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La F-1 desata pasiones en Montjuïc

Se había dicho que era algo muy difícil de hacer, demasiado complicado, imposible. Pero era mentira. Otros lo han conseguido. Montjuïc resucitó ayer para el mundo de las carreras de coches sin hacer ninguna carrera. No hubo competición estricta, pero sí estuvo todo lo demás. Como si no hubieran transcurrido tres décadas: los coches, relucientes, casi mejores que antes (neumáticos lubricantes, restauraciones, etcétera); los hombres -algunos- con canas o sin pelo, pero ahí, con la misma mirada febril; y la gente, igual que antes: según estimaciones de la Guardia Urbana, unas 250.000 personas acudieron al parque de Montjuïc para disfrutar del día de carreras sin carreras, y sobre todo de la atmósfera. En este sentido, la receta Martini Legends funcionó a la perfección. Hasta los uniformes del personal de pista y seguridad parecían de la época, incluyendo unas chicas de la Cruz Roja aparentemente verdaderas. Casi un centenar de coches en liza, entre turismos, deportivos, monoplazas, prototipos de GT y Sport, antiguos, clásicos y modernos.