Enrique Gómez, la apuesta ultraconservadora al Senado de Abelardo de La Espriella
Aunque es nieto del expresidente Laureano Gómez y sobrino del asesinado exsenador Álvaro Gómez, la cabeza de lista de Salvación Nacional se considera un político libertario que lucha contra el establecimiento
A Enrique Gómez Martínez (Bogotá, 57 años) le molesta que los medios lo identifiquen con la extema derecha. Es una “etiqueta para cancelarlo a uno”, afirma el aspirante al Congreso en su casa en el norte de la capital. A pesar de sus protestas, los analistas usan el calificativo para ubicarlo en el mapa electoral, al igual que a su ...
A Enrique Gómez Martínez (Bogotá, 57 años) le molesta que los medios lo identifiquen con la extema derecha. Es una “etiqueta para cancelarlo a uno”, afirma el aspirante al Congreso en su casa en el norte de la capital. A pesar de sus protestas, los analistas usan el calificativo para ubicarlo en el mapa electoral, al igual que a su pequeño partido llamado Salvación Nacional, y a su candidato presidencial, que aparece de segundo en las encuestas: Abelardo de La Espriella. “Yo lo que soy es un conservador”, afirma el político, un católico que va a misa todos los domingos y carga un rosario alrededor del cuello. No cualquier conservador. Gómez es heredero de dos icónicos políticos del partido que gobernó Colombia durante buena parte del siglo XX: es nieto del expresidente Laureano Gómez, quien dirigió al país entre 1950 y 1953 y representó por años el ala más dura de la agrupación; y sobrino de Álvaro, exsenador y exconstituyente asesinado en 1995, después de fundar un pequeño partido disidente, Salvación Nacional. “Lo que somos es la extrema coherencia”, repite el actual aspirante al Senado cuando lo identifican como un candidato ultra. A casi todos los nueve aspirantes presidenciales que se miden este domingo en una consulta que se ha llamado de la derecha, Gómez los llama “socialdemócratas o socialistas“.
Enrique Gómez carga con las banderas del partido por el que fue senador su papá y tocayo, y que revivió en 2021 con una decisión judicial. Encabeza la lista al Senado, luego de que hace cuatro años esta quedara muy lejos de alcanzar el umbral electoral. Este domingo necesita unos 600.000 votos, cuando hace cuatro años no superó los 35.000. La diferencia es que, en 2022, no contaba con el apoyo de un candidato presidencial fuerte, del que además Gómez es jefe de debate.
― Varios políticos creen que ustedes tienen casi imposible alcanzar el umbral. ¿Qué le dicen sus encuestas internas?
― Casi todas las encuestas me dan que sí lo tenemos, que pasamos de largo. Es difícil proyectar cuánto, pero creemos que podemos llegar a por lo menos cinco curules en el Senado, y al menos cuatro Cámaras son competitivas. Pero la meta de los 600.000 votos la pasamos, algo extraordinario para un movimiento político como nosotros.
― Compiten por votantes con otros partidos de derecha, como el Centro Democrático del expresidente Álvaro Uribe. ¿En qué se diferencian del uribismo?
― Estamos en la misma línea de plantear la necesidad de un retorno a la seguridad, pero nosotros somos más enfáticos en la reducción del tamaño del Estado, creemos que es urgente bajar los impuestos. Y, sobre todo, esta elección también tiene un sentimiento de rabia, la ciudadanía está defraudada de un Estado que no funciona, de un establecimiento político que es una sinvergüencería. Esa misma rabia ciudadana fue la que eligió a Gustavo Petro y puso a Rodolfo Hernández en segunda vuelta [presidencial del 2022]. Abelardo es exitoso en gran medida porque no ha ejercido cargos públicos, viene del sector privado, es creíble como emprendedor. Es una figura nueva, distinta, renovada, que le habla a una sociedad que extraña la seguridad y una ética de los valores, que extraña que el Estado no interfiera en la educación de sus hijos. La ideología de género, por ejemplo, rompe la soberanía de los padres sobre esa educación. Colombia es una sociedad creyente y practicante, pero prohíben la enseñanza espiritual en la red pública.
― ¿Entonces la candidata uribista, Paloma Valencia, representa el establecimiento?
― Representa la falta de posturas. ¿En qué está el Centro Democrático? ¿Queriendo conquistar el voto de los indecisos? Yo no creo que el centro exista, y la ilusión de que se puede buscar una tercera vía de cara a las elecciones del 31 de mayo, no solo no existe, sino que es peligrosa. Quienes están dividiendo el voto son esas personas.
― ¿Cuál es su propuesta principal para el Senado?
― Una reforma a la justicia es indispensable, porque los índices de impunidad de los últimos 50 años son desastrosos. Hay que duplicar el número de jueces, porque tenemos 11 por 100.000 habitantes. Luego, debemos cambiar la Fiscalía, que archiva automáticamente el 75% de las denuncias. Entonces, o cambia, o el poder Ejecutivo responde por la imputación penal. En Estados Unidos el sistema penal acusatorio no depende de la rama jurisdiccional, sino del Ejecutivo, que responde integralmente por la política criminal. Hoy en día el Fiscal General es el funcionario más irresponsable de Colombia. La Fiscalía se politizó, los cargos de investigador especializado se le reparten a las casas políticas.
Aunque es abogado, Enrique Gómez tiene una profunda desconfianza en el sistema judicial. Una desconfianza muy ligada a la experiencia del magnicidio de su tío, tras décadas de que el caso estuviera en la impunidad. “He investigado el caso de Álvaro Gómez y muchos otros magnicidios”, asegura y no cree ni un segundo en la confesión que hicieron en 2020 los antiguos miembros del secretariado de las extintas FARC ante el tribunal de justicia transicional, JEP, cuando aseguraron ser los autores del asesinato. Gómez la llama una “falsa imputación” que busca ocultar a los verdaderos culpables. Cita a dos criminales que parecían tener información, denuncia intentos de obstrucción de la Fiscalía para entrevistarlos directamente, recuerda que un exministro del Interior habló del caso como un crimen de Estado.
“Es un crimen del régimen. A Álvaro lo mataron cuando estaba denunciando las complicidades entre el narco, el sistema financiero, la clase política, la fuerza pública, el poder judicial y el poder político en el marco del proceso 8000″, añade, en referencia a la investigación por ingreso de dineros del narcotráfico a la campaña del entonces presidente, el liberal Ernesto Samper. Esa marca de vida explica que su principal propuesta incluye construir “cárceles más baratas” para los criminales o que no descarte flexibilizar las reglas del porte de armas.
―¿Qué opina de la propuesta de varios candidatos para permitir la venta de armas a ciudadanos?
―En Colombia se ha desconocido un hecho cierto, y es que el porte de armas es disuasor frente al criminal, equilibra las cargas. La criminalidad tiene acceso a toda clase de armamento, incluso mejor que el de la fuerza pública en muchas partes del país. Tiene todo el sentido ese argumento a favor del porte para quien tiene que trabajar en el campo, para el comerciante en un país donde el principal delito es la extorsión. Eso, si el Estado no aumenta el pie de fuerza, si a los jueces no les interesa combatir el crimen, si la Fiscalía tampoco. Pero otros dicen que la venta de armas agravaría la violencia. Yo no creo. La violencia ya está desbordada. El ciudadano que pueda portar un arma registrada bajo su propia responsabilidad produce disuasión y protección personal. No podemos seguir prometiendo al país que ya pronto viene la justicia. No creo en eso: el sistema de justicia colombiano es un sistema de justicia fallido.
Un calificativo político con el que Gómez se siente más a gusto es libertario, por esa corriente ideológica que hoy en día tiene como más notorio referente en Colombia a Javier Milei, presidente de Argentina. Es una posición que busca la casi una nula intervención del Estado en la economía, exige reducir drásticamente la burocracia, y desconfía de las instituciones tradicionales del poder, desde las cortes hasta los medios de comunicación. Como lo hacen Donald Trump o Milei, prefieren la nula moderación del discurso en las redes sociales.
― Colombia se informa por el celular, se entretiene por el celular, hace negocios por el celular, compra, vende, trabaja por el celular. Ese es un universo libertario donde nuestro contenido lo emitimos sin pedirle permiso a nadie, y sobre todo sin pedirle permiso al establecimiento.
― ¿Entonces apoya las propuestas de Milei?
―Creo que tiene puntos muy destacados, sobre todo cuando se trata del micro y medio emprendimiento. Nosotros, en cambio, le hemos impuesto a ese microempresario impuestos costosísimos, las tasas de renta más altas de la OCDE, y un régimen laboral muy inflexible, costoso, que ha reducido el empleo formal. Hay un intervencionismo loco, inútil, un Estado que jode y jode y jode, y no produce valor. ¿Para qué darle más recursos al Estado cuando tenemos todas las evidencias de que es disfuncional?
― Por último, ¿qué posición tiene frente a la sentencia que despenalizó el aborto en 2022?
―Salvación Nacional es un partido que protege la vida del menor por nacer en todas sus etapas, la falta de responsabilidad sobre la sexualidad no justifica la terminación anticipada de la vida. Pues hay que cambiar la Corte, es la misma Corte que dice que son más importantes los derechos de los criminales que de los ciudadanos. La misma Corte que prohibió el agravante punitivo por reincidencia. Ese concepto de que la Corte legisla un día y otro también hay que acabarlo.