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La patria milagro

Abelardo de la Espriella presenta su propuesta de seguridad, la Autoridad Democrática, una reinvención de la Seguridad Democrática de Álvaro Uribe, y se cimienta en dos premisas que tiñeron al país de rojo: bombardeos y fumigación

Desde el día en que Abelardo de la Espriella se anunció como enemigo acérrimo de la izquierda y aseveró que “hará todo lo posible para destriparlos”, se sabía cómo estaría encaminado el plan de gobierno que empieza a revelar y que, en materia de seguridad, responde a intereses particulares y carece de un análisis profundo del estado actual del conflicto, la reconfiguración de la guerra, el nuevo ciclo de violencia y las demandas de las comunidades asentadas en territorio.

“Necesitamos un Plan Colombia 2” aseveró el candida...

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Desde el día en que Abelardo de la Espriella se anunció como enemigo acérrimo de la izquierda y aseveró que “hará todo lo posible para destriparlos”, se sabía cómo estaría encaminado el plan de gobierno que empieza a revelar y que, en materia de seguridad, responde a intereses particulares y carece de un análisis profundo del estado actual del conflicto, la reconfiguración de la guerra, el nuevo ciclo de violencia y las demandas de las comunidades asentadas en territorio.

“Necesitamos un Plan Colombia 2” aseveró el candidato en la reciente entrevista que dio a Noticias Caracol, luego de explicar que en su gobierno se combatirá a la “narcoguerrilla” en alianza con los Estados Unidos e Israel, dos de los Estados con mayores cifras en rojo en protección de Derechos Humanos, infractores del Derecho Internacional Humanitario y responsables, recientemente, de la planeación, ejecución y perpetuación del genocidio en Gaza.

De igual forma, el candidato aseguró que no habrá procesos de paz y que los bombardeos y la fumigación son eje central de su política. Esta visión ha sido históricamente acompañada y sostenida desde la Casa Blanca, cuyas políticas —como el body count— han sido perjudiciales para el país y han ido en detrimento de la seguridad y del buen vivir de los colombianos. Basta recordar la dolorosa cifra de, al menos, 6.402 personas asesinadas extrajudicialmente por integrantes de la Fuerza Pública, cuyo pico máximo está en periodo de la Seguridad Democrática que el candidato pretende emular.

Anhelar un Plan Colombia 2 no es otra cosa que desconocer la realidad política, económica y de seguridad del territorio nacional, es rechazar las sentencias de las Altas Cortes, hacer caso omiso a los informes de derechos humanos de ONG nacionales e internacionales y no tener en cuenta los balances proferidos por los dos sistemas de justicia transicional que ha tenido el país. Tal como documentó la Comisión de la Verdad, el Plan Colombia profundizó una respuesta centrada en la capacidad bélica del Estado, privilegiando los resultados operacionales —bombardeos, erradicación forzada, control territorial— sobre la transformación de las condiciones estructurales del conflicto. Esta arquitectura de guerra no desmontó las economías ilegales ni las redes de poder local que sostenían la violencia; por el contrario, incrementó el desplazamiento forzado, persistieron las graves violaciones a los derechos humanos y cimentó la fragmentación progresiva de la guerra, cuyos efectos vemos dos décadas después.

En el nuevo ciclo de violencia que atraviesa el país, la insistencia en los bombardeos como eje de la política de seguridad revela un profundo desconocimiento del plano operacional y de las normas internacionales de protección a niños, niñas y adolescentes. En territorios donde el reclutamiento forzado es sistemático y conocido por el Estado, la apelación a la “inteligencia precisa” no elimina el riesgo: lo normaliza.

La evidencia reciente demuestra que los bombardeos ya no alteran de forma estructural la correlación de fuerzas ni el curso de la guerra, pero sí incrementan la exposición de la niñez reclutada a operaciones de alto riesgo, aun cuando existen Alertas Tempranas de la Defensoría del Pueblo, reportes de entidades territoriales e Informes de Naciones Unidas. Presentar esta realidad como un “sofisma de la izquierda” no solo desconoce el DIH, sino que desplaza la responsabilidad estatal y convierte el asesinato de niños, niñas y adolescentes en “daño” colateral que debemos aceptar.

Las propuestas del candidato son, en últimas, la entrega de la soberanía a los Estados Unidos y al Estado de Israel – sus dos grandes aliados en materia de seguridad-, es la claudicación ante dos potencias mundiales que han hecho de la seguridad y defensa su arma de ataque contra sus propios nacionales y otras naciones. A su vez, es la concesión de los recursos naturales, como ha ocurrido en épocas anteriores y como ahora mismo pasa en Argentina, cuyo presidente Javier Milei, es orgullo y ejemplo para el candidato colombiano.

La lectura no responde al país que hoy existe, sino al país que algunos se empeñan en revivir y que tantos muertos y víctimas ha costado. Reproduce una idea de guerra que no explica la violencia actual, insiste en herramientas que no han transformado el control territorial y asume como inevitables los costos humanos que el Estado está obligado a evitar.

Esos mismos ejes de campaña destapan una realidad inobjetable: el candidato De la Espriella no conoce al país que quiere dirigir. Su visión sobre el conflicto armado es obsoleta, está llena de lugares comunes que justifica en su creencia en la paz a través de la fuerza y las armas, como si 60 años de guerra y más de 10 millones de víctimas no fueran suficientes para reencauchar el viejo discurso de la Seguridad Democrática de la cual ya conocemos sus resultados: ejecuciones extrajudiciales, capturas masivas, persecución política, desplazamientos forzados y exilio.

A esto se suma que los ejes de campaña no ofrecen un análisis honesto de las trasformaciones y nuevas dinámicas del conflicto armado, repite instrumentos fracasados, desconoce los impactos humanitarios y evade las responsabilidades históricas que el Estado está asumiendo ante las víctimas tanto en la justicia transicional como por las sentencias de tribunales internacionales.

Lo hasta ahora expuesto por la campaña, lejos de resolver las causas estructurales del conflicto armado son la entrega de la soberanía a agentes y Estados externos para que administren bajo mano propia y en detrimento del bien común la seguridad. Una realidad que de patriotismo poco y nada tiene.

@A_CelisR

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