Cárdenas, y en las tres campañas de López Obrador (2006, 2012 y 2018). El profesor Alberto Anaya ha encabezado la coordinadora nacional del partido desde hace 36 años y, en paralelo, ha sido cuatro veces diputado y tres veces senador, siempre plurinominal. A Anaya y su esposa, María Guadalupe Rodríguez, se les ha investigado por presuntas irregularidades en el manejo de recursos federales otorgados a los Centros de Desarrollo Infantil que operan desde hace 30 años a través del Frente Popular Tierra y Libertad.
En las elecciones federales de 2015, el PT compitió aliado con el PRD y obtuvo menos del 3% de la votación, por lo que el INE decretó la pérdida de su registro como partido nacional. Sin embargo, la autoridad anuló la elección del distrito 01 de Aguascalientes, que había sido ganada por el PRI y, en un caso excepcional en la historia electoral mexicana, el PT subió su votación en un 400% en la elección extraordinaria celebrada tres meses después, mientras que el PRI –que originalmente había ganado el distrito- cayó al segundo lugar. La transferencia de miles de votos fue considerada una maniobra del PRI para salvar el registro del PT.
Pese a todo, en 2018, el PT hizo una alianza total con Morena y, desde entonces, se ha mantenido como parte de la coalición electoral y legislativa de la cuarta transformación. Hoy es la cuarta fuerza en la Cámara de Diputados, con 49 curules, y la sexta en el Senado, con solo seis escaños. En 2024, obtuvo más de tres millones de votos, equivalentes al 5,8% de la votación nacional, lo que le da acceso a casi 700 millones de pesos de financiamiento público para su gasto ordinario en 2026.
No gobierna por sí mismo ningún Estado y ha visto caer su intención de voto en las encuestas. Sin embargo, el PT se convirtió en el partido más radical en contra de la reforma electoral de Sheinbaum. Primero, su diputado Reginaldo Sandoval consideró que era una reforma innecesaria, y esta semana su dirigencia nacional ha emitido un pronunciamiento en el que textualmente advierte: “No permitiremos ningún retroceso democrático; decimos ‘no’ al regreso del viejo partido de Estado”.
La alianza para 2027 en riesgo
Las diferencias por la reforma electoral tensan la coalición oficialista de cara a las elecciones de 2027, y han puesto sobre la mesa los conflictos locales de la coalición oficialista en varios Estados. En ese escenario, la presidenta ha declarado este martes que, si sus aliados no acompañan la reforma electoral, ella de todos modos va a presentarla, y ha dejado a Morena la decisión de mantener la coalición electoral en 2027. “Yo la voy a presentar; si no se aprueba, no se aprobó, pero yo cumplí con la gente. Y ya que Morena, porque ya no me toca a mí, decida cómo va de aliado con el Verde y con el PT en la elección de 2027”, ha afirmado Sheinbaum, horas antes de enviar su iniciativa.