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Plácido Domingo encara el fin de su leyenda

El Teatro Real de Madrid se reunirá próximamente para decidir si el tenor cantará ‘La traviata‘ en mayo como estaba previsto

Placido Domingo
Placido Domingo, en 2016, durante un concierto en Viena. AFP

Una hora y 20 minutos de aplausos. A saber si estos días Plácido Domingo se acuerda de cuando logró el consenso más largo de la historia. Sucedió en 1991: después de asistir a su Otelo, el público de la Ópera de Viena se entregó a la celebración del tenor durante 80 minutos. A la sazón, hacía tiempo que ya era una estrella, de ahí que ese récord se amontonara sobre muchas medallas. Bajo la luz —y las sombras— de hoy, sin embargo, la marca adquiere un significado inesperado: el divo más aplaudido ha pasado a ser el más cuestionado. Y, ahora, a aceptar la responsabilidad por los casos de acoso que se conocieron el pasado verano.

Una investigación del sindicato estadounidense que representa a los artistas de ópera ha concluido que el tenor acosó sexualmente a varias mujeres y abusó de su poder cuando ocupaba la dirección de la Ópera Nacional de Washington y la de Los Ángeles, según informó este martes la agencia AP. Al tiempo, es decir, con argumentos meditados por su parte, se hizo público un comunicado por parte del músico. En el mismo, pide perdón, según sus palabras, “por el dolor” que causó y acepta toda la responsabilidad. “Entiendo ahora que algunas de esas mujeres pudieran tener miedo para expresarse sinceramente porque les preocupaba que sus carreras se vieran afectadas”, dice.

El caso llega así a su primera conclusión, más de seis meses después de su estallido. El pasado agosto, ocho cantantes y una bailarina —entre las que solo Patricia Wulff dio su nombre— acusaron a Domingo, de 78 años, de casos de acoso sexual que empezaron en los ochenta y duraron tres décadas, según sus testimonios, también recogidos por AP. Sostuvieron que usó su poder para lograr relaciones con ellas y dañó la carrera de quien se resistía. Entonces, el músico también respondió con un comunicado, aunque de tono muy diferente. Definió las acusaciones como “preocupantes e inexactas” y agregó: “Reconozco que las reglas y valores por los que hoy nos medimos, y debemos medirnos, son muy distintos de cómo eran en el pasado. Me ceñiré al más alto estándar”.

Aquellas primeras denuncias, a las que siguieron otros 11 testimonios parecidos, abrieron una brecha en el mundo de la ópera: a un lado, los que atacaban a Domingo. Al otro, sus acérrimos defensores. El sindicato de EE UU anunció la investigación que ahora ha concluido, a la par que la Ópera de Los Ángeles, cuyos resultados aún se desconocen. Domingo fue director general de esa institución desde 2003 y hasta que dimitió en octubre, precisamente por las presiones de este escándalo. Desde ese mismo agosto, y a lo largo de los meses, varias óperas de EE UU (Filadelfia y San Francisco, entre ellas) cancelaron sus actuaciones, mientras que la mayoría de teatros europeos optó por lo contrario: en Salzburgo o en el Palau de les Arts de Valencia, el tenor salió ovacionado. La polémica se repartía entre dos bloques claros: Europa y América del Norte.

El Teatro Real también emitió un comunicado en su defensa y varias artistas españolas se lanzaron a protegerle y alertaron del riesgo de manchar al mejor tenor de la historia, como proclamó una encuesta de la BBC. La reacción de este martes cambia por completo la situación. Ahora más que nunca el mito encara el posible final de su carrera. Pero para eso también deben decir algo los teatros en los que tiene compromisos este año. Para empezar, el Real de Madrid, donde Domingo debe cantar La traviata en mayo. Ha sido de las instituciones más beligerantes en su defensa. Este martes, en cambio, anunció que tenía previsto reunirse próximamente para tomar una decisión.

Salzburgo es otra plaza que rindió tributo al cantante a lo largo de 2019. No se han pronunciado acerca del programa de este 2020. ¿Renunciará el músico a sus compromisos, como hizo en el Metropolitan de Nueva York cuando estalló el escándalo? ¿O los cancelarán ellos?

En conversaciones con una decena de trabajadores del sector en España, queda claro que su pasión por “el flirteo y las mujeres” era vox populi. Sin embargo, todos insisten en que el músico nunca sobrepasó los límites de la seducción. Lo cierto es que el escándalo ya ha dado la vuelta al mundo. Inevitable, para todo un icono de la ópera. Mientras el siglo XX desfilaba y el XXI movía sus primeros pasos, Plácido Domingo permanecía ahí: ha conocido a cuatro papas, entonado La marsellesa en la toma de posesión de François Mitterand en 1981, puesto una estrella en el paseo de la fama de Hollywood y asistido a todos los mundiales de fútbol desde 1974 y ha sido el único tenor que ha aparecido representado en Los Simpson.

Ha superado tragedias, como el terremoto de 1985 en México, en el que perdió a varios familiares, o un cáncer de colon; ha acumulado alegrías en todo el planeta entre premios, más de 100 discos, unos 150 papeles y casi 4.000 representaciones. En 2011 envío “por primera vez” una carta al director de un diario (The Washington Post), para quejarse de una crítica que consideró abiertamente hostil. Y, como buena leyenda que se respete, su biografía no renuncia a la niebla. Hay quien pone en duda hasta su fecha de nacimiento: 21 de enero de 1941, en la calle Ibiza de Madrid.

A partir de ahí, Domingo despegó deprisa hacia el firmamento. Hijo de Plácido y Pepita, ambos cantantes de zarzuela, con menos de 20 años ya sumaba las experiencias de un veterano: un debut como barítono y otro como tenor en México (adonde se había mudado su familia), varias noches como pianista en tugurios para ganarse la vida, dos matrimonios —el segundo, con Marta Ornelas, continúa todavía— y un vástago. Había soñado con ser torero y futbolista, pero finalmente ganó la música. Más adelante también renunció a la escalada a la alcaldía de Madrid.

En la ópera, en cambio, ha hecho cumbre en las cimas más altas: completó más de una vez el Grand Slam (Londres, París, Nueva York, Viena y Milán), enamoró a las masas junto con Carreras y Pavarotti y, gracias al concurso Operalia, que creó en 1993, ha lanzado a más de 200 artistas.

No por nada, celebró su 70º cumpleaños en el Teatro Real y el 75º en el Santiago Bernabéu. Allí, le volvieron a aclamar miles de fans, amigos y músicos conocidos. El 80º le toca en enero próximo y en la última entrevista que ofreció a EL PAÍS dejaba entrever que iba a pasarlo en Madrid y aprovecharía la ocasión quizás para decir adiós. La noticia que saltó ayer puede que adelante los planes y la celebración tome otro cariz. Ahora, por primera vez, la oda de elogios desafina. Y el cantante rey de los récords en la ópera afronta algo inédito: un coro de voces levantado en su contra que escapa a su control.

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