Andariegos, longevos y para toda edad
Lientur Rojas, director de la compañía de títeres Pirimpilo, fundada en 1962, se reconoce como un enamorado de su oficio: “Lo que más disfruto es la interacción y retroalimentación con el público”
El profesor Lientur Rojas, radicado en Concepción, ha dedicado su vida al teatro de muñecos. Su experiencia fue reconocida con la designación como “Tesoro Humano Vivo”. Es una distinción que otorga el ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. Se lo entregaron el 31 de enero de este año.
Se trata de distinguir a destacados cultores de artes y oficios tradicionales. “Estamos reconociendo historias de vida, memorias compartidas y formas de habitar el mundo que han sido transmitidas con compromiso y generosidad a lo largo del tiempo”, dijo en la ceremonia la ministra de las Culturas, Carolina Arredondo.
Los títeres son una forma de juego que permite múltiples combinaciones y posibilidades. El niño -su público preferido, aunque no es el único- se identifica fácilmente con muñecos de personajes o animales y sus problemas, lo que le facilita hacer sugerencias o pensar estrategias adecuadas para su resolución. Los títeres se prestan naturalmente a la narración, adaptándose a infinitas aplicaciones. El niño puede “actuar” a través de ellos y pensar soluciones y consecuencias para sí mismo y para los demás. Niños (y adultos) pueden transformarse en personas diferente a través del títere o una marioneta.
Muñecos fascinantes
Lientur Rojas, director de la compañía de títeres Pirimpilo, fundada en 1962, se reconoce como un enamorado de su oficio: “Lo que más disfruto es la interacción y retroalimentación con el público”.
Miles de titiriteros y marionetistas coinciden con Lientur. Pero, además, hay millones -grandes y chicos- de leales espectadores que siguen con entusiasmo inagotable este arte ancestral
De año en año, sin importar las penurias económicas o los conflictos internacionales, muchos de ellos se movilizan dentro o fuera de sus países para presenciar obras dramáticas, divertidas, cantadas o bailadas interpretadas por muñecos. No importa si son de guante, pupi sicilianos, refinadas marionetas, antiguas figuras asiáticas o gigantescas armazones propias de los “pasacalles”.
Quienes han realizado alguna vez un tour por el mundo de los muñecos cuentan fascinados la experiencia. Así lo hizo el año pasado Ana María Allendes en el libro La vuelta al mundo de una marionetista.
Como comentó el propio Lientur Rojas, el testimonio d Ana María es “un recorrido que abarca tanto a Chile como a Europa en sus más significativos exponentes; recuento histórico del desarrollo del arte de la marioneta y los títeres por medio del quehacer artístico de personajes y cultores que han dejado huella abriendo un camino hacia la creación y recreación tanto de sus pares como de generaciones futuras”.
Ana María describe su esfuerzo por profundizar el gozo y el conocimiento de los títeres que descubrió cuando era pequeña. Ya adulta, después de especializarse como titiritera y poner en marcha su compañía “Guiñol”, fue elegida miembro del Consejo Mundial de Unima, la Unión Mundial de la Marioneta. Fue el trampolín que le facilitó visitas a Europa, México, Perú, Japón, Australia, India y China.
Más tarde, en viajes personales, completó sus conocimientos en los principales centros de estudio de títeres en Francia, Inglaterra, Italia (Palermo, en especial), Portugal, España, la República Checa y Austria.
Fue la culminación de un sueño de niña, que nació en el Teatro Municipal de Santiago. Entonces tuvo la suerte de ver “La Flauta Mágica” de Mozart interpretada por las mundialmente famosas marionetas de Salzburgo.
El 2001, en Austria, precisamente en Salzburgo, presenció una función de esta compañía. Los dueños de casa la sorprendieron mostrándole, en sus bodegas, el equipaje con que habían venido a Chile en 1950.
Desde China y la antigua Grecia
Ana María Allendes subraya un hecho fundamental: los muñecos articulados, sean de guante, de hilos, de varilla o de sombras, han gozado de una permanente popularidad a lo largo del tiempo y lo ancho del mundo.
Hay memoria de ello desde Egipto, Grecia, Asia, México y Rapa Nui. Los énfasis han variado, pero nunca desaparecen. Al contrario, hasta hoy existen personajes que se identifican con su público, como Monsieur Guignol en Francia o más exactamente en la ciudad de Lyon.
En Chile, la tradición vive y sobrevive. Gracias a Lientur Rojas, Concepción es un foco permanente de esta actividad. Lo mismo en otros lugares de nuestro país..
No es un arte estático. Está en constante renovación: los muy populares personajes de “31 minutos” han saltado desde Chile a las pantallas de TV de todo el continente.
En 1992, en la Universidad Diego Portales, Ana María Allendes profundizó en la aplicación del teatro de muñecos a las teorías del Dr. Reuven Feuerstein sobre modificabilidad cognitiva. Este médico judío, nacido en Rumania, se encargó del tratamiento de niños vulnerados por la Segunda Guerra Mundial.
Una historia de Tomi de Paula, “Un pasito y otro pasito”, le permitió a Ana María mostrar cómo mediante los muñecos se puede apreciar el valor de la interacción entre un abuelo y su nieto.
“Mariana”: un grito de libertad
Ana María Allendes destaca un hecho crucial de su carrera. La presentación en 1988 de una versión de “Mariana Pineda”, en el Centro Cultural de España. Entonces trabajaba intensamente en poblaciones, pero “no hacía títeres políticos. Solo pretendía llevar alegría a la gente y a los niños”.
La puesta en escena del drama de García Lorca fue diferente. Participaron pobladores de La Victoria y de Melipilla y la propia compañía de Ana María. Recalca: fue “un grito de libertad en tiempos difíciles y así lo entendieron los espectadores, incluyendo, especialmente los pobladores que colaboraron en la confección de las marionetas. Muchos lloraron el día del estreno”.
Los títeres son una buena entretención para los niños el domingo en la tarde. Pero también pueden ser mucho más.
Insiste en ello Lientur Rojas: “Creo que aún tengo mucho por hacer en el campo de la difusión del arte de los títeres. Durante algún tiempo me ha preocupado el que este arte se vea como tal y no como un arte menor, casi artesanal, sin desmerecer la artesanía como expresión del hombre y su cultura, sin embargo yo siempre hablo del teatro de muñecos, porque en esencia eso es teatro, con todas las características que el arte dramático posee, vinculándolo también como una herramienta pedagógica.
“Mi Compañía continuará en ese camino por medio la búsqueda exploración, investigación y experimentación artística. Ojalá que pueda dejar algún continuador. Tengo fe en mi nieto y en mi hija que me ha acompañado por años en esta tarea”.