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Antoni Muntadas: “La sociedad ha degradado las palabras”

Este creador conceptual obsesionado por el paisaje mediático, ganador del Premio Velázquez en 2009, explora en el estand de EL PAÍS en Arco la disfunción comunicativa que caracteriza a nuestro tiempo

El artista Antoni Muntadas, a comienzos de febrero.
El artista Antoni Muntadas, a comienzos de febrero.

Antoni Muntadas (Barcelona, 1942) ha estudiado y trabajado desde muchos ángulos la relación entre imagen y palabra. Este artista conceptual, cuya obra está atravesada por lo que él mismo bautizó como paisaje mediático, apreció hace tiempo un tipo de “acupuntura” que se da entre estos dos elementos: una imagen era ambigua, pero si una palabra se superponía a ella funcionaría como una suerte de alfiler que permitirá fijar su significado. “Antes las palabras definían más que la imagen”, explicaba Muntadas en la primera de varias conversaciones a principios de febrero desde Nueva York, la ciudad donde, a pesar de sus constantes itinerancias y trashumancias, mantiene su base desde 1971.

Un poco antes, a finales de los setenta, había abandonado la pintura y sentó las bases de lo que sigue haciendo hoy. Hablador, curioso, atento al contexto y perceptivo al ambiente que le rodea, dice que apostó por “el posestudio”. No ha tenido un sitio fijo al que ir cada mañana para crear. Una mesa, un teléfono y un ordenador han sido muchas veces suficientes para él. Y en casi medio siglo de carrera ha trazado un mapa francamente extenso que mezcla territorios, experiencias y observaciones, redes, colaboradores, ciudades, facultades, publicaciones, obras, alumnos y exposiciones. Así que Muntadas puede hablar de la censura de Internet en China, país en el que ha trabajado extensamente, y cómo para sortearla hay que pagar cuotas al mismo Gobierno que la impuso, “siguiendo un modelo de capitalización como el que llevó a los mismos que emprendieron la guerra de Irak a conseguir contratos para reconstruir ese país y enriquecerse”. Y, a continuación, referirse al gran número de pantallas que se han añadido en las últimas décadas a nuestras vidas, o hablar de la infodemia o epidemia informativa que hoy nos consume.

Las ideas y conceptos, sus investigaciones y obras, apelan a experiencias cercanas, basta con mirar alrededor. Esa “acupuntura” de texto e imagen que él apuntó está, por ejemplo, en la base de las cartelas en un museo que delimitan el significado de un cuadro o en los memes que se adjuntan hoy a los mensajes de texto. Sin embargo, la dirección hacia la que Muntadas apunta es otra. “La palabra se está volviendo imagen”, advierte. Es decir, está empapándose de ese carácter difuso y de esa complejidad, está perdiendo su capacidad para acotar el significado y facilitar la interpretación y comunicación. Términos como objetividad o democracia, por ejemplo, pierden peso, están erosionados. “La sociedad ha degradado las palabras con ayuda de la política y los medios”, señala. En física se diría que de un estado sólido las palabras han pasado a una fase poco menos que gaseosa, y eso es lo que Muntadas plasma. “El uso y abuso crea una degradación”, afirma.

Opinión, responsabilidad, fake news, debate, política, miedo o ideología son algunos de los términos con los que Muntadas ilustra esta idea de pérdida de peso y de significado de las palabras. Con ellas ha construido la pieza que ha creado para el estand de EL PAÍS en Arco. Las letras en algunos casos van difuminándose y perdiéndose, mientras que otras pasan de ser una nube oscura, a cuajar en un contorno claro y legible. En la nueva obra de Muntadas, opinión gana peso y democracia se va borrando. “El empleo que se hace de las palabras está vinculado al uso político”, afirma. Como ejemplo de ese proceso de nebulosa semántica menciona la utilización que hacen en muchos lugares unos y otros del término democracia. “Las palabras están siendo puestas en cuestión. Se están descomponiendo y a ello han contribuido, entre otras cosas, los sistemas de comunicación y las llamadas fake news”, insiste.

El proyecto que presenta en Arco explora el terremoto que experimenta el diccionario político y mediático y retoma temas sobre los que indagó en la exposición Palabras, palabras… en la galería Moisés Pérez de Albéniz, pero esta vez ha contado con la colaboración del arquitecto Juan Herreros. “Me interesa la evolución de dos dimensiones a tres, incluso buscar la cuarta. Por eso, con estas palabras quise que Juan creara paredes, un elemento arquitectónico que sumase otra dimensión, una estructura que permitiera otra lectura más”, explica Muntadas, quien desde hace décadas ha mantenido una estrecha conversación y complicidad con la arquitectura impartiendo clase en la Facultad de esta disciplina en el Massachu­setts Institute of Technology —centro al que ha estado vinculado durante 35 años— y actualmente en la Universidad de Venecia.

Los proyectos del artista, ganador del Premio Nacional de Artes Plásticas en 2005 y del Premio Velázquez en 2009, empiezan por curiosidad, “por intriga”. Son largos, toman tiempo, pueden prolongarse durante décadas, se solapan y superponen. “Trabajo en paralelo, no de forma lineal, con obras que se encuentran en fases y lugares dispares”, explica. En la conversación que los sustenta van entrando las ciencias sociales a través del trabajo de campo. Ahora mismo expone y tiene en marcha proyectos en São Paulo, Filipinas y Nueva York, además de Bilbao.

El trabajo colaborativo o en red es otra de las claves para entender el universo Muntadas. “En cada lugar donde trabajo se crea un equipo de gente conectada al contexto. Es algo importantísimo porque de lo que se trata es de formular preguntas y entender el contexto”, dice. Niega Muntadas que su planteamiento sea necesariamente un laboratorio, pero sí reconoce como aspecto común “la idea de experimentar y explorar”. Y para adentrarse en este camino de descubrimiento de la manera más abierta posible, argumenta el artista que no se debe forzar la forma: “Siempre hay que usar una estructura de trabajo, pero no necesariamente imponer la de uno”. Frente a la idea del artista intuitivo y rápido, con inspiración y un estilo muy determinado, alguien capaz de hacer una obra arrastrado por el impulso en 24 horas, Muntadas aboga por algo radicalmente distinto.

El mito del artista arrebatado queda desmontado. “El proyecto es lo que define el estilo”, repite. El concepto o idea de la que Muntadas parte enciende la curiosidad y plantea preguntas. Una de las primeras que aborda es qué se ha hecho sobre este tema antes. “Yo no pretendo inventar nada”, aclara. “Vas desarrollando el trabajo en un proceso largo y lento, decides más adelante el cómo, es decir, si será vídeo o fotografía o lo que sea, y el medio te llevará por otros lados”, explica. Su trabajo no se ajusta a una forma característica; digamos que no tiene un mismo look.

La mutación es constante, pero Muntadas asume que en “todo trabajo asoma quién eres tú, y cada elemento nuevo se relaciona con otro anterior como en un rizoma”. Valgan como ejemplos de esto su proyecto On Translation, que engloba 42 subproyectos, o Political Ads, el trabajo que arrancó con Marshall Reese en los años ochenta y que sigue cambiando con cada campaña electoral estadounidense al ir añadiendo los nuevos anuncios televisivos de los candidatos. Su análisis del lenguaje audiovisual y de los mensajes de los medios no ha perdido vigencia aunque los canales se hayan multiplicado exponencialmente. El método en esencia no ha cambiado.

En la exposición antológica Entre / Between que en el año 2011 le dedicó el Museo Reina Sofía, señalaron nueve constelaciones en las que pueden insertarse todos sus trabajos: microespacios, paisaje de los medios, esferas de poder, territorio de lo público, espacios de espectáculo, construcción del miedo, ámbitos de traducción, el archivo y los sistemas de arte. Vale como un diccionario para ordenar el mundo y la obra de Muntadas. Pero lo cierto es que sus piezas permiten una interpretación abierta y libre, que depende solo de la percepción de cada uno. Y ahí queda la frase que empleó hace tiempo en una de sus obras, y que, a modo de advertencia, funcionará bien para los visitantes de Arco: “Atención: la percepción requiere participación”.

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