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Camp East Montana: el mayor centro de detención del ICE podría cerrar tras meses de controversia

El Gobierno de Trump revisa el contrato de la instalación, en la que recientemente se reportó un brote de sarampión y donde tres detenidos fallecieron en un periodo de dos meses

Protesta al exterior de Camp East Montana en El Paso, Texas, en agosto de 2025.Paul Ratje (REUTERS)

El futuro de Camp East Montana, el mayor centro de detención migratoria del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en El Paso, Texas, está en duda. Mientras un documento interno de la agencia indica que se están tomando pasos para cerrar la instalación, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) sostiene que el centro y su contrato siguen bajo revisión y que aún no se ha tomado una decisión definitiva. La incertidumbre llega tras meses de denuncias sobre las condiciones en el lugar, la muerte de tres detenidos y un brote de sarampión que ha obligado a imponer una cuarentena en las instalaciones.

El DHS ha confirmado que actualmente se encuentra evaluando tanto las condiciones del centro como su contrato. “El ICE siempre busca formas de mejorar nuestros centros de detención para asegurarnos de que le ofrezcamos el mejor cuidado a los extranjeros ilegales bajo nuestra custodia”, afirmó Lauren Bis, subsecretaria adjunta del departamento. Según explicó en un comunicado, la agencia realiza auditorías e inspecciones para garantizar que las instalaciones cumplan con estándares federales. Sin embargo, añadió que “no se ha tomado ninguna decisión relacionada con la prórroga, rescisión o adjudicación del contrato”.

A pesar de esa postura oficial, un documento interno del ICE, revisado por The Washington Post, indica que la agencia está preparando una carta para poner fin al contrato del centro. El documento no especifica una fecha ni las razones detrás de la posible decisión. El acuerdo, valorado en aproximadamente 1.200 millones de dólares y otorgado a la empresa Acquisition Logistics en julio del año pasado, estaba previsto para mantenerse hasta septiembre de 2027.

El centro abrió en agosto de 2025 como parte de la estrategia de la Administración del presidente Donald Trump para ampliar rápidamente la capacidad de detención migratoria en el país. En su momento fue presentado como un modelo para una nueva generación de instalaciones temporales capaces de albergar a miles de migrantes mientras se procesaban sus casos o se llevaban a cabo deportaciones.

Sin embargo, desde sus primeros meses de funcionamiento, Camp East Montana ha estado rodeado de críticas y denuncias sobre sus condiciones internas. Reportes de medios y testimonios de detenidos han señalado problemas como hacinamiento, mala calidad de alimentos y atención médica deficiente.

Las instalaciones, con capacidad para 5.000 personas, consisten en enormes tiendas de campaña blancas instaladas en una zona desértica junto a la base militar de Fort Bliss. Cada estructura, de tamaño comparable a dos campos de fútbol, está dividida en áreas más pequeñas donde hasta 72 personas comparten espacios para dormir, comer, ducharse y usar el baño.

En septiembre, inspectores de la unidad de supervisión de detención del ICE encontraron decenas de irregularidades durante una revisión. Según su informe, el centro violaba al menos 60 estándares federales de detención migratoria. Entre los problemas señalados se encontraban fallas en procedimientos de seguridad, dificultades para que los detenidos se comunicaran con abogados y deficiencias en el manejo de registros médicos.

Los inspectores también advirtieron que algunos expedientes médicos no se completaban y que ciertos exámenes de ingreso no se realizaban, lo que impedía al personal “identificar afecciones médicas crónicas emergentes o pasadas, problemas de salud mental, como ideas o intenciones suicidas u homicidas, que podrían poner en peligro la vida de los detenidos”.

La controversia se intensificó a comienzos de enero con la muerte de Geraldo Lunas Campos, un migrante cubano detenido en el centro. El médico forense del condado determinó que la causa de muerte fue homicidio por “asfixia por compresión del cuello y el pecho”.

Lunas Campos fue uno de tres detenidos que fallecieron en el centro en un lapso de dos meses. Otro migrante guatemalteco murió en diciembre por complicaciones de salud, mientras que un ciudadano nicaragüense lo hizo en enero en un aparente suicidio.

El centro también enfrenta actualmente un problema sanitario. Funcionarios confirmaron que se registraron 14 casos de sarampión entre los detenidos, lo que llevó a implementar una cuarentena en las instalaciones. Según la representante por El Paso, la demócrata Veronica Escobar, 112 personas han sido aisladas para evitar la propagación del virus.

Escobar, una de las críticas más fuertes del centro, ha pedido reiteradamente su cierre. “Camp East Montana nunca debió abrirse”, afirmó en una declaración. En su opinión, el proyecto representa “fraude, despilfarro, abuso y explotación del sufrimiento humano a manos de las empresas penitenciarias privadas y la Administración Trump”.

La congresista también cuestionó el gasto público destinado al proyecto. “Los 1.240 millones de dólares que ha costado esta instalación podrían haberse destinado a la atención sanitaria, a programas de nutrición y a un sinfín de otras cosas para mejorar nuestra sociedad y nuestro país”, dijo.

Mientras se discute el futuro del centro, su población ha disminuido en las últimas semanas. De acuerdo con documentos internos del ICE, actualmente hay alrededor de 1.500 detenidos, aproximadamente la mitad de los que había en enero.

Aun así, incluso si Camp East Montana termina cerrando, funcionarios han advertido que El Paso seguirá siendo un punto clave en la estrategia migratoria del Gobierno federal. El DHS ya ha adquirido varios almacenes industriales en Socorro, Texas, con planes de transformarlos en centros de detención que podrían albergar a miles de inmigrantes.

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