Columna
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‘La muerte más cruel’, un documental imprescindible

Debería ser exhibido profusamente para tomar conciencia del inacabado drama vivido durante los últimos 12 meses

Hay documentales que deberían ser exhibidos en todos los colegios y en todos los centros donde se reúnen los jóvenes, además, naturalmente, de en las televisiones. La muerte más cruel, el documental realizado por Quality para EL PAÍS con motivo del primer aniversario de la pandemia del coronavirus es el ejemplo perfecto.

Y debería ser exhibido profusamente para tomar conciencia del inacabado drama vivido durante los últimos 12 meses, para ser conscientes de la irresponsabilidad ciudadana de las fiestas privadas, de las aglomeraciones a las puertas de los estadios, de la estupidez de los negacionistas, hijos directos de los terraplanistas, de las lamentables decisiones de algunos de los responsables políticos como Isabel Díaz Ayuso, que tiene la desfachatez de iniciar su campaña electoral con el lema “socialismo o libertad”, ¿libertad de morir los infectados en las residencias de mayores por las órdenes de la Comunidad que preside de excluir de los hospitales a los mayores de las residencias públicas?

Hablamos de más de 30.000 ancianos fallecidos por la pandemia, de los que 20.000 lo fueron en los cuatro primeros meses de la misma. El documental da voz a supervivientes, familiares de fallecidos, “mi madre nació entre bombas y murió en medio del silencio”, declara la hija de una de las víctimas, gestores de residencias, médicos, enfermeros, auxiliares, periodistas... a todos los que vivieron directamente la tragedia y con el complemento de los datos económicos: desde el incumplimiento de la proporción de personal cualificado por el número de residentes, a los insolidarios recortes presupuestarios en un país que invierte en la dependencia el 0,56% del PIB cuando la mayoría de los países europeos invierte el 2%. La muerte más cruel debería de ser de visión obligatoria.

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