La Mancha
La presidenta de México cruza el Atlántico para limpiar una mancha necia que trató de empañar la relación polifacética entre México y España
Celebro como alivio que la presidenta de México haya cruzado el Atlántico para limpiar una mancha necia que intentó empañar la inquebrantable relación polifacética entre México y España. Ha triunfado la razón sobre la sinrazón, el sentido común sobre la estulticia y una col...
Celebro como alivio que la presidenta de México haya cruzado el Atlántico para limpiar una mancha necia que intentó empañar la inquebrantable relación polifacética entre México y España. Ha triunfado la razón sobre la sinrazón, el sentido común sobre la estulticia y una cola de caballo Rocinante sobre las babas de Babieca. El viaje inicia la higiene que exige la templanza y la fría realidad que impone la cordura: al parecer la calentura oportunista de enviar cartita con exigencias trasnochadas de soberbia populista no sólo metió en un brete al cartero (que intentó contactar con un Habsburgo en palacio de Borbón) sino al esquizofrénico remitente de la misiva (hoy ocioso en hamaca) que reniega de sus raíces cantábricas exagerando la lengua mocha del trópico.
El viaje trasatlántico es además una mancha invaluable en el espejo de estos tiempos aciagos. Ya que el obispo de Roma ha definido con valentía y serenidad de que la amenaza del Armagedón reposa en manos de tiranos mentirosos, pederastas y pútridos, celebro la iniciativa de España de reunir a quienes se inclinan por un alivio democrático (con bemoles y tropiezos) pues sabemos que la democracia es un gerundio difícil de conjugar, pero al menos por hoy se eleva como estandarte multicolor contra el lábaro negro y ridículo de la imbecilidad e ignorancia asesina. Contra aciagos, aliados. Contra idiota que cita a Tarantino como si fuese Evangelio y el imbécil mitómano incurable que desdice al instante todo lo que dice y contra el mofletudo falso rabino que extiende las garras de seis dedos sediento de ejecutar él mismo los sinónimos horrores que azotaron a sus ancestros… contra toda esa límpida Maldad, celebro la mancha multicolor de quienes intentan hoy mismo vengar la batalla perdida del Quijote ante Sansón Carrasco en las playas de Barcelona.
Durante no pocas semanas una mancha de petróleo negro y espeso envenena las aguas del Golfo de México (que no de América) y celebro que hoy se han aclarado las diversas mentiras con las que el gobierno de México intentó negar la mancha. Dijeron oficialmente que se trataba de un derrame siniestro provocado por un barco fantasma, de bandera neoliberal y capitán con pata de palo y parche en el ojo; la innombrable gobernadora de Veracruz aseguró que se sólo se trataba de “unas cuantas gotas” que en realidad no justificaban la mancha que fue atacada por heroicos ciudadanos que intentaron limpiar la mancha que de todas maneras permea a la administración pública: la cíclica, cotidiana e incurable mancha de la mentira.
Ha mucho tiempo que vivo convencido de que La Mancha escrita por Cervantes como comarca de ensueño donde hubo un lugar de cuyo nombre no quiso acordarse es probablemente la Mancha geográfica donde he soñado en Consuegra y llorado El Toboso, donde me heló el calor de Puerto Lápice y mis hijos me confundieron con gigante allí en la cuna de una cupletista… pero desde hace muchas lecturas anuales de esa la mejor historia jamás contada vivo y leo convencido de que Cervantes hizo no más que un supremo juego de palabras, pues también se refiere a “la mancha tipográfica” que los antiguos impresores y los modernos programas de diseño editorial llaman “la Caja”.
Sancho y Quijote, sobre rucio y Rocinante se salen de la geografía palpable de La Mancha, pero también de la mancha tipográfica. Son personajes que se saben impresos… ¡Siglos antes de la realidad virtual y de la rosa púrpura del Cairo! ¡Siglos antes de Seinfeld y de los juegos electrónicos! Nuestros héroes y modelos se salen de la página para leerse como espejos y al hacerlo aún a riesgo de locura inexplicable se empeñan en mejorarnos pues luchan contra todo Mal, procuran ayudar a los menesterosos, vuelven reinas y emperatrices a todas las musas que lo merecen y en desfacer entuertos y partir una lanza por el Bien de todos nos dejan un aliento invaluable en la saliva de la voluntad: leer… leer que es soñar… soñar por escrito y en verbo callado ante la nebulosa ingrata de quienes no saben leer ni una sola nube ni una sola sonrisa de niña y ni la mínima mancha de esperanza que enaltece el blanco paño del Bien.