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Netflix presume el éxito de la serie de Juan Gabriel: “Que en el chat de tu familia estén hablando de ella es a lo que aspiramos”

El director de Documentales para Latinoamérica de la plataforma, Bernardo Loyola, conversa sobre el furor que ha provocado la producción sobre el Divo de Juárez

A casi un mes de su estreno, la serie documental Juan Gabriel: Debo, puedo y quiero, dirigida por María José Cuevas, sigue acumulando éxitos. Con más de cuatro millones de vistas en todo el mundo, y una catarsis colectiva de más de 170 mil personas en el Zócalo con la proyección del emblemático concierto del Divo de Juárez, el proyecto de Netflix se posicionó en el top 10 global en sus primeras dos semanas. Bernardo Loyola (Ciudad de México, 48 años), director de Documentales de la plataforma en Latinoamérica, asegura que, más allá de las métricas de audiencia, la mayor satisfacción son los “momentos culturales” que este tipo de historias generan: “Lograr que papás, que en el chat de tu familia se esté recomendando, que la que te pinta las uñas, que normalmente no es el público que uno pensaría para documentales, estén hablando de esto, eso es exactamente a lo que aspiramos”.

La tarea no fue fácil. En videollamada con EL PAÍS, Loyola cuenta que la idea, que vino de él, implicó más de seis años de trabajo para que el proyecto se hiciera realidad. Desde su llegada a Netflix en 2018, tenía claro que Juan Gabriel era uno de los personajes que tenía todavía una historia por contar. La oportunidad llegaría unos años después cuando recibió un disco duro con un adelanto del archivo que la familia del ídolo mexicano tenía. “Había algunos de los Super 8 de cuando era joven, había algunas cosas ya también de adulto. Esa escena donde va cantando Debo hacerlo en el avión que está como en un mameluco de borreguito”, relata. Y quedaba mucho más material.

Por la magnitud de todo lo que tenían, lo que al principio estaba pensado como un largometraje se convirtió en una serie de cuatro capítulos que se alineó con la estrategia del género documental de Netflix. “Este proyecto refleja exactamente lo que nosotros estamos buscando hacer con nuestra estrategia de documentales aquí en México y en Latinoamérica, que es hacer documentales que tengan el potencial de llegar a una audiencia gigantesca”, explica. Aunque afirma que cada proyecto es diferente, asegura que la pasión y la creatividad del equipo son imprescindibles para lograr “conectar de una forma emocional con la gente”, y pone otro ejemplo: Los niños perdidos, un documental sobre cuatro niños que sobrevivieron 40 días en la Amazonia colombiana tras un accidente de avión. “Es el documental que no está en inglés más visto en Netflix en la historia. Lo vio muchísima gente en Colombia, pero también el 80% de la audiencia viene de fuera. Fue realmente un fenómeno global”, comenta.

Loyola considera que ese tipo de apuestas de “interés humano” demuestra que pueden “lograr audiencias grandes con historias difíciles” que salgan de temáticas más habituales como el crimen o la música, como en otras exitosas producciones de la plataforma como Las tres muertes de Marisela Escobedo o Karol G: Mañana fue muy bonito. Además, sostiene que la brújula de sus documentales “es la curiosidad y la empatía, por encima del morbo, el chisme o la explotación”. Afirma que no hay “una fórmula” o “un algoritmo” que asegure el triunfo de un proyecto, ni siquiera la fama de la protagonista: “Karol G es evidentemente famosa. 70 millones de followers [seguidores] en Instagram, es una de las cantantes más famosas de Latinoamérica. Es obviamente atractivo, pero después es como: ¿va a contar realmente su historia? ¿Está dispuesta a ser vulnerable, a darte acceso?”.

Para el cineasta, que antes trabajó con el reconocido documentalista estadounidense Michael Moore, Netflix ha logrado popularizar el género para que no sea “de nicho” y que “la barrera de acceso a ver un documental se rompa” en Latinoamérica porque, antes, su distribución se limitaba a festivales y salas de arte por los recursos limitados con los que contaba. Loyola sitúa alrededor de 2018 los cambios en las audiencias de documentales en la región que acercaban los números a los de ficción: “Vamos con la idea de que lo que habíamos visto en Estados Unidos y en Inglaterra con los documentales en inglés de Wild wild country, Making a murderer y Chef´s Table, que estaban empezando a conectar con audiencias cada vez más grandes. Creímos que podíamos hacer algo similar en Latinoamérica”. Y así llegaron historias como 1994 en México, Carmel: ¿Quién mató a María Marta? en Argentina y Elize Matsunaga: Érase una vez un crimen en Brasil.

Sobre los siguientes lanzamientos, Loyola destaca Un hijo propio, una historia sobre la maternidad que es dirigida por la dos veces nominada al Óscar Maite Alberdi, Lali: La que le gana al tiempo, sobre la famosa cantante argentina que abarrotó en cinco ocasiones el estadio Vélez en un año, Yiya Murano: Muerte a la hora del té, dirigido por Alejandro Hartmann y que contará la historia de una mujer argentina que envenenó a sus amigas después de estafarlas, y James Rodríguez, una docuserie que sigue al conocido jugador colombiano. Sobre este último, adelanta: “Es parte de los proyectos que vamos a estar sacando de camino al Mundial. Tenemos diferentes proyectos en postproducción sobre el Mundial”.

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