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expo. Madrid. 09.OCT /18 27.ENE   /19

El Prado recupera a Bartolomé Bermejo, “el mejor pintor español del siglo XV”

Artista de personalidad complicada, dejó solo 27 obras, pero en ellas demostró su capacidad para innovar en temas religiosos tradicionales

'Santo domingo de Silos entronizado como obispo', una de las obras de la exposición 'Bartolomé Bermejo' en el Museo del Prado.

Entre su primera obra documentada, el imponente San Miguel triunfante sobre el demonio con Antoni Joan, de 1468, que se expone por primera vez en España, procedente de The National Gallery londinense, hasta su última pieza, la Piedad Desplà (1490), traída de la catedral de Barcelona, Bartolomé de Cárdenas, Bartolomé Bermejo, como fue conocido, desplegó "un lenguaje pictórico que traspasa épocas". "Por eso fue un genio", ha destacado Joan Molina Figueras, el comisario de la exposición presentada este lunes y con la que el Museo del Prado intenta paliar la escasa presencia en su programación de "la pintura española medieval", como reconoció el director de la pinacoteca, Miguel Falomir. Ambos coincidieron en auparlo como "el mejor pintor español del siglo XV".

Esta primera monográfica que el Prado, en colaboración con el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), dedica a un maestro español del Quattrocento, del 9 de octubre al 27 de enero de 2019, reúne 50 obras, de las que 27 son de este artista —el resto son de maestros con los que trabajó, más algunas copias—, un catálogo reducido, pero "que resiste la comparación con los maestros europeos de su época", ha señalado Molina, historiador del arte medieval de la Universidad de Girona. El singular Bermejo asimiló el estilo de la potente escuela flamenca, de artistas como Jan van Eyck, que visitó España, o Hans Memling, gracias, quizás, a su contacto con el floreciente mercado burgués de ferias de obras de arte.

Molina subrayó también su "virtuosismo y el extraordinario dominio de la técnica de Bermejo", que ya se aprecia en el San Miguel, el arcángel al que representó con su capa bermeja flotante y armadura dorada con brillos y reflejos. "Como si fuera el caballero medieval Tirant lo Blanc". Este San Miguel de figura serpenteante se apresta a descargar con su espada el castigo sobre un demonio alucinado, fantástico, con cuatro ojos, dos de ellos en los pezones, que está a sus pies. Completa esta obra la figura del comitente, el mercader Antoni Joan de Tous, que pagó la obra, retratado piadoso, lo que no le impidió ejercer de pirata que asaltaba navíos genoveses.

La vida de este artista (h. 1440-h. 1501) que firmó en un billetito su San Miguel, práctica poco habitual entre los españoles, fue notablemente azarosa. Nacido en Córdoba, su condición de judeoconverso marcó su carrera. Tuvo que nomadear por ciudades de la antigua Corona de Aragón: Valencia, Daroca, Zaragoza y Barcelona, donde murió, para evitar a la Inquisición. Aunque se dedicó a la pintura religiosa, que era lo que había por los encargos de eclesiásticos y nobles, incluyó en algunas obras detalles heterodoxos, como en su Cristo de la Piedad, en el que bajo una delicada gasa, se entrevén los genitales de Jesús. El clima de intolerancia religiosa también persiguió a su mujer, la acaudalada Gracia de Palaciano, condenada por la Inquisión aragonesa: "No se sabía el Credo y practicaba ceremonias judaizantes", sentenció el tribunal.

Quizás por sentirse siempre observado, Bermejo mostraba una personalidad problemática. "Su condición de extranjero le obligó, siguiendo las normas gremiales, a asociarse con maestros locales para poder ejecutar su obra, pero en numerosas ocasiones estos artistas eran muy inferiores a él", explica el comisario. "Otras, chocaba con quienes le encargaban las obras porque tenían una visión muy conservadora".  

'San Miguel triunfante sobre el demonio con Antoni Joan de Tous'. ampliar foto
'San Miguel triunfante sobre el demonio con Antoni Joan de Tous'.

El mejor ejemplo de sus encontronazos ocupa un lugar central en la exposición. Es el único bermejo pintado solo por él que posee el Prado. El monumental Santo Domingo de Silos entronizado como obispo (1474-77), retablo para la localidad de Daroca del que únicamente realizó la tabla central, así que incumplió el contrato que rezaba: "Que Bartolomé Bermejo tenga que jurar ante notario público, sobre la cruz y los santos cuatro evangelios, y que podrá recibir sentencia de excomunión". Así ocurrió. "Puede que no estuviese de acuerdo en la remuneración", apunta Molina. Ello no impidió que lograse "un hipnótico efecto de realidad-ficción, al jugar con la propia arquitectura del retablo".

En otras ocasiones, los contratos muestran que sí era respetado y admirado. Fue el artista que más cobró de los diez elegidos para decorar la catedral de Zaragoza. Incluso se ordenó la compra de una cerradura para la estancia en la que él trabajaba en la decoración de las puertas del retablo mayor. Así se evitaba que nadie lo molestase.

El final de la exposición Bartolomé Bermejo es para la que Molina califica "como su obra maestra", la Piedad Desplà, restaurada hace un par de años gracias a la Fundación Banco Sabadell. Bermejo transforma el tradicional motivo del dolor de la Virgen con el cadáver de Jesucristo en su regazo "en un espectáculo visual". Hay en una esquina un diluvio y en la otra un amanecer sobre Jerusalén. El artista retrata a la derecha a Lluís Desplà, el arcediano barcelonés que encargó la obra y que la condicionó en su composición hasta el punto de que Molina la considera "hecha a dos manos". Por todo el óleo se despliegan hasta 73 especies vegetales y animales, un festín para que el espectador de entonces y de hoy contemple el virtuosismo de este creador poco conocido, olvidado tras su muerte, hasta comienzos del siglo XX, y con el que el Prado quiere cerrar estos siglos de ingratitud.

Tender puentes con Cataluña

El director del Museo del Prado, Miguel Falomir, dio gracias, durante la presentación de la exposición sobre Bartolomé Bermejo, a las instituciones que la han hecho posible, especialmente el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC). "Si la cultura tiende puentes, los museos son excelentes ingenieros de caminos", dijo Falomir en alusión a la cuestión independentista en Cataluña. Josep Serra, responsable del MNAC, añadió que "este es un ejemplo de cómo la cultura trabaja transversalmente".

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