Esperar a que las mujeres se emborrachen para llevárselas a casa: el “truco” de Xokas puede ser un delito

El ‘streamer’ de Twitch emitió un directo en el que contaba que sus amigos “se divertían mucho llevándose a pibas que estaban colocadas”. Una relación sin consentimiento “sobre personas que se hallen privadas de sentido” está tipificada como abuso sexual

Xokas en una captura de su canal de Twitch, el 12 de abril de 2022.
Xokas en una captura de su canal de Twitch, el 12 de abril de 2022.ELXOKAS (TWITCH)

Ser hombre, salir, no beber y esperar que las mujeres que están en el mismo bar o discoteca o pub sí lo hayan hecho. Acercarse entonces, hablar y conseguir que se vayan con ellos: a su casa, a la de ella, al coche o donde sea. Esto es lo que ha relatado el twitchero Xokas, con más de un millón de seguidores en sus distintas plataformas, en un directo: “Yo tengo colegas que no beben y que eran así de ir a ligar con las pibas y que además se divertían mucho llevándose a pibas que estaban colocadas. Para él [su colega] era muy fácil ligar, porque, claro, una tía que generalmente te vería como un cuatro te ve como un siete [...], entonces es mucho más fácil, encima tú estás sereno, mides perfectamente tus palabras, chupao [...]. A tomar por el culo, salía a ligar, salía con nosotros y se iba con una piba siempre. Un crack, un fuera de serie, de puto pro. Es que esto... A río revuelto, ganancia de pescadores”.

Una ganancia que puede traducirse en hasta 10 años de prisión, porque ese comportamiento no es un truco para ligar, sino que puede constituir un delito. “Si un hombre abusa de un estado de inconsciencia o intoxicación en una mujer, encaja en un tipo penal de abuso sexual, constituye un delito”, sienta Lucía Avilés, magistrada y cofundadora de la Asociación de Mujeres Juezas. Lo recoge el artículo 181 del Código Penal.

“El que, sin violencia o intimidación y sin que medie consentimiento, realizare actos que atenten contra la libertad o indemnidad sexual de otra persona, será castigado, como responsable de abuso sexual, con la pena de prisión de uno a tres años o multa de dieciocho a veinticuatro meses”, dice la legislación. “Se consideran abusos sexuales no consentidos los que se ejecuten sobre personas que se hallen privadas de sentido [”colocadas”] o de cuyo trastorno mental se abusare, o así como los que se cometan anulando la voluntad de la víctima mediante el uso de fármacos, drogas o cualquier otra sustancia natural o química [la llamada sumisión química] idónea a tal efecto”, añade. Y, en todos los casos, “cuando el abuso sexual consista en acceso carnal por vía vaginal, anal o bucal, o introducción de miembros corporales u objetos por alguna de las dos primeras vías, el responsable será castigado con la pena de prisión de cuatro a diez años”.

Opiniones que llegan a muchísimos jóvenes


Ángela Rodríguez, secretaria de Estado de Igualdad, dice al teléfono que “lo más doloroso” del vídeo es que “es una persona cuyas opiniones les llegan a muchísimos jóvenes, esa es la información que reciben de la cultura sexual, la del Xokas, y no del instituto que es la que tendría que ser obligatoria”. Y Aurora Gómez, psicóloga experta en conductas digitales, del gabinete Corio, también apunta a ello: “No se ha enseñado el consentimiento. Las clases están enfocadas en el tema reproductivo. Pero lo más importante, el consentimiento, cuando se establece que una persona tiene anulada la voluntad y hay una asimetría evidente, ha quedado fuera”. Esto, añade, es más “peligroso” en tanto en cuanto lo está diciendo “un influencer”. “¿Pensamos que es broma? ¿Lo tomamos a la ligera? No deberíamos. Estos personajes tienen mucha influencia real, y el Xokas tiene un público mayoritariamente adolescente”.

No es solo Xokas, compañeros suyos de profesión, como ricky, otro “creador de contenido” en redes, con casi 300.000 seguidores solo en Twitter, ha posteado sobre esto. “Están llamando violador a Xokas por definir todas las discotecas del mundo a diario”, escribía hace unas horas en su cuenta. Es el concepto no solo de apropiación del cuerpo de las mujeres sino el de la privación de libertad para ellas y la responsabilización y culpabilidad por los actos de ellos. “Si no quieren eso, que no beban”, dicen usuarios y usuarias en comentarios en respuesta a ese vídeo en redes sociales.

A quienes llegan esos mensajes, y quienes los emiten, son jóvenes, adolescentes en muchos casos. Ven, escuchan, aprenden, normalizan y repiten. Ritxar Bacete, antropólogo y experto en nuevas masculinidades, explica que “ni Twitter ni YouTube ni Facebook crean cultura, sino que refuerzan los modelos ya existentes e insertan esos discursos en ellos”. La cultura de la violación “ya existe, con esto se multiplica”. Para él, la “gran pregunta”, la de siempre, “es dónde y cómo” se construye: “¿Dónde está la educación sexual, las políticas de igualdad que eduquen y acompañen a los hombres, a los chicos?”.

Cree que hasta ahora se está educando “desagregando lo relacional”, con unos parámetros que no inciden en lo afectivo ni lo sexual. “Chicas y chicos van a estar imbuidos e impactados por estos personajes con altavoz de una cultura y un contexto que valida la violencia. Y ojito con rasgarnos las vestiduras, que son las chicas y los chicos de nuestra cultura y nuestra sociedad, y esa la construimos todos y todas”, añade Bacete.

Los estudios de los últimos años van por ese camino y reflejan cómo entre la población masculina más joven ha habido un retroceso visible en igualdad. En septiembre, el último barómetro sobre juventud y género de la Fundación FAD Juventud [antes Fundación de Ayuda a la Drogadicción] reflejó que uno de cada cinco hombres de entre 15 y 29 años en España considera que la violencia machista no existe y que es solo un “invento ideológico”.

En febrero, el estudio más completo que se ha hecho hasta hoy, publicado en The Lancet, con la base de datos de la Organización Mundial de la Salud sobre la prevalencia de la violencia de género, cifró en el 27% la población femenina mundial entre 15 y 49 años que ha sufrido violencia física, psicológica o sexual por sus parejas en algún momento de su vida. Más de mil millones y solo son las agresiones contabilizadas dentro de la pareja y la expareja. Y en España, entre los delitos que más subieron el pasado año según el balance de criminalidad del Ministerio fueron los de tipo sexual.

Esas cifras reflejan la realidad —o parte de ella, porque se estima que solo se denuncia uno de cada tres ataques sexuales— y la estructura que la mantiene. “Lo que cuenta Xokas en su streaming es disfrutar y reírse de que una mujer va colocada y de que es más fácil tener sexo así. Eso no es tener relaciones sexuales, si una mujer no puede dar su consentimiento, si no hay un sí, hay violación. Y ese es el cambio fundamental del Código Penal que se recoge en la ley de libertad sexual”, apunta Rodríguez, la secretaria de Estado.

Ahora, la normativa establece que si una mujer está drogada, dormida o inconsciente por diferentes motivos y no es capaz de ejercer su voluntad, el ataque sexual será un abuso y no una agresión. La futura legislación (aún en trámite) propone esa modificación. Y no solo, porque actualmente hay otros impedimentos a la hora de probar, procesar y enjuiciar la violencia sexual. Alba Pérez, abogada y miembro de la Plataforma 7N contra las Violencias habla de la “dificultad de prueba”, es decir, probar que ha existido abuso o agresión cuando este tipo de delitos suelen darse en la intimidad.

“No es lo mismo dos personas que se van a casa después de haberse pasado toda la noche bebiendo, los dos, que un hombre que espera a que una mujer esté casi inconsciente para llevársela”, dice. Si ocurre lo segundo, “lo primero sería descartar drogas”, apunta la abogada. También insiste en que “hablar con el entorno de esa noche, si no se acuerda de nada o tiene lagunas, es importante”, testigos que puedan darle detalles de la situación y que puedan ayudarla a recordar para decidir cómo proceder.

Rodríguez hace también referencia, en ese sentido, a los centros de crisis: “Va a haber uno en cada provincia de este país, para que en el momento en el que una mujer se vea ahí, pueda acudir al centro para que la acompañen en todo el proceso de denuncia, si quieren hacerlo, y si no quieren denunciar, para la recogida de muestras biológicas para que cuando quieran, si quieren, lo puedan hacer. Ya sea a la semana o a los meses. Además de todo el acompañamiento en el proceso de recuperación, que no es solo policial sino psicológico y con intervención especializada para poder recuperarse”.

Gómez, la psicóloga, ve solo un lado “positivo”, “pero al menos uno”. Que ahora, “parte de la sociedad lo detecte tan rápido”.

Sobre la firma

Isabel Valdés

Corresponsal de género de EL PAÍS, antes pasó por Sanidad en Madrid, donde cubrió la pandemia. Está especializada en feminismo y violencia sexual y escribió 'Violadas o muertas', sobre el caso de La Manada y el movimiento feminista. Es licenciada en Periodismo por la Complutense y Máster de Periodismo UAM-EL PAÍS. Su segundo apellido es Aragonés.

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