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Semana Santa en Madrid: liturgia y fuga colectiva

Es preciso reconocer que, para un buen número de madrileños, la Semana Santa es la menos santa de las semanas. En vez de aprovechar la ocasión para arrepentirse por las multas impagadas o por los esquinazos al cobrador de la luz, muchos desaparecen en Barajas y van a reaparecer en una playa, preferiblemente insular, preferiblemente solitaria; no hacen de su capa un sayo de estameña, como era de esperar, sino un bikini de lamé o preferiblemente una fina capa de crema bronceadora. Para la mayoría de los madrileños, la Semana Santa es una especie de Ramadán invertido: en lugar de concentrarse, se dispersan.