Sí está solo
La acusación contra Rocha Moya no es algo que pueda borrar la acción de la Fiscalía. Los señalamientos ya son parte de la vida política nacional y un aspecto emblemático de los gobiernos de la Cuarta Transformación
La suerte de Rubén Rocha Moya es incierta en el mejor de los casos. Desde que fue señalado por tender una emboscada y participar en el asesinato de su enemigo político, todo indica que su futuro no es tranquilo ni halagador. Convertido en la personificación de la narcopolítica a nivel internacional, será difícil ...
La suerte de Rubén Rocha Moya es incierta en el mejor de los casos. Desde que fue señalado por tender una emboscada y participar en el asesinato de su enemigo político, todo indica que su futuro no es tranquilo ni halagador. Convertido en la personificación de la narcopolítica a nivel internacional, será difícil que encuentre con quien tomarse un café. En política la soledad llega de la mano de la mala reputación.
Si la clase política nacional, nacida, crecida y reproducida en el PRI, tardó décadas en representar una variante del crimen, en Morena fue cuestión de unos cuantos años. El caso del exgobernador de Sinaloa es emblemático. De la noche a la mañana se convirtió en un personaje peligroso. No se entendió nunca que la presidenta Sheinbaum lo defendiera a capa y espada. Era evidente que el tipo no generaba ninguna cosa positiva. El clima de inseguridad en la entidad solamente se agravó con su presencia. Mantenerlo solamente generaba costos. Nadie imaginaba que se tendría que ir porque Estados Unidos solicitara formalmente su detención. El paquete de extradiciones requerido por las autoridades estadounidenses coloca al Gobierno de México en un predicamento político —con pruebas débiles o contundentes— de difícil salida. Lo extraditen o no, el clima político nacional se ha enrarecido. Si hace un par de años los gobernadores morenistas firmaban desplegados de apoyo al sinaloense con la consigna: “No estás solo”, hoy nadie ha suscrito nada que signifique respaldo y seguramente están ya borrando las fotos con el sujeto. Rocha Moya está solo porque nadie quiere correr la misma suerte. Apoyarlo significa comprar un pleito con el país del norte.
No es difícil imaginar lo que pasa por la cabeza de los gobernadores morenistas en Estados en los que campea el crimen. El fracaso de Trump en su guerra lo hace voltear a otros lados donde pueda dar golpes de efecto. México es uno de esos objetivos. El presidente norteamericano es elogioso con la presidenta mexicana, pero su discurso ha sido consistente en decir que a este país lo gobiernan los grupos del crimen organizado. Pasó del dicho al hecho y solicitó la detención de la estructura de poder de un estado de nuestra república. El gobernador, el senador, el alcalde, funcionarios de seguridad con nombres y apellidos. Para los estadounidenses no es un asunto de soberanía, sino un tema de crimen internacional.
La acusación contra Rocha Moya no es algo que pueda borrar la acción de la FGR. Los señalamientos ya son parte de la vida política nacional y un aspecto emblemático de los gobiernos de la Cuarta Transformación. Es, quizás, el golpe más duro al morenato y es parte toral de la relación bilateral. La soberbia morenista, usada en lo local para mantener a raya a los adversarios políticos, ha sido un fracaso en la relación con el país vecino. Ellos tienen aquí un embajador activo, aguerrido y que hace política abiertamente a la manera de su presidente. Nosotros tenemos un inútil de embajador allá, estamos a la espera de que nos dejen mandar uno nuevo y el canciller que tenemos se está estrenando con una problemática gigantesca.
Morena atraviesa una crisis de poder. Mucho poder también significa muchos problemas. Es un movimiento con demasiado pasado, aunque ellos se crean nuevos. No hay todavía alguien que haya “crecido” en Morena, todos vienen de otro lado. Por supuesto, hay cuadros jóvenes que se mezclan con la turbiedad del pasado tricolor o con políticos reciclados una y otra vez. Por eso uno puede encontrar en las mismas filas el entusiasmo ideológico de Camila Martínez o la bazofia moral de Javier Corral. En esa olla del descrédito destacan personajes como Rocha Moya, que fue defendido por un presidente y una presidenta, pero que ahora no tiene ningún asidero. Acusación gringa mata liderazgo nacional. Que los gobernadores no lo hayan defendido es simplemente una acción de salvación individual. Nadie quiere que lo sumen al paquete.
Al Gobierno le quedan poco menos de 60 días para definir la situación de los señalados. Por lo pronto, este es un gobierno que usa la sospecha para congelar las cuentas de sus gobernados, pero que no la admite si se trata de extranjeros. Es un gobierno que piensa cobrarse la defenestración de uno de los suyos, acusando de entreguista a la gobernadora de Chihuahua y sacando del baúl el falso discurso de la soberanía que podrá enardecer a los suyos, pero que no tiene ningún efecto político.