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Qué sabe Google del presunto autor del incendio de Seseña (y de la mayoría de nosotros)

La compañía estadounidense puede resolver el caso de la quema de millones de neumáticos con la información que tiene sobre casi todos sus usuarios

Incendio en el vertedero de neumáticos de Seseña, el 13 de mayo de 2016.

El caso del incendio de millones de neumáticos en Seseña (Toledo) depende de Google. Hace tres años una enorme columna de humo ascendía desde un descampado entre el municipio madrileño de Valdemoro y la localidad toledana. El caso sigue sin estar resuelto a falta de que Google responda a una solicitud de hace más de un año del Juzgado número 7 de Valdemoro, según publicaba EL PAÍS el pasado domingo.

Esta petición sirve para entender mejor cómo funciona la colaboración habitual con la policía y los tribunales de una empresa que lo sabe casi todo de nosotros.

1. Por qué se recurre a Google en el caso de Seseña. Google es un recurso raro en España para localizar dónde están los presuntos delincuentes el día del delito. Hay una alternativa más cercana: "Muchas veces se acude a las operadoras. Con el identificador del terminal solicitas la triangulación con las antenas de telefonía móvil y como las prestadoras están en España te contestan más rápido", dice Sergio Carrasco, abogado de derecho tecnológico.

Pero en este caso las antenas no bastan. En zonas no urbanas la triangulación suele acotar solo radios de varios kilómetros. Es decir, el presunto autor podría haber estado al lado de los neumáticos o a cinco kilómetros de allí. Otra solución que dan las antenas es calcular cuánto ha tardado alguien en moverse entre dos puntos. El principal imputado del incendio tiene una coartada para explicar por qué estuvo tanto tiempo detenido entre dos antenas cerca del lugar del incendio: ese día, dice, paró a dormir "una hora y pico" en una gasolinera "que está a unos ocho o nueve kilómetros" del descampado, según publicó EL PAÍS en 2017.

Las antenas no aclaran, por tanto, si realmente estuvo durmiendo en la gasolinera o prendiendo fuego a los neumáticos. El siguiente paso es Google.

Ejemplo del Historial de Localización de Google. La información incluye el medio de transporte más probable y las direcciones donde el usuario se detiene.

2. Qué sabe Google de nuestra localización. Casi todo. Google tiene una herramienta que se llama historial de localización. Cada usuario debe activarla voluntariamente en su móvil, pero se pide muchas veces para mejorar las búsquedas, localizar fotos o navegar mejor por Maps. Si se consiente en su activación, Google es una memoria impecable de nuestra actividad: dónde ha estado el usuario, cuánto tiempo, cómo ha llegado allí. En la imagen de la izquierda se puede ver lo que hizo este periodista por Madrid el día del incendio de Seseña en 2016. Google aporta también una clasificación de los lugares más visitados por el usuario, es decir, la casa o casas, el lugar de trabajo... Es un modo perfecto de defender que alguien va mucho a ver a su madre o de saber cuál es su bar preferido. Es una biografía geográfica implacable.

Pero aunque no se active el historial de localización, Google también sabe. Según una investigación de la agencia AP en 2018, Google tiene otros métodos para conocer la localización de los cientos de millones de usuarios de sus aplicaciones: "Incluso con el historial de localización en pausa, algunas apps de Google automáticamente almacenan la localización con su fecha y hora sin preguntar", afirma la agencia. Este proceso es menos preciso, pero viene de serie y su bloqueo es engorroso. Es poco probable que el sospechoso del incendio de Seseña lo hubiera hecho. Si Google lo tiene o no, solo Google lo sabe.

3. Cuánto tarda Google en responder. Tarda mucho. Google podría fácilmente ayudar a resolver el caso. ¿Llegará a tiempo? Quién sabe. Si fuera en Estados Unidos, sería mucho más probable. En el primer semestre de 2018, Google recibió de España 1.098 solicitudes legales en las que se pedía información de 1.642 cuentas de usuarios. La empresa respondió al 49% de los requerimientos. En el mismo periodo de 2018, las autoridades de Estados Unidos recurrieron 20.936 veces a Google para pedir datos de 62.142 cuentas. La empresa entregó datos en un 82% de las veces.

El trámite legal para pedir información desde España es largo y requiere la intervención de la justicia estadounidense

La razón es sencilla: Google es una empresa estadounidense. El trámite legal para pedirles información desde España es largo y requiere la intervención de la justicia de su país: "Un Gobierno de otro país puede pedir al Gobierno de Estados Unidos que le ayude a obtener pruebas de entidades de Estados Unidos, incluidas empresas como Google. Si el Gobierno de Estados Unidos aprueba la solicitud, Google responderá", explica la web de la compañía.

"He tenido varios casos penales con peticiones a Google y no recuerdo haber usado información de su respuesta", dice David Maeztu, del bufete 451.Legal. El caso más reciente, una abogada lo reclamó tres veces "e incluso pidió al juez que impusiera una sanción a Google", añade. Pero en casi tres años no llegó nada: la sentencia ya está dictada y Google no respondió. En el caso de Seseña, por tanto, el plazo está aún dentro de lo razonable.

En Estados Unidos los plazos son mucho más cortos, incluso de semanas, según informaciones de medios locales que informan sobre crímenes que Google ha intentado ayudar a resolver. Tiene que ver, según Maeztu, con la capacidad coercitiva de las autoridades.

4. Cuándo opta por colaborar. Además de la petición a favor del Gobierno estadounidense, Google puede delimitar o retocar la petición o decir que no tiene esa información por algún motivo. Las peticiones a la empresa tecnológica pueden ser historial de navegación, actividad o contenido de una cuenta de e-mail, búsquedas recientes. La localización es solo una opción.

En casos graves como terrorismo o narcotráfico, Google suele estar más predispuesto.

En Estados Unidos, de nuevo, es distinto. La ayuda llega incluso en casos donde aún no hay sospechosos. Varios medios han informado de lo que llaman una petición "geolimitada". En robos de casas, incendios u homicidios, la policía pide a Google todos los rastros de los móviles que estaban dentro de una zona delimitada con unas coordenadas. Google responde con datos anonimizados. Si la policía descubre algún patrón delictivo o ve que hay algún número que estuvo antes en otro lugar sospechoso –gracias también a datos de Google–, pide más detalles de esos móviles. Si siguen viendo que puede ser de un culpable, piden finalmente la identificación del propietario.

En estas peticiones masivas, obviamente, la mayoría de los usuarios que aparecen son inocentes. Es una opción muy tentadora para la policía. Hay organizaciones de derechos humanos preocupadas por el excesivo uso de un principio básico de la relación entre la policía y las empresas tecnológicas: "Si lo haces, vendrán". Si las empresas tecnológicas tienen un sistema para rastrear, la policía acabará por llamar a su puerta para pedirlo. En España, de momento, la precisión aún depende de las antenas.