Hasta la revolución digital, enchufar algo a la red era un símbolo de bienestar. Pero claro, en un casa normal había una tele, un teléfono fijo, ningún ordenador y algún que otro chisme. Ahora cualquier familia usa decenas entre móviles, tablets, cascos, consolas y electrodomésticos de la era robótica.
Electrónica de consumo envolvente, porque amenazaba con enredarnos en una maraña de cables, cargadores y multienchufes. La evolución inalámbrica era obligada y combina varias tecnologías para condenar al banquillo a buena parte de los cableados (¿quién no tiene en casa un cajón lleno?): baterías superdotadas, la inducción que envía la energía “por el aire”, wifis, internet de las cosas, pronto la 5G... ¿No sería más correcto decir “quitar un cable”?

Pero por dónde narices viaja la electricidad… Cargadores de móvil. La tecnología de inducción logra un avance que para muchos sigue pareciendo magia: cargar un móvil sin el eterno enchufe a la red o a la toma de 12 voltios en el coche. Dejas el smartphone junto al cargador inalámbrico y la electricidad viaja hasta la batería a través de un campo electromagnético. No es un invento nuevo, pero se ha actualizado desde que los móviles no son móviles sino portátiles en toda regla además de un asistente personal.

Te lo digo al oído Auriculares. Otra costumbre que empieza a desaparecer: cuando ya formaba parte de la cotidianidad más cotidiana llevar los cascos con sus cablecitos colgando, con la personal forma de cada cual para evitar los nudos, zas, desaparecen (los cables, claro). Pequeños cascos intrauditivos que se recargan en su estuche o una base o auriculares grandes a través de un puerto usb del ordenador. Lo más versátil es que pueden conectarse vía bluetooth a diferentes dispositivos sonoros: una TV, el equipo de música, mp3, el móvil, el ordenador, la consola…

Jugones a los mandos Videoconsolas. Se juega para divertirse hasta que alguien (no humano) demuestre lo contrario. Y divertirse suele ser sinónimo de libertad de movimientos. Por eso las videoconsolas fueron de los primeros dispositivos en desarrollar mandos sin el cordón umbilical del cable. Hay que recargar la batería, pero a cambio te permiten jugar desparramado en el sofá, tirado por el suelo (con más motivo si compiten varios jugadores) y más alejado de la pantalla para cuidar la vista.

Red personal de contactos (periféricos) Impresoras, ratones, teclados… Ahora que cada vez se trabaja más en casa y cualquiera está rodeado de periféricos domésticos o de oficina, se agradece la libertad de movimientos inalámbricos. Es difícil probar un teclado, un ratón o un touchpad conectado por bluetooth y preferir la versión con cable, que suele ser muy corto y obliga a plantarse frente a la pantalla. Es como cenar en el sofá, frente a la tele y con la bandeja sobre las rodillas, pero en el uso laboral o recreativo del ordenador. Y ya no hay por qué convivir tan de cerca con la impresora y sus ruidos agónicos.

La nueva forma de aspirar (a la movilidad) Aspiradoras Dyson. Todo comenzó a finales de los ochenta cuando el ingeniero James Dyson dijo basta. Por enésima vez su aspiradora doméstica se atascaba con el polvo y dejaba de succionar. La puedo diseñar bastante mejor, se dijo. Cinco años y 5.217 prototipos después, presentaba la primera aspiradora de ciclones del mundo, capaz de atrapar partículas ínfimas, de apenas 0,3 micras. Desde entonces, la marca no ha dejado de innovar. Su desarrollo más reciente: Dyson Cyclone V10™, la aspiradora inalámbrica más potente del mercado gracias a un poderoso motor digital (su carcasa se fabrica con el mismo material de los satélites), una batería de ión-litio de 525 vatios que multiplica la autonomía y el doble de polos magnéticos que la generación anterior, con la mitad de peso. De hecho, Dyson, un referente en el sector, ya solo fabrica aspiradoras sin cable.
“Como ingenieros, tenemos que ver más allá de la tecnología actual y preguntarnos si hay alguna forma de mejorarla”. James Dyson