La crisis del coronavirus

El Reino Unido duda de su estrategia de vacunación mientras se aceleran las muertes

1.820 personas han fallecido en las últimas 24 horas según el informe de este miércoles. La máxima autoridad sanitaria del país admite que vigilan de cerca la decisión de retrasar la segunda dosis de la vacuna

Viandantes en el puente de Westminster, en Londres, este miércoles.
Viandantes en el puente de Westminster, en Londres, este miércoles.HENRY NICHOLLS / Reuters

No existe un punto de no retorno en la estrategia contra el virus. Es un constante ensayo y error en el que la humildad científica prevalece sobre la soberbia política si es necesario corregir el rumbo. El Gobierno de Boris Johnson apenas disimulaba estos días su euforia ante lo que parecía su primer gran acierto durante muchos meses: más de cuatro millones y medio de personas vacunadas en primera dosis contra el coronavirus, en una campaña planificada con precisión militar. Las cifras de contagios y muertes tienen un ritmo vertiginoso: 38.905 infectados y 1.820 fallecidos este miércoles. En 24 horas se superaba el récord anterior de defunciones en más de 200 personas. Casi 40.000 camas hospitalarias permanecen ocupadas por enfermos de la covid-19. Ha sido el día escogido por Patrick Vallance, el asesor científico jefe del Gobierno, para admitir que debe analizarse “muy cuidadosamente” la decisión adoptada a mediados de diciembre, cuando se apostó por dar prioridad a la cantidad frente a la eficacia.

Por recomendación del Comité Conjunto de Vacunación e Inmunización (JCVI, en sus siglas en inglés), el Ejecutivo de Johnson decidió extender hasta 12 semanas entre la primera y la segunda dosis, frente a la recomendación de los laboratorios fabricantes de que no se superaran los 21 días. “Dado el alto nivel de protección que proporciona la primera dosis, nuestros modelos sugieren que vacunar inicialmente a un mayor número de personas con una única dosis evitará más muertes y hospitalizaciones que vacunar a menos población con dos dosis”. La comunidad científica se dividió ante la decisión, pero el Gobierno se vio reforzado, en una estrategia que tenía un alto componente de apuesta, por la autoridad emanada del JCVI. Con el ritmo de vacunación puesto en marcha, podría doblarse el número de vacunados con una sola dosis. Y la eficacia de esa primera inyección, aseguraban, se situaría a corto plazo en un 90%.

El asesor científico jefe del Gobierno del Reino Unido, Patrick Vallance, el pasado 10 de noviembre en Londres
El asesor científico jefe del Gobierno del Reino Unido, Patrick Vallance, el pasado 10 de noviembre en LondresJOHN SIBLEY / Reuters

La señal de alerta ha llegado de Israel, que lidera el ranking mundial de rapidez en la vacunación. Ran Ballicer, jefe de Innovación de Clalit, uno de los mayores proveedores israelíes de servicios de salud, ha explicado los resultados del primer estudio con datos reales sobre los efectos de la vacuna de Pfizer y BioNTech. “Hemos comparado a 200.000 personas mayores de 60 años que recibieron la primera dosis con otras 200.000 de la misma edad que aún no habían sido vacunadas”, ha contado Ballicer a Sky News. “A partir del día 14, se observó un descenso del 33% en infecciones en el primer grupo”. Son resultados preliminares, que necesitan una revisión académica por pares, y que tienen un campo de estudio muy limitado, porque en Israel sí se está suministrando la segunda dosis a los 21 días. Pero reflejan una eficacia muy inferior a la que anticipaban las autoridades británicas. De hecho, Vallance comenzaba este mismo miércoles a poner matices a la estrategia del Reino Unido. “No es lógico esperar ningún resultado en los primeros 10 días después de recibir la inyección”, explicaba. “Y sabemos que, en el mundo real, los resultados no son tan positivos como en los ensayos clínicos. Nuestra recomendación la hemos basado en una eficacia prevista del 89% después de los 10 primeros días, pero en la práctica no será tan alta, aunque tampoco tan baja como la sugerida [desde Israel]”, matizaba el científico británico.

El Gobierno de Johnson mantiene su optimismo, pero admite las dudas. “La pregunta más difícil, para la que todavía no tenemos respuesta, es cuál será el grado de protección de la vacuna para los grupos más vulnerables [con patologías previas], no solo para evitar que resulten infectados sino para que no desarrollen enfermedades graves”, ha reconocido el ministro de Sanidad, Matt Hancock.

El Reino Unido adelantó en casi un mes su estrategia de vacunación al resto del mundo, y ha ido aumentando a velocidad de crucero las cifras diarias, con cerca de 1.000 puntos de distribución por todo el país. Sin embargo, el anuncio de Pfizer de que ralentizaba temporalmente la producción de dosis ha puesto freno al ritmo. Si el pasado viernes recibieron la primera inyección cerca de 324.000 personas, el lunes apenas superaban las 200.000. Fuentes de Downing Street admiten que comienza a correr riesgo el objetivo público de tener vacunados a mediados de febrero a los 15 millones de ciudadanos más vulnerables. Al ritmo actual de nuevos infectados, el Gobierno de Johnson teme un posible “día antes del Armisticio” (en referencia a los miles de muertos en las horas previas al final anunciado de la I Guerra Mundial). La relajación de todos aquellos que reciban su primera dosis en los días posteriores, cuando sus efectos todavía no sean reales, puede provocar una nueva ola de infecciones y muertes que los hospitales británicos, al límite de su capacidad, difícilmente resistirían.

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