Honduras elige entre la continuidad de Moncada; Nasralla, el abanderado contra la corrupción; y Asfura, el apadrinado de Trump
La campaña electoral ha estado plagada de insultos y acusaciones de fraude y con muy poco énfasis en propuestas concretas para aliviar los graves problemas del país: la pobreza, la violencia y la impunidad
La presidenta de Honduras, Xiomara Castro, podría entregar la banda presidencial por primera vez en la historia de este país centroamericano a otra mujer, Rixi Moncada, candidata del oficialista Libre. Esa es la apuesta del Gobierno en una elección muy reñida, en la que Moncada parte como segunda favorita, según las encuestas, aunque con un estrecho margen de diferencia frente a Salvador Nasralla, el aspirante del Partido Liberal. En un tercer lugar está Nasry Asfura, exalcalde de la capital, Tegucigalpa, y abanderado del conservador Partido Nacional. Los hondureños tendrán que elegir entre la continuidad que representa Moncada o un giro a la derecha en una elección plagada de insultos y acusaciones de fraude.
De lo que menos han hablado los candidatos, según los analistas consultados en Tegucigalpa, es de propuestas concretas para aliviar la pobreza que aflige a millones de habitantes de este pequeño país, así como la violencia, el narcotráfico y la impunidad que beneficia a funcionarios, políticos y empresarios que han ordeñado la de por sí flacas arcas de un Estado en perpetua crisis. “La campaña electoral no ha estado amarrada de propuestas técnicas con fuerza y como lo merece el pueblo hondureño. Ha sido la sociedad civil la que ha tomado el rol que le corresponde a los partidos políticos y ha sentado a los candidatos y les ha exigido que se fijen en propuestas que le interesan a la población, como el tema de la lucha contra la corrupción”, explica Cristian Nolasco, especialista en auditoria social del Consejo Nacional Anticorrupción. Estas son algunas de las propuestas que los candidatos han hecho a lo largo de una campaña crispada.
Rixi Moncada, la “heredera” del movimiento del golpe contra Zelaya
Rixi Moncada se presentó en la mañana del sábado en la sede del Partido Libertad y Refundación (Libre) para dar un último mensaje en las cruciales horas previas a la elección. La candidata se mostró como la heredera del movimiento político que surgió en 2009, tras el golpe de Estado que destituyó al entonces presidente Manuel Zelaya, quien a golpe de botas militares fue enviado en pijama a Costa Rica. Moncada recordó que de aquel matonismo militar surgió un “poderoso y valiente partido de resistencia”, que ahora moviliza a 30.000 “colectivos” a nivel nacional, afirma, garantizar la seguridad del voto. Moncada, exministra de Hacienda, ha afirmado que solo reconocerá los resultados que arrojen las actas de votación, porque duda de los datos del llamado Sistema de Transferencia de Resultados Preliminares (TREP), que podría arrojar los primeros números del recuento a las 21 horas del domingo.
Moncada ha centrado su campaña en acusar a sus adversarios de formar un narcoestado en Honduras, en referencia al expresidente Juan Orlando Hernández, condenado a 45 años de prisión en Estados Unidos, por sus vínculos con el crimen organizado. El presidente estadounidense Donal Trump ha generado un sismo a horas de la elección al informar que indultará a Hernández, una medida que pretende influir en el resultado de la votación. “Hoy el bipartidismo quiere volver, pero como sus dos títeres no han dado el ancho, lo que ha hecho la oligarquía, los 25 grupos económicos y las 10 familias, es salir corriendo a Washington para que le perdonen a su capo principal. Están derrotados. No volverán”, dijo Moncada en referencia al poder que un pequeño grupo económico tiene en el control de la política y la institucionalidad en el país.
Las propuestas de Moncada se han basado en una continuidad de la agenda social de la presidenta Castro, con un aumento en el gasto público. Ha denominado su agenda como la “democratización de la economía”, centrada en el acceso a créditos con bajos intereses, pero también ha propuesto una necesaria reforma fiscal para hacer que los mayores capitales paguen más impuestos en un país necesitado de infraestructuras. “Se trata de una democratización para que la riqueza le llegue a todo el pueblo hondureño. El pueblo votará por continuar un proyecto de vida que define su destino y su camino en la próxima década”, explicó Moncada.
Salvador Nasralla, el “señor de la tele”, abanderado contra la corrupción
Salvador Nasralla intenta de nuevo cumplir su sueño de ser presidente. El presentador de televisión de familia con orígenes libaneses llega a esta elección como abanderado contra la corrupción de las élites políticas y empresariales que han desfalcado al Estado hondureño, con casos como la corrupción al sistema de seguridad, que les costó a los hondureños más de 200 millones de dólares o el proyecto de infraestructura conocido como Trans-450, un metrobús para Tegucigalpa que nunca se terminó, pero costó a las arcas públicas 150 millones de dólares. Nasralla ha intentado convencer al electorado de que él no forma parte de la clase política tradicional y que su elección representará una nueva forma de gobernar más “limpia”.
“Estoy preparado para gobernar y para servir con transparencia, firmeza y capacidad”, dijo en la noche del viernes en un mensaje desde la sede del Partido Liberal, unas horas después de que Trump anunciara el indulto al expresidente Hernández. “En varias ocasiones le han robado a ustedes, mis compatriotas, el deseo legítimo de verme gobernando Honduras. Todos sabemos quiénes fueron, los que saquearon el seguro social, mientras miles de hondureños morían sin medicina”, agregó vestido con una camiseta con la leyenda JOH nunca más. Nasralla espera que ese discurso contra el robo del dinero público cale en el electorado y se decante por él. Las encuestas le dan una mínima ventaja de dos puntos frente a Moncada.
Antes del endorso de Trump a Asfura, Nasralla buscó con desesperación el apoyo de Washington. Algunos de sus guiños a la Casa Blanca fueron prometer un fortalecimiento de las relaciones con aquella potencia y una política de mano dura contra el crimen al estilo de Nayib Bukele en El Salvador. También ha prometido una reducción del gasto público en un país donde la población sobrevive con enormes carencias, y relajar las leyes laborales en beneficio de la clase empresarial.
Nasry Asfura, el “papi a la orden”, apadrinado por Trump
Nasry Asfura, que proviene de una familia de origen palestino, ganó fama entre los hondureños de político eficiente durante su mandato como alcalde de Tegucigalpa, debido a que impulsó varios proyectos de infraestructura urbana como calles en una ciudad donde los pasos de cebra peatonales son algo exótico, mejoramientos viales y obras de servicios públicos. Es el abanderado del conservador Partido Nacional, organización que no ha logrado desmarcarse de los escándalos de corrupción del exmandatario Hernández y los vínculos de sus políticos con el crimen organizado. Asfura ha intentado desligarse de ese pasado ominoso, pero durante la campaña sus contrincantes no han dejado de recordarlo.
Las encuestas lo ubican en un tercer lugar, pero Asfura espera que el espaldarazo de Trump mejore su desempeño el día de la elección y pueda lograr la Presidencia. El candidato, que se hace llamar en la red social X Papi a al orden, no perdió ni un minuto para explotar ese apoyo: desde que Trump lo apoyó con su verborrea incendiara (llamó comunistas a los otros candidatos), Asfura ha colgado en las redes fotos suyas al lado del republicano y el argentino Javier Milei, quien también lo ha endosado. Los analistas consultados afirman que la parte del electorado que se proclama independiente repudia al Partido Nacional por los escándalos de corrupción y por su cercanía con la élite económica, cuyos intereses protege. De hecho, Asfura ha prometido reformas económicas para atraer a inversionistas extranjeros, pero también ha dicho que fortalecerá las fuerzas armadas de un país que aún sufre las heridas del golpe de Estado de 2009.