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Carlos Salcido, cuando el fútbol mató el hambre

El exjugador, campeón con Chivas y el PSV Eindhoven, protagoniza el documental ‘Destino de guerrero’ sobre su aciaga infancia y su ascenso deportivo

Carlos Salcido recibe un homenaje en el estadio del PSV Eindhoven, en diciembre de 2018.Aaron van Zandvoort (Soccrates / Getty Images)

Carlos Salcido (Ocotlán, Jalisco, 46 años) intentó tres veces cruzar la frontera con Estados Unidos. Siempre hubo un revés que le impidió cruzar el desierto para tener una nueva vida. Quería hacer lo que ya habían logrado tres de sus siete hermanos porque en casa no había comida. Cuando era adolescente, su madre falleció debido a un cáncer. Así que las cosas se apretaron. Su padre cayó en la espiral del alcoholismo. “Buscábamos la forma de comer”, cuenta el exjugador en el documental que relata su trayectoria deportiva, Destino de guerrero (2026).

Salcido y su hermano jugaban con un amigo en común a las escondidas. El exfutbolista insistía en este juego porque así podía aprovechar para esconderse en la cocina y tomar unas cuantas manzanas, o lo que encontrara. “Buscábamos la forma de decir que tenías hambre sin decirlo”, cuenta. Salcido dejó su natal Ocotlán para mudarse a Guadalajara. Su primer trabajo en la capital tapatía fue lavar coches. Con el tiempo, tuvo que dejarlo porque la humedad en las botas que usaba ya le generaban llagas. “Mis pies se echaban a perder”, explicaba el exjugador. Esos pies terminarían convirtiéndose en uno de los más valiosos para el fútbol mexicano.

“El fútbol me quitó el hambre”, dice en el documental dirigido por Gonzalo Lamela. Pasó de ver los partidos de las Chivas en el ático del Estadio Jalisco a ser uno de los grandes exponentes del fútbol mexicano. Salcido recuerda que todo empezó gracias a un partido al que le invitaron. Él no llevaba botines de fútbol, ni shorts, mucho menos espinilleras. Llevaba camisa, unos pantalones de mezclilla y zapatos. Se arremangó los vaqueros y se quitó la camisa. Así sorprendió a los visores del Guadalajara.

Debutó en 2001, regresó a Segunda División y volvió con más fuerza para establecerse como titular en 2004. Poco después recibió su llamado a la selección mexicana gracias a Ricardo La Volpe. Su nombre se hizo global cuando jugó la Copa Confederaciones y, en especial, en un partido contra Argentina en la que su banda izquierda era una pista de Fórmula 1.

La trayectoria de Carlos Salcido se acrecentó cuando fue fichado por el PSV Eindhoven y, meses después, se coronó campeón. La afición se enamoró de su “amigo Salcido” y aún le recuerdan con alegría. En 2018 fue homenajeado por el club como uno de sus grandes referentes. El exlateral izquierdo también tuvo un paso por el Fulham de la Premier League y Tigres antes de regresar a casa con las Chivas. Como rojiblanco ganó la Copa MX y la Liga MX, títulos que le consagraron como ídolo.

Otro de sus grandes logros es el de haber ganado la medalla de oro de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 con la selección mexicana. Jugó tres Copas del Mundo (2006, 2010 y 2014). No por nada es considerado por la afición y por la Federación Mexicana de Fútbol un referente. Días antes de que se estrenara Destino de guerrero, Salcido fue ovacionado en el juego de leyendas entre México y Brasil.

El documental, contado en dos líneas de tiempo paralelas, detalla también el momento en que fue inducido al Salón de la Fama del fútbol en 2024 como uno de los exjugadores más jóvenes. Compartió generación con el artista del balón Juan Román Riquelme. “No tengo una vida tan sencilla y, a veces, es difícil desnudarte un poquito“, contó el exjugador tras el estreno en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara.

Hoy, Salcido intenta enfocarse en la formación de los jóvenes, una tarea mal pagada en México. Intenta devolverle al fútbol lo que aprendió, sufrió y forjó. Sin decirlo, el exfutbolista busca encontrar a esos Salcidos que viven una situación vulnerable y que tienen, en los pies, la llave para cambiarlo todo.

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