España: el descongelamiento de Sheinbaum
Más allá de normalizar la relación bilateral, la delegación mexicana en Barcelona ve este viaje como una oportunidad de trabajar en contra del aislamiento del país en Latinoamérica
En su biografía de Humboldt, Andrea Wulf refiere cómo el naturista alemán confiaba de forma casi sobrehumana en que los científicos de dos países en guerra se las arreglarían para seguir colaborando a pesar de las hostilidades. Algo parecido ha ocurrido entre México y España con la distancia por la disculpa exigida por Andrés Manuel López Obrador: ...
En su biografía de Humboldt, Andrea Wulf refiere cómo el naturista alemán confiaba de forma casi sobrehumana en que los científicos de dos países en guerra se las arreglarían para seguir colaborando a pesar de las hostilidades. Algo parecido ha ocurrido entre México y España con la distancia por la disculpa exigida por Andrés Manuel López Obrador: la centenaria relación se las apañó para seguir.
De cualquier manera, el viaje que en las próximas horas emprende la presidenta a Barcelona no solo reavivará la relación con España, sino que reinscribirá a México en foros internacionales, podría acelerar lazos con la Unión Europea y permitir un reposicionamiento mexicano en América Latina.
Lo primero destacable de la gira de la presidenta Claudia Sheinbaum es el hecho mismo de su salida del país, con lo que marca un estilo no solo diferente, sino contrastante con el de su predecesor. Y que el viaje sea a España, que desde marzo de 2019 recela por la demanda de López Obrador a que la Corona reconozca abusos en la Conquista, es aún más simbólico.
Por el impasse que provocó esa solicitud de López Obrador, el monarca español no fue invitado a la toma de posesión de Sheinbaum en octubre de 2024. Ahora, con su visita, ella abre una ventana que refresca una de las relaciones más importantes de México.
Sin embargo, la presidenta ha querido de antemano despresurizar el peso de esta visita. Este lunes en la mañanera se dedicó a señalar todas las facetas bilaterales que de forma normal funcionaron en las relaciones hispanomexicanas.
“Nunca se ha roto la relación diplomática con España (…) desde que redactó aquella carta el presidente López Obrador al rey de España, las relaciones diplomáticas continúan, las relaciones comerciales continúan, el turismo continúa”, dijo la presidenta el lunes. Parafraseando a Humboldt, las sociedades de dos países estuvieron al margen del innegable enfriamiento entre los gobernantes de España y México.
Siendo verdad que no se llegó al punto de ruptura, tampoco es posible minimizar la trascendencia de la visita de Sheinbaum a España y su entrevista con el presidente del Gobierno de ese país, Pedro Sánchez.
Ese es el punto más alto de una agenda en donde ella asistirá a la VI Cumbre en defensa de la democracia. Hasta el martes, empero, no estaba previsto que tuviera una participación relevante en el foro denominado Global Progressive Mobilization.
Porque la agenda de la mandataria busca hacer una distinción: es central para el Gobierno de México corresponder los gestos que han tenido el Rey y el Gobierno de España en la idea de construir una visión compartida de la complejidad de la conquista y la importancia de los pueblos indígenas.
México ve con buenos ojos que la postura ibérica se aleje del supuesto “relato civilizatorio” de la llegada de Cortés. Y aunque en la Administración claudista hay conciencia de lo mucho que se tiene que seguir trabajando en el tema, la visita sí normaliza la relación con España.
Y a partir de ello, lo que podría ocurrir sería un gesto recíproco: el Mundial de fútbol da un marco propicio para una visita a México del Rey Felipe VI, que, como se informó semanas atrás, en febrero fue invitado por el Gobierno mexicano a asistir.
Así que, de ocurrir todo en la forma que está prevista, la visita de la presidenta marca la terminación del alejamiento que se suscitó entre los dos países desde hace siete años. Pero para nada supone el único punto de la agenda de Sheinbaum en Europa.
En Barcelona, se preparan desde otras reuniones con jefes de Estado hasta que una delegación de la cancillería se traslade a Bruselas para dar un impulso al Tratado Global Modernizado con la Unión Europea, cuya firma podría darse hacia finales de mayo.
Y de igual forma, la gira dará a la presidenta Sheinbaum la oportunidad de conversar con el presidente de Uruguay, Yamandú Orsi, que tiene desde el mes pasado la presidencia de la CELAC y que en el segundo semestre de este año encabezará el Mercosur: la mandataria podría tener en Orsi un interlocutor especial en un momento en que varios de los gobiernos de la región han virado a la derecha, haciendo más complejas las relaciones bilaterales con algunos países de la región.
Porque más allá de la normalización con España, que ya sería un asunto destacable, la delegación mexicana en Barcelona ve este viaje como una oportunidad de trabajar en contra del aislamiento del país en Latinoamérica.
Y al mismo tiempo se sabe que la presidenta cuidará de que México no termine involucrado en algún manifiesto que pueda parecer un posicionamiento antiTrump de naciones que se autodenominan progresistas.
Claudia Sheinbaum parte a esta gira con la determinación de imprimir su propio sello a la forma de presentar a México en el mundo; sin dejar de pedir que la Conquista sea reinterpretada, normaliza contactos en España y aprovecha la gira para retomar liderazgo latinoamericano.
De muchas formas, se trata de un viaje que, además de sacar a México de un pasmo en el plano mundial, podría significar una especie de autodescongelamiento de Sheinbaum, la apertura de una agenda que eventualmente reposicione a la presidencia mexicana en el mundo.
Porque es cierto que las muchas agendas e intereses mexicanos pueden encontrar maneras de mantener contactos con muchos países, pero nunca será lo mismo que los esfuerzos sean encabezados por su presidenta.