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El Mencho, la figura clave de la gran crisis del narcocorrido

El bajo perfil del capo ha sido inspiración recurrente para los artistas del género. Su imagen, proyectada durante un concierto de Los Alegres del Barranco, prendió la enésima polémica en la variante musical

Los Alegres del Barranco durante un concierto en Colima, en marzo de 2025.RR SS

Suena el acordeón y Ernesto Barajas lanza las primeras letras de ¿Van a querer más?: “Yo soy el patrón en la región del Nuevo Cartel Generación […] En todo Jalisco y en Guanatos [Guadalajara] manda el Mencho”. El narcocorrido de Enigma Norteño, de 2016, es uno de los primeros en recoger la vida criminal de Nemesio Oseguera, El Mencho, el poderoso capo abatido el pasado domingo en Jalisco. Oseguera supo moverse en vida con el perfil bajo de los narcos que buscan evadir la justicia a toda costa. Y los corridos han dado cuenta de ello. El género ha tratado la imagen del capo como la del gran líder del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), sin ahondar en peripecias personales: lo menciona, pero no lo describe. Con todo ello, ha logrado formar parte central del corrido, hasta suponer el gran catalizador de su última gran crisis.

¿Van a querer más? describe al capo como una figura desafiante a las autoridades, con poder económico, fiestero y con mano en el narcotráfico. “Tuve mis motivos por la bronca en Guachinango”, justifica el tema, en relación al ataque contra un convoy que dejó al menos cuatro militares muertos en el municipio jalisciense en 2014. Esa narración específica del capo será algo inusual en los futuros corridos sobre el capo, marcados por descripciones más corporativas. “Los carteles son empresas y los corridos forman parte de esa estrategia de publicidad, de legitimación. […] El objetivo nada más es posicionar, decir ‘este es el jefe y todos giramos en torno a él’, pero aquí lo que impera es la empresa, la marca”, explica Luis Omar Montoya Arias, historiador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS).

El corrido es un género acostumbrado a narrar historias extraoficiales, muchas veces por encargo, y ha sabido amoldarse históricamente a su contexto. Ejemplo de ello son los corridos alterados, una variante que hablaba de la violencia cruda en los años de la guerra contra el narco impulsada por el Gobierno de Felipe Calderón (2006-2012); o los corridos tumbados, una muestra del impacto de la cultura urbana en los corridistas actuales. El año en que surge ¿Van a querer más? no es casualidad. Estados Unidos agregó al Mencho en su lista de fugitivos más buscados en 2016 y desde entonces empieza a ganar presencia en el género musical. “Ese corrido en su momento fue totalmente disruptivo. A través del mismo, este grupo criminal mandó un mensaje de una amenaza al Gobierno federal”, apunta Montoya Arias.

A mediados de 2024, Joaquín Guzmán López, hijo de Joaquín El Chapo Guzmán, entrega a uno de los históricos socios de su padre en el Cartel de Sinaloa, Ismael El Mayo Zambada, a las autoridades de Estados Unidos, en un movimiento que también supone su rendición ante Washington. El suceso provoca un fuerte enfrentamiento entre las facciones de Los Mayos y Los Chapitos, lo que lleva al debilitamiento de su estructura criminal. El CJNG aprovecha esa situación para tratar de agrandar su músculo en el país. Y en diciembre de 2024, Estados Unidos ofrece 15 millones de dólares por el Mencho.

Del sombrero ranchero al lujo hedonista

La violencia desplegada desde entonces en Sinaloa, cuenta el historiador, explica el auge de las canciones dedicadas al CJNG en corrientes como el corrido bélico, una variante que ha tomado impulso apoyada en el bum de los tumbados. Exponentes del género como Peso Pluma, Natanael Cano o Luis R. Conriquez han aludido a la figura del Mencho y su grupo criminal en los últimos años, al que referencian como El señor de la M o El señor de los gallos, por su conocida afición a la pelea de estos animales. Montoya Arias añade que esa inseguridad también ha llevado a que muchos artistas trasladen su residencia de la rural ciudad de Culiacán, Sinaloa, a Guadalajara, Jalisco. “Ante ese escenario de violencia, los grupos no pueden trabajar, no pueden hacer presentaciones en vivo y, evidentemente, en una situación como esa no se van a poner a componerle corridos ni a un lado ni a otro”, explica. Y continúa: “Al final los músicos presentan un circuito económico, tienen que comer. ¿Qué hicieron? Se movieron de lugar”.

La migración de artistas también ha catapultado la tendencia que viene de la cultura urbana: el paso del artista con sombrero ranchero al de la gorra con visera plana y el gusto por los lujos. “Tiene una visión mucho más idílica sobre la vida y sobre la manifestación hedonista. El mayor porcentaje artístico que refiere al Cartel Jalisco está situado sobre estos cantantes modernos, morros que conectan con los jóvenes”, desarrolla.

El Mencho vuelve a copar los titulares en marzo de 2025 por un corrido. La aplaudida proyección del rostro del capo durante un concierto de Los Alegres del Barranco en Guadalajara puso al género en el centro de la polémica. La agrupación entonaba entonces El del palenque, un narcocorrido que exalta la figura del líder del CJNG: “Soy el señor de los gallos, el del cartel jalisciense”. El Gobierno federal negó entonces que planearan prohibir el género, pero algunas autoridades estatales y locales impulsaron fuertes multas para tratar de rebajar el eco de un género que, defienden, lleva a la violencia. Estados Unidos comenzó a cancelar las visas de trabajo de varios de estos músicos. En agosto de ese mismo año, la Justicia estadounidense condenó a cuatro años de prisión a Ángel del Villar, dueño de la disquera DEL Records, referente en el género, por hacer negocios con un promotor vinculado al grupo criminal.

Aunque las alusiones a la violencia han continuado en algunas canciones, la muerte del Mencho deja un nuevo vacío en el narcocorrido, el género acostumbrado a llevar las historias del crimen organizado a la épica. “Seguramente el corrido va a seguir vigente a través de personajes como Natanael [Cano] o los morros de los corridos tumbados. Pero puede que se concentren más en una narrativa ficcional, de una vida hedonista, de placer”, reflexiona Montoya Arias.

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