La fractura entre Milei y su vicepresidenta se recrudece con acusaciones de golpismo y corrupción
Altos funcionarios cercanos al presidente imputan a Victoria Villarruel por apostar al “fracaso del Gobierno”. Ella asegura que no renunciará
El enfrentamiento entre Javier Milei y su vicepresidenta, Victoria Villarruel, no hace más...
El enfrentamiento entre Javier Milei y su vicepresidenta, Victoria Villarruel, no hace más que escalar. En su discurso de apertura del año parlamentario, mientras insultaba y se burlaba de los legisladores opositores, Milei aludió a una supuesta conspiración integrada por miembros de su Gobierno para intentar destronarlo —y con un gesto poco sutil pareció señalar a Villarruel, sentada detrás de él—. Luego, otros voceros de la ultraderecha explicitaron el señalamiento: acusaron a la vicepresidenta de “golpista”, de ser “funcional a la oposición” y apostar al “fracaso del Gobierno”. Villarruel respondió asegurando que la Casa Rosada busca su renuncia, “pero no se les va a dar”, y cuestionó a la Administración ultra por diversos casos de corrupción.
El domingo pasado, en el Congreso, Milei y Villarruel volvieron a verse cara a cara, después de meses. Cuando no se ignoraron, el tratamiento fue frío y distante, el ritual de los enemigos. Incluso, las cámaras captaron un momento en que la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, hermana del mandatario, quiso bloquear el paso de Villarruel y resultó desplazada por un embate de la vicepresidenta.
Al hablar ante la asamblea legislativa, Milei aseguró que las zozobras que sufrió su Gobierno rumbo a las elecciones de medio término, en octubre último, fueron obra de “opositores y propios” que “soñaron con abrazar el sillón de Rivadavia”, el símbolo del despacho presidencial. Si el movimiento de su cabeza en dirección a Villarruel pudo ser equívoco, las declaraciones posteriores de miembros de su Gobierno despejaron cualquier duda.
“No hay ninguna chance de volver a tener relación con ella. Ya no forma parte del Gobierno”, aseguró después del acto el jefe de Gabinete, Manuel Adorni. Este lunes, el exministro y hoy diputado Luis Petri abundó: “Cuando el presidente habla de aquellos que desde la oposición o desde el Gobierno se relamían por sentarse en el sillón de Rivadavia, claramente, hacía alusión a una vicepresidenta que no estuvo a la altura de las circunstancias”. Y agregó: “Villarruel fue funcional a la oposición”, “apostó al fracaso de nuestro Gobierno y se ofreció como una alternativa [...] estando segunda en la línea de sucesión”. Más tarde, la definió directamente como “golpista”.
La respuesta de Villarruel llegaría en la madrugada de este martes, a través de diferentes mensajes publicados en sus redes sociales. “Eso quieren. Mi renuncia. Pero no se les va a dar. El 10/12/27 hasta esa fecha ocupo con honestidad mi cargo”, se plantó. Al titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, alineado con Karina Milei, lo cuestionó por sus “amplios conocimientos de protocolo, ceremonial y chupamedismo (servilismo)”.
Al diputado Petri, la vicepresidenta lo criticó por su actuación como ministro de Defensa, cargo que ejerció durante dos años, hasta diciembre pasado. “Antes de divagar y comentar como una vecina chusma, debería ubicarse y ver cómo afronta judicialmente lo que parecería ser un desfalco de la obra social de los militares y sus familias”, señaló, en referencia a posibles irregularidades en el Instituto de Obra Social de las Fuerzas Armadas (IOSFA). Un usuario la involucró en la difusión de audios en los que el extitular de la Agencia Nacional de Discapacidad Diego Spagnuolo describe una red de corrupción en la compra de medicamentos. “Lo difícil que debe estar esquivar a los responsables o mencionados por Spagnuolo para meternos a los que nada tenemos que ver”, retrucó Villarruel, dando por ciertas las denuncias que salpican a la cúpula ultra y por las que fueron procesados altos funcionarios y empresarios.
La fractura entre Milei y Villarruel se viene pronunciando desde que asumió el Gobierno. La vicepresidenta se hizo conocida como defensora de los militares acusados por crímenes de lesa humanidad durante la última dictadura y aspiraba a manejar los ministerios de Defensa y de Seguridad, su ámbito. Milei nunca cedió a esas pretensiones y limitó a su compañera de fórmula a la función de cabeza del Senado, el único rol que la Constitución le reserva al vicepresidente. Por su cuenta, Villarruel comenzó a desarrollar una serie de actividades por el interior del país, todo lo contrario a lo que ha hecho Milei, centrado en Buenos Aires y en sus viajes al exterior, en particular a Estados Unidos. En la Casa Rosada, la agenda de Villarruel fue interpretada como una traición, como una apuesta a publicitar su propia figura lejos de Milei.
El quiebre de la relación ya lleva dos años y no parece tener retorno. Su perpetuación siembra una semilla de inquietud en el Gobierno, en el largo camino hacia las elecciones presidenciales de 2027. Villarruel se ha mostrado capaz de dialogar con sectores conservadores del peronismo y su figura reúne apoyos entre sectores de derecha y nacionalistas que no comulgan con muchos aspectos del Gobierno actual. Si la vicepresidenta fuera candidata en los próximos comicios, podría restarle votos clave al proyecto de Milei de buscar su reelección.