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La periodista Ana Francisca Vega en Ciudad de México.Vídeo: Aggi Garduño

La prueba de fuego para la diplomacia interna de Sheinbaum

Con el Mundial de Fútbol a poco más de 100 días de distancia, el gobierno enfrenta un desafío reputacional titánico

Uno de los giros más notorios —y pragmáticos— en la administración de Claudia Sheinbaum es su decisión de restablecer puentes de diálogo con la oposición. Mientras López Obrador dedicó gran parte de su sexenio a minar la relación con los gobernadores opositores desde la ‘mañanera’, hasta ahora Sheinbaum ha optado por una posición más institucional.

Dos factores explican este cambio. Primero, una realidad política distinta: a diferencia de su predecesor, la presidenta no ejerce un control absoluto sobre su partido, lo que la obliga a sumar voluntades externas… o por lo menos a dejar de sumar enemistades innecesarias. Segundo, una visión de resultados: para Sheinbaum, es más eficiente tener a los gobernadores trabajando cerca que aislados, resentidos y en pie de guerra.

Este nuevo estilo quedó a prueba con la reciente crisis de seguridad en Jalisco tras la caída de ‘El Mencho’. La coordinación operativa liderada por Omar García Harfuch y, sobre todo, la narrativa conciliadora desde Palacio Nacional, marcaron una distancia abismal con los conflictos del pasado.

Sin embargo, el margen de maniobra es estrecho. Con el Mundial de Fútbol a poco más de 100 días de distancia, el gobierno enfrenta un desafío reputacional titánico: convencer al mundo de que México es un destino seguro. Además de contener la inseguridad, a la agenda de la presidenta se le suma la necesidad de desactivar la política de chantaje de grupos de presión histórica, que ya advirtieron: si no se cumplen sus demandas, usarán el Mundial como escaparate global de protesta.

Aquí es donde la relación con los estados se vuelve estratégica. Los conflictos que amenazan con desbordarse en las sedes mundialistas —Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey— tienen raíces locales y dependen de la mediación de los gobernadores: pensemos por ejemplo en maestros, transportistas y organizaciones campesinas. En este escenario, la alianza federación-estados no es un lujo, sino una necesidad de supervivencia política. Los próximos meses serán, sin duda, la mayor prueba de fuego para la diplomacia interna de Sheinbaum.

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