“En este caso, la confianza no se dio”
Esto no se trata de una cuestión de confianza. Es más bien otra forma retórica de la actual Administración para evitar revelar explícitamente, tal como lo hizo Kast hace algunas semanas en Europa, que está en contra de todos los “ismos”, incluido el feminismo
Con la frase que encabeza esta columna, José Antonio Kast justificó la salida de la directora nacional del Servicio Nacional de la Mujer y Equidad de Género (SernamEG), Priscilla Carrasco esta semana. Esta salida, como otras que se han ido dando recientemente, no serían extrañas, considerando la diferencia política entre el Gobierno de Boric y la actual Administración. Sin embargo, nos encontramos en un organismo clave para la promoción de los derechos de las mujeres en el país y con una directora que está en pleno tratamiento de un cáncer.
La apelación a la idea de la pérdida de confianza es engañosa y esconde la verdadera motivación que sostiene esta decisión. La confianza se construye en las relaciones sociales y es muy poco probable que Kast o la actual ministra conozcan o conocieran, si quiera un poco, a la saliente directora.
Porque convengamos, esto no se trata de una cuestión de confianza. Es más bien otra forma retórica de la actual Administración, para evitar revelar explícitamente, tal como lo hizo Kast hace algunas semanas en Europa, que están en contra de todos los “ismos”, incluido el feminismo presente en la ex dirección del SernamEG. La convicción profunda de Kast que los derechos sociales, así como aquellos reproductivos o los derechos LGBTQ+ son falsos derechos, y de que la mujer debe ocupar el lugar que siempre ocupó en el sistema social, aquel de la subordinación a los hombres y de la madre-esposa, emerge cuando se toman decisiones como esta.
La implementación de una agenda restitutiva de un cierto modo de entender las relaciones sociales y de género en el país por la actual Administración supone desmantelar lo que se ha hecho, todos los avances en materia de género en el país, debido a que estos avances son considerados ideológicos. Desde la óptica del actual Gobierno, es ideológico reconocer y visibilizar que la violencia de género es un problema central en nuestra cultura contemporánea, así como sostener que la posición de las mujeres no está en la casa, en el hogar y en los cuidados exclusivamente, tal como se daba antaño. Además, supone pensar que las acciones implementadas y defendidas por la ex directora en su gestión son ideológicas, ya que lo que ella entiende o podría entender como derechos de las mujeres está errado. Para el pensamiento conservador y la ultraderecha esta forma de concebir los derechos, promovida por la ex directora del SernamEG y la ex ministra Antonia Orellana es falsa, y, por tanto, los avances alcanzados en esta dirección son logros ideologizados, ya que rompen el marco adecuado y cisheteronormativo de convivencia en la sociedad sostenido por Kast. Dicho pensamiento ultraconservador se revela a la idea de situar a las mujeres en un lugar equivalente al de los hombres. Mas bien, ese pensamiento sostiene que las mujeres no pueden ser sujetos de derechos y menos de reconocimiento. Y menos aún aquellas mujeres lesbianas y migrantes. Para Kast esto es el culmen de la ideología woke.
Lo sorprendente es observar cómo se ha ido instalando la idea, promovida por Kast y la actual administración, que en la limitación de derechos y reconocimientos e, incluso, en su retroceso, avanzamos hacia una mejor posición de las mujeres y de nuestra sociedad en general. Como si estas acciones, o las ideas que las sostienen, no supusieran la implantación de una agenda valórica y dogmática particular, de carácter transnacional, promovida por grupos de ultraderecha y conservadores que busca recolocar a las mujeres y a las personas LGBTQ+ en el lugar que estaban, aquel de la subordinación a los hombres, aquel de la ausencia de reconocimientos y derechos.
Por tanto, no podemos caer en el error o en la ceguera de pensar que estas medidas son producto de una falta de confianza, sino que más bien, debemos explicitar que estas son acciones planificadas para restituir un orden social de género particular, profundamente conservador, y que dichas medidas forman parte de una agenda internacional, ya puesta en juego en otros contextos como Estados Unidos, Argentina o Hungría.
Hasta hace unos días atrás muchos pensaban que las acciones de esta nueva Administración no tocarían los avances en derechos sociales; sin embargo, comenzamos poco a poco a observar cómo se busca hacerlo en el SernamEG y en otros organismos públicos. Tendremos que estar atentos a mirar cómo devienen las próximas semanas para saber si la actual ministra de la Mujer comienza a implementar una agenda motivada religiosamente, de tipo conservador y profundamente tradicional en materia de género y derechos.
Todo está por verse, pero, estas señales constituyen ejemplos muy importantes que nos indican que esto recién está comenzando.