La ‘influencer’ de la Universidad de Columbia que detuvo el ICE y a la que liberó Mamdani
La azerbaiyana Elmina Aghayeva fue arrestada porque su visado había caducado en 2016. La mediación del alcalde de Nueva York ante Trump logró su puesta en libertad horas después
De la larga lista de injustificadas detenciones del ICE, la policía migratoria de Donald Trump —entre otras, la de un niño de cinco años o la orden de deportación de una iraní adoptada en EE UU hace medio siglo—, puede que pocas chirríen tanto, por lo absurdo, como el arresto de la azerbaiyana Elmina Aghayeva, estudiante de neurociencia y políticas de Columbia, que a primera hora de la mañana del 26 de febrero fue sacada de la residencia del campus en la que vive por agentes federales.
La primera señal que dio pistas sobre la inexplicable detención fue una publicación de la joven, de 29 años, en la red social Instagram apenas media hora después del operativo, con una fotografía que la mostraba en la trasera del vehículo en el que la habían introducido los agentes del ICE (siglas en inglés del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas), la agencia encargada de las redadas.
Varios hechos arrojaron dudas de inmediato sobre el arresto de Aghayeva, no solo su rápido post. En primer lugar, el relativamente prolongado periodo sin detenciones de estudiantes en los campus, una vez pasadas las movilizaciones estudiantiles propalestinas que recorrieron EE UU en la primavera de 2024 y la posterior ofensiva de la Administración de Trump contra sus líderes. Pero más aún hizo dudar el perfil de la joven, una influencer especializada en publicaciones de estilo de vida, belleza y técnicas de estudio que nunca había escrito en sus redes una sola palabra sobre la guerra de Gaza o en defensa de la causa palestina. A diferencia del activista Mahmoud Khalil, con el que hace un año el Gobierno abrió la veda de la cacería en los campus, y la docena de estudiantes que le siguieron, la joven azerbaiyana, con 114.000 seguidores en Instagram, jamás se había significado políticamente.
La tercera pista que confirmó definitivamente que se había tratado de un error, o tal vez solo de un exceso de celo, fue su puesta en libertad pocas horas después, gracias a la mediación del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, ante el presidente Trump, con quien casualmente se había reunido esa mañana. Khalil, en cambio, permaneció tres meses en una cárcel del ICE y aún pelea en los tribunales la orden de deportación que pesa sobre él por haber liderado las protestas en Columbia.
Las publicaciones de Aghayeva en las redes sociales muestran a la joven estudiando con una blusa blanca y un jersey marrón claro doblado sobre los hombros, perfectamente maquillada; sus rutinas matutinas y sus hábitos de estudio, vestida con ropa deportiva a la moda, en sesiones de pilates o peluquería, o con elegantes conjuntos en la biblioteca de la facultad. Su estética, en consonancia con su edad, refleja el acusado culto al cuerpo y la belleza común entre tantas mujeres del espacio postsoviético. También da consejos sobre cómo gestionar la tensión que supone ser universitario y estrategias para optimizar la atención sobre los apuntes.
Mediante un comunicado, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, en sus siglas inglesas), del que depende el ICE, confirmó haber arrestado a “Aghayeva, una extranjera ilegal de Azerbaiyán, cuya visa de estudiante fue cancelada en 2016 bajo la Administración de Obama por no asistir a clases”, si bien confirmaba que no tenía “apelaciones ni solicitudes pendientes” del DHS. La agencia federal se defendía a duras penas de las acusaciones de haber entrado bajo engaño en el campus con el pretexto de buscar a una persona desaparecida. “El administrador del edificio [donde vive Aghayeva] y su compañera de cuarto dejaron entrar a los agentes al apartamento”, aseguraba el comunicado, refutando la supuesta artimaña. Recintos inviolables en teoría, las fuerzas de seguridad deben presentar una orden de registro judicial o búsqueda para acceder a los campus.
Las irregularidades en torno a su detención no pesaron, sin embargo, tanto como la dimensión pública de Aghayeva, Ellie para sus amigos, a quien muchos no dudan en calificar de socialite del campus. Muy en su papel de famosa displicente —se ignora si lo primero precede a lo segundo, o debe ser al revés, para triunfar en las redes—, la joven publicó en Instagram un mensaje quejándose de las numerosas solicitudes de entrevistas que ha recibido, y rechazado, mientras sacaba rédito de lo sucedido con una docena de publicaciones de denuncia del arresto que ha aumentado su popularidad de influencer.
Según los registros de inmigración, Aghayeva vive en Estados Unidos desde al menos 2016. Antes de matricularse en Columbia y mudarse a Nueva York, vivió en Connecticut y Carolina del Norte con su entonces marido. La pareja se separó hace unos años y no tiene contacto, declaró a la prensa su exesposo, que es estadounidense.
En el vetusto edificio residencial donde vive Aghayeva, cinco calles más arriba del campus principal de Columbia, nadie parecía conocerla este miércoles: la sola mención de su nombre hacía apretar el paso a los estudiantes que entraban y salían de la residencia universitaria, en cuyo dintel se lee pomposamente King’s College (nada que ver con el auténtico, el de Londres). De allí fue trasladada, poco después de las seis de la mañana del 26 de febrero, hasta una dependencia del ICE en el Bajo Manhattan. Sus seguidores supieron del hecho casi en directo: “El DHS me ha detenido ilegalmente. Por favor, ayúdenme”, escribió la joven en Instagram como quien antes lanzaba un mensaje en una botella.
Tras ser puesta en libertad horas después, publicó lo siguiente: “Acabo de salir hace un rato. Estoy bien y a salvo. De camino a casa en un Uber. Lo siento mucho, pero estoy completamente conmocionada por lo que ha pasado... Necesito un poco de tiempo para asimilarlo todo. Volveré pronto. Pero, por favor, no se preocupen. Los quiero”.