El Mencho ha muerto
A 17 meses de iniciado el sexenio de Sheinbaum, recibimos la noticia más significativa en materia de capturas: el líder del cartel de las cuatro letras ha mordido el polvo
El Mencho ha muerto. Su nombre integrará la fría aritmética de homicidios diarios que se anuncian los martes en la mañanera. El cómputo mudo llevará bigote. Al Mencho lo mataron. La frase inaugura el velorio que nos tocará padecer. Vendrán las venganzas terrenales del Dueño del Palenque. Saludos desde el más ...
El Mencho ha muerto. Su nombre integrará la fría aritmética de homicidios diarios que se anuncian los martes en la mañanera. El cómputo mudo llevará bigote. Al Mencho lo mataron. La frase inaugura el velorio que nos tocará padecer. Vendrán las venganzas terrenales del Dueño del Palenque. Saludos desde el más allá. Ráfagas de bala desde la dimensión contigua.
Tras su muerte, circula por doquier una de las contadas fotografías que conservamos del jefe del Cartel Jalisco Nueva Generación. La imagen completaba los carteles de “se busca”.
En esta era de imágenes a mansalva, de selfies que se multiplican, él no alcanzaba la decena. La fotografía que conocemos no es reciente. Durante décadas perseguimos a un hombre congelado. Jugamos a ser el gato sin saber cómo lucía el ratón. El ratón ha muerto.
Su imagen me deja perpleja. ¿Cómo puede un hombre de nombre común y semblante impasible representar la ruina y el espanto? Al monstruo le faltan colmillos. En las fotografías de su detención en Estados Unidos, en los años ochenta, ya se insinuaba la anomalía: su sonrisa desciende en una curva hacia abajo. Una flexión mínima permite ver la grieta.
El hombre de sonrisa torcida se ha ido. Se lo llevaron. Ante ello conviene recordar las enseñanzas de la kingpin strategy: aunque la cabeza del CJNG se corte, el cuerpo se reorganizará y será habitado por sus herederos. En el cartel más poderoso del país también habrá relevo generacional.
Los herederos serán impacientes y de filiación dudosa: el Menchito fue entregado por Sheinbaum a Estados Unidos y otros miembros cercanos a Nemesio Oseguera Cervantes permanecen detenidos. La dinastía se encuentra fragmentada, aunque su esposa —Rosalinda González— está libre.
Recién inaugurado el fin de semana comenzó el rumor: un rayo negro habría caído en una de las tres sedes de nuestra celebración mundialista. Mejor que la descarga ocurriera ahora y no más próxima a la fiesta prometida.
Desde el viernes el territorio vibraba de un modo distinto pronosticando el abatimiento —derribar, derrocar— del Matazetas. El Señor de los Gallos. El domingo el vibrato alcanzó su culminación: el Ejército mexicano y la Guardia Nacional habían acertado y arrogado a la región hacia los límites que separan lo sano de lo enfermo. La calma de la convulsión. La paz de la guerra. El triunfo de la derrota.
Allí donde algunos siguen obedientes las instrucciones para provocar pánico —correr en círculos mientras repiten que el país arde— otros son más responsables ante los hechos: Jalisco está repleto del Ejército mexicano y de la Guardia Nacional; el aeropuerto continúa en operación normal.
El movimiento por capturar al Mencho no deja de ser extraordinario. Durante meses, los expertos en seguridad nos habían advertido que la reducción de homicidios obedecía a una ecuación de tres variables: los ajustes de tuerca de Sheinbaum en materia de seguridad, su superpolicía y, en una proporción menor pero decisiva, el control homogéneo que el Cartel Jalisco Nueva Generación ejercía sobre amplias zonas del país.
Ante esa hipótesis —incómoda, verosímil—, Claudia Sheinbaum hace una apuesta arriesgada. Aunque la muerte del Mencho probablemente implicará un incremento temporal de los homicidios, no modifica su decisión. Los números —por mucho que le gusten— no dirigen su acción. La pacificación está sobre la estadística. No aceptará el ingrato relato de la pax narca.
Si el desequilibrio en Sinaloa obedeció a un factor externo —el secuestro del Mayo instigado por los Estados Unidos—, Jalisco fue autoinfligido. Aunque esa no es la palabra. Ahí donde Sinaloa es víctima de fuerzas ajenas, Jalisco se presenta como un acto deliberado, calculado, planeado: una operación concebida y ejecutada por mandos mexicanos, con la colaboración del Gobierno estadounidense.
Por ello, las diferencias entre ambos Estados no serán pocas y toda comparación será odiosa.
A 17 meses de iniciado el sexenio de Sheinbaum, recibimos la noticia más significativa en materia de capturas: el líder del cartel de las cuatro letras ha mordido el polvo en el Estado que aportaba la segunda inicial de su nombre. Al Gallo lo desplumaron.
En el joven sexenio de Sheinbaum, de la mano de Harfuch, asistimos a una escena doble: ella madura mientras él envejece. Ambos funcionarios parecen empeñados en demostrar que el verdadero poder no consiste en evitar el peligro, sino permanecer imperturbables ante él.
In periculo securitas —leí por ahí—: seguridad en el peligro o negarse a perder la compostura mientras todo arde.