Programas de citas

Cómo ‘First Dates’ se convirtió en el programa más inclusivo de la televisión

El espacio de citas cumple cinco años reconvertido en una plataforma de personas con diversidad funcional, sexual o racial

Cabecera de los programas del quinto aniversario de First Dates. En la imagen, la activista Oyirun, en una cita con la artista trans no binaria Ariel, en septiembre de 2020.

Seis mil citas, 28 pedidas de matrimonio, siete bodas y ocho bebés. Este es uno de los múltiples balances de First Dates, el programa de citas de Cuatro con el que España lleva cenando en la media década que cumple esta semana. Se podrían destacar estos logros en clave puramente amorosa, pero en realidad hay muchísimos más. Las 1.200 citas entre gais o lesbianas y otras 600 en las que la audiencia ha comprendido lo que es la bisexualidad, el poliamor, la asexualidad, intersexualidad, ser trans o de género fluido con una media de 1.255.000 espectadores diarios (el 7,4% de la cuota de pantalla) son otros de los hitos del programa de Mediaset. En esas cenas a dos emitidas cada noche, citas a ciegas del restaurante que conduce Carlos Sobera desde abril de 2016, no solo se ha hecho entretenimiento televisivo sobre la búsqueda del amor, también se ha modernizado y normalizado el léxico sexoafectivo del siglo XXI y las múltiples formas de entender las relaciones amorosas o la vida diversa en sociedad.

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“El restaurante está para reflejar lo que pasa en la calle”, apunta Yolanda Martín Campayo, productora ejecutiva de Warner y directora del programa en su primera etapa. Sin límites de edad o de identidad sexual y de género entre los participantes, por el programa también han pasado solteros con síndrome de Down, discapacidad auditiva o visual o trastornos como asperger y autismo. Martín recuerda “con muchísimo cariño” la primera cita con síndrome de Down, la de María y Manolo. “El padre de María se emocionó muchísimo porque por primera vez podía verla hablando de sí misma ‘como las chicas de su edad’. Aquí no hemos tenido barreras desde el primer día”, destaca sobre esta apuesta por la visión inclusiva de la sociedad española.

Lejos de encerrarse en el obsoleto chico-conoce-a-chica y de la lógica por la competición amorosa cishetero entre jóvenes atractivos de otros programas de citas Mujeres y hombres y viceversa (Mediaset), Are you the one? (MTV) o Love is Blind (Netflix), en First Dates la transversalidad se visibiliza gracias a una característica edición en clave de tolerancia, respeto y un finísimo sentido del humor. “Pese a la edición, es poco artificioso. Es creíble y hace de espejo de todos”, defiende la escritora y periodista Anna Pacheco, fan del formato, y añade: “Tiene una sutil pedagogía sin ser moralista ni lacrimógena”. Pacheco se planteó “cosas que no había hecho hasta entonces sobre la comunidad oyente” en una cita que se desarrolló por lenguaje de signos y tiene grabado en su memoria el programa en el que “una señora andaba buscando a alguien que se pareciera a su marido muerto, no pedía más que eso”. Para la autora, todo este abanico de realidades, sin fronteras de género o de edad, son la clave de la conexión con el espectador. “Estamos todos ahí. Recuerdo una chavala que tal como vio a su cita dijo que no le gustaba porque tenía cara de pijo y no le gustaban los pijos. Pasan este tipo de situaciones: ‘Parece garrulo’, ‘es demasiado choni’, ‘me gusta porque tiene estudios universitarios’, ‘busco a alguien culto’ o ‘una viajada’, etc. Es muy interesante también ver estas tensiones de clase, constantes y muy representativas”.

Aunque las citas de First Dates suelen quedarse en diez minutos en el corte final, en realidad se sitúan entre la hora y hora y media de duración. Los daters se embolsan “una compensación simbólica” por el tiempo de grabación y en una jornada habitual, el equipo graba unos ocho encuentros de media. Un ritmo que no ha frenado ni la pandemia de coronavirus. Tras un parón derivado por el encierro inicial, ahora todos los participantes se someten a una prueba PCR antes de la grabación. “Más allá de reestructurar la producción, también ha afectado al tipo de conversaciones en las citas, ahora ya no hablan de sus viajes, ahora se centran más en sí mismos”, destaca Yolanda Martín sobre este nuevo paradigma. “La gente tiene ganas de tocarse y de conocerse mucho más que antes”, añade David Cardona, productor ejecutivo de Mediaset España.

El activista Carlos Barea, en una cita con Òscar, su cita en un progama de enero de 2021.
El activista Carlos Barea, en una cita con Òscar, su cita en un progama de enero de 2021.MEDIASET

Con el paso de los años, el programa ha desdibujado el objetivo amoroso y romántico de su semiótica para priorizar una diversidad conversacional que hace visible las realidades de sus participantes y el choque de estas con la propia del espectador. Si hay suerte, se llegará a una conexión positiva para seguir conociéndose (así ha sido en el 60% de los casos en estos cinco años), pero todo el mundo sabe que los flechazos, en realidad, son un buen cebo, pero es lo de menos en First Dates.

Con más de un centenar de trabajadores en plantilla, 15 personas se dedican única y exclusivamente a rastrear perfiles diversos por la red para invitarles a una cita y poder trasladar esa diversidad social a la pantalla. Así fue como contactaron con la activista anticapacitista Oyirun, una tarragonense de 23 años con atrofia muscular espinal que se ganó a la audiencia abogando por el “orgullo tullido” en su cita con Ariel, una artista trans no binaria. “Me encanta el salseo del programa, ya era fan, pero nunca imaginé participar. Me llegó un mensaje privado de un trabajador animándome a defender mi activismo desde un canal con mucha audiencia y me convenció. La recepción fue muy positiva y muy poco paternalista, que es lo que me suele pasar con mi activismo. Si ahora mismo no tuviese pareja, volvería encantada”, explica.

“First Dates es como los documentales de La 2, pero aplicado a la diversidad sexogenérica”, sentencia el escritor y activista LGTBIQ Carlos Barea, que también acudió por puro activismo cultural y por ganarle una batalla a la “homofobia interiorizada” que arrastraba a nivel personal. “La presencia de personas LGBTIQ en programas de televisión, series, cine o literatura debe de ser constante. Una vez que hemos dejado de ser invisibles no podemos permitir que nos vuelvan a ocultar”, reivindica, y aclara que él mismo le indicó al redactor que contactó con él que no tenía ningún interés en convertirse en un personaje público de por sí. “Me explicaron que el enfoque de mi cita iría encaminado a mi activismo cultural. Todo el proceso fue respetuoso, incluso el montaje, que es la marca de la casa, reforzó nuestra conversación activista”, añade y asegura que mantiene un contacto amistoso con Òscar, su cita en el programa.

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