Sheinbaum toma el control de Morena
La presidenta impulsa el cambio en la dirigencia del partido oficialista con dos dirigentes de su lealtad, Ariadna Montiel y Citlali Hernández, y pone fin a la atribulada gestión de Luisa Alcalde y Andrés López Beltrán
Cambio de rumbo en el nuevo partido hegemónico de México. La presidenta, Claudia Sheinbaum, ha completado una serie de jugadas políticas que le garantizan el control de Morena, el partido oficialista, creado en su día a imagen y semejanza de Andrés Manuel López Obrador. En un movimiento que era un secreto a voces los últimos meses, ha puesto fin a la atribulada gestión de dos dirigentes jóvenes y poco experimentados, como Luisa María Alcalde, presidenta del partido, y Andrés Manuel López Beltrán, secretario de Organizacióm e hijo del exmandatario, que llegaron a la dirigencia en septiembre de 2024. Sheinbaum ha decidido poner a la cabeza de la formación guinda a Ariadna Montiel, una de las funcionarias más cercanas a la mandataria y hasta ahora titular de la poderosa Secretaría de Bienestar, que opera los programas sociales del Gobierno, según ha confirmado EL PAÍS de fuentes en el partido y el gabinete federal. La maniobra completa un movimiento de piezas que comenzó la semana pasada con la renuncia de Citlalli Hernández a la Secretaría de las Mujeres y su posterior incorporación al partido como titular de la estratégica Comisión de Elecciones y Alianzas.
La intervención de Sheinbaum en Morena tiene la finalidad de poner orden en la formación que fundó López Obrador de cara a la gran elección intermedia de 2027. La mandataria rompe con esto la prudente distancia que había mantenido respecto del partido desde que tomó posesión del Ejecutivo. A Sheinbaum le importa mucho que Morena llegue a la cita electoral con candidatos óptimos y con alianzas fuertes con los socios políticos del oficialismo, el Partido del Trabajo y el Partido Verde, de acuerdo con personas al tanto de los preparativos de la contienda. Esas dos condiciones escapaban de las manos de los actuales dirigentes, Alcalde y López Beltrán, que arrastran entre ellos un pleito personal que ha afectado la preparación del partido para los comicios.
La elección del próximo año es crucial para el bloque gobernante, que ante todo busca retener la mayoría calificada en la Cámara de Diputados que le ha permitido aprobar cambios a la Constitución sin mayor trámite. Además de eso, se juega varias gubernaturas y cientos de cargos en Congresos locales y ayuntamientos. Sheinbaum tiene presente la gran derrota en la elección intermedia de 2021, cuando, mientras ella era jefa de Gobierno de Ciudad de México, el oficialismo perdió la mitad de la capital. El desastroso resultado se explicó en parte por la decisión de la mandataria de no gestionar el partido y el gobierno al mismo tiempo; su ausencia, sin embargo, no se compensó con un liderazgo fuerte que condujera la operación política de Morena a nivel local.
Aún falta que Montiel presente su renuncia formal a la Secretaría de Bienestar, aunque ya comunicó a sus colaboradores cercanos el enroque. Para concretar su compleja jugada de ajedrez, Sheinbaum ha sacado del cargo a Esthela Damián, actual consejera jurídica presidencial, para que ese lugar lo ocupe Alcalde, que es abogada de formación, tras dejar la dirigencia partidista. Damián buscará postularse como abanderada de Morena al Gobierno de Guerrero, de donde es originaria. Por su parte, López Beltrán aún se debate entre buscar una candidatura y retirarse de la política.
A lo largo de varios meses Sheinbaum se mantuvo al margen de la bronca entre Alcalde y López Beltrán, pero ha decidido dar un golpe de timón y enderezar el rumbo de la formación justo cuando comienzan las negociaciones internas para la definición de las candidaturas. La designación de Citlalli Hernández tuvo el objetivo de cuidar ese proceso; específicamente, que las posiciones en la boleta electoral no se negocien por debajo de la mesa y que se ponga freno a la influencia de los gobernadores y los líderes parlamentarios en la selección de los aspirantes.
La llegada de Hernández a la dirigencia también ha tenido la finalidad de subsanar la relación de Morena con el PT y el PVEM, que ha quedado muy lastimada tras la presión a que los sometió el oficialismo para que aprobaran la reforma electoral que proponía Sheinbaum, que los aliados consideraban muy dañina para ellos mismos. Los dirigentes petistas y pevemistas llevaron a la mandataria sus reclamos por lo que consideraban malos tratos e imposiciones de parte de Alcalde. El desgaste llevó a la alianza oficialista al borde de la ruptura y, por lo pronto, propició que cada partido perfile a candidatos propios en varios cargos de elección, lo que pone en riesgo el dominio del bloque gobernante en el Congreso y en los Estados que ya controla políticamente. La presidenta tomó nota de las quejas y encomendó a Hernández fungir como interlocutora con los aliados incluso desde semanas antes de enviarla formalmente a la cartera de elecciones en Morena.
El movimiento de Ariadna Montiel también resulta crucial. La secretaria tiene a su cargo el poderoso ejército de Servidores de la Nación, los funcionarios que visitan puerta por puerta a los ciudadanos para inscribirlos en el padrón de beneficiarios de ayudas sociales. La gran mayoría de esos servidores públicos proviene de las filas de Morena; de hecho, en periodos electorales, han trabajado como promotores del voto de los candidatos oficialistas. Por ello, la oposición ha lanzado sus mayores críticas a esa estructura difusa entre partido y Gobierno.
Montiel fue fichada en la Secretaría de Bienestar por López Obrador. Fue de las pocas funcionarias que repitieron cartera en la Administración actual. Montiel se ganó la confianza de Sheinbaum por haberla apoyado en la interna morenista en la que se disputó la candidatura presidencial y la sucesión de López Obrador. Los aspirantes oficialistas protagonizaron una encarnizada contienda que llevó al partido a una de sus mayores crisis internas. Uno de los aspirantes, Marcelo Ebrard, denunció en su momento la presunta intromisión de Montiel y de su ejército de Servidores de la Nación para favorecer a Sheinbaum. Esta denuncia nunca se esclareció; Ebrard bajó el tono de sus reclamos y se integró al gabinete de Sheinbaum como secretario de Economía.
La presidenta ha hecho sus enroques del Gobierno a la dirigencia morenista con discreción y los ha operado personalmente con todos los involucrados, de quienes ha reconocido sus méritos en sus respectivos encargos, a decir de las fuentes consultadas. Estas refieren que Sheinbaum había planeado que el recambio de Montiel fuese también la semana pasada, junto al de Hernández, pero Alcalde mostró reservas a que los movimientos ocurrieran de un plumazo. La mandataria ha completado el cierre de pinza con la intención de ya no preocuparse por el partido y ocuparse de lleno en gobernar.