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Tres temporales “históricos” en apenas nueve meses, ¿una nueva normalidad?

Los meteorólogos subrayan la excepcionalidad de Gloria y se preguntan si esta acumulación de episodios, más virulentos que nunca y fuera de temporada, se debe al cambio climático

Temporales
Una pareja corre tras hacerse un selfie mientras pican las olas en el espigón del Bogatell de Barcelona el pasado 23 de enero.

La borrasca Gloria, que dejó 13 muertos, cuatro desaparecidos y daños multimillonarios, ha batido casi todos los récords meteorológicos posibles. Llueve sobre mojado. Echando la vista atrás, en los últimos nueve meses el área mediterránea ha sufrido tres temporales calificados de "históricos" por la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), que subraya que "cada uno de ellos por separado fue sin precedentes", de modo que la suma de los tres en un periodo tan corto ha disparado las alarmas. Los meteorólogos se preguntan si el padre de estos tres demonios es el cambio climático y si la acumulación de fenómenos más virulentos que nunca y fuera de temporada es casual o debemos asumir que estamos ante una "nueva normalidad", en palabras del experto Ángel Rivera, con 40 años de experiencia como jefe de predicción primero y como portavoz de Aemet después.

La agencia constata que el Mediterráneo español sufre, desde hace varios años, "temporales sin precedentes" y pone el punto de inflexión en las nevadas de enero de 2017, a las que siguieron el récord estival de descargas eléctricas de 2018 y la riada de Sant Llorenç (Mallorca) con 13 muertos de octubre de ese mismo año. Sin embargo, "a partir de 2019, la frecuencia e intensidad de estos fenómenos parece haberse disparado", subraya. El primero de esta cadena de fenómenos fue el temporal de Semana Santa en el sureste: "llovió, en tan solo cinco días, cinco veces más de lo que suele llover en todo un mes de abril típico y el doble de lo que suele llover en una primavera estándar".

Cinco meses más tarde, se produjo la Dana de septiembre de 2019, que supuso la muerte de siete personas como consecuencia de las lluvias torrenciales. "Fue el episodio de precipitación más importante en Murcia de al menos los últimos 50 años y en la comarca alicantina de La Vega Baja al menos desde 1879, con un 39% más de precipitación que el siguiente en volumen".

Y cuatro meses después, llegaron Gloria y el superanticiclón de las islas británicas, que batieron el récord de nevadas (86 centímetros en la localidad castellonense de Vilafranca), de altura de olas (14,2 metros), de lluvia caída en 24 horas en enero (siete estaciones acumularon más de 300 litros por metro cuadrado, con 433 en la localidad valenciana de Barx, el cuádruple de lo normal para todo un mes de enero) y de número de rayos (3.035 en la Comunidad Valenciana).

"Este tipo de temporales mediterráneos forman parte esencial del clima del Levante, Cataluña y el sur de Andalucía", reconoce Rubén del Campo, portavoz de Aemet, pero añade que se están observando peculiaridades inquietantes. "Cada vez son más frecuentes, más violentos y se producen fuera de temporada", coinciden Rubén del Campo y Ángel Rivera. A ambos expertos les llama mucho la atención que Gloria haya sucedido en pleno mes de enero y que las lluvias de Semana Santa de 2019 fueran en primavera. "Son temporales más propios de otoño por la cantidad de lluvia y por el componente tormentoso, esto hace 15 años no pasaba", advierte Rivera. "Cada uno de los temporales es excepcional a su manera y si se juntan tres en nueve meses es excepcionalmente excepcional", añade Del Campo.

¿Quiere esto decir que temporales así de intensos se van a repetir cada cuatro o cinco meses? El veterano meteorólogo Francisco Martín, coordinador de la revista RAM Meteorología y que trabajó 36 años en la Aemet, tranquiliza al contestar que cree no. "Los fenómenos extremos tienen una gran variabilidad y mucha incertidumbre. Lo que nos está diciendo la atmósfera es que estamos entrando en un ciclo donde hay cierto grado de inestabilidad que no había antes, lo que no significa ni mucho menos que nos tengamos que someter cada pocos meses a lluvias intensas. Los datos climatológicos de fenómenos extremos hay que leerlos con mucho cuidado", advierte. El portavoz de Aemet añade que "no se puede afirmar nada concluyente", ya que se desconoce si esa acumulación de fenómenos es "un hecho puntual" o va a seguir ocurriendo.

¿Son atribuibles a la mano del hombre? Según Del Campo, lo ocurrido estos últimos años es "coherente con lo que pintan los distintos escenarios de cambio climático, que avisan de fenómenos adversos cada vez más frecuentes e intensos", así como de su alternancia con periodos de sequía más fuertes —el invierno pasado fue de muy seco a extremadamente seco en las distintas zonas del área mediterránea—. Pero, a renglón seguido, subraya que para "asignar las responsabilidades al cambio climático" se requiere "un estudio más complejo y extenso de atribución". En problema es que en España, salvo en contadas ocasiones como la tempranera ola de calor de junio de 2019, no hay capacidad para llevar a cabo análisis de este tipo, en los que se ponen a correr modelos climáticos y se analiza la probabilidad de que esto hubiera ocurrido con o sin los niveles actuales de C02.

Francisco Martín -que subraya que es indudable que el clima es más cálido y que el Mediterráneo está más caliente, lo que da combustible a los fenómenos- compara la situación "con un puzle de teselas, donde ves que en una zona aparece la C, en otra la A, y se puede leer camb clim, pero el mosaico tiene aún muchas lagunas". "Todo parece indicar que detrás de estas tendencias hay un culpable, pero hay que estudiarlo", concluye.

Ángel Rivera apunta que hay varios grupos de investigación como el de la Facultad de Físicas de la Complutense, el de la Universidad de Castilla-La Mancha y el de Vigo, pero disponen de escasos recursos. El meteorólogo cree es un" asunto prioritario" y que "España debe hacer un mayor esfuerzo investigador", por lo que reclama a los ministerios de Transición Ecológica, de Ciencia y de Universidades que pongan en marcha un plan de acción, en el que coordinen y lideren a un equipo compuesto por universitarios y expertos de Aemet para investigar "las causas dinámicas profundas" de estos temporales y dar respuesta a estas cuestiones más allá de las impresiones personales.

"Para que se produzcan este tipo de fenómenos tan violentos tiene que haber un buen mecanismo que los alimente y el mejor es el aire cálido y húmero, el de tipo subtropical", explica Rivera, que tiene la impresión de que cada vez remonta más al norte y afecta más a la Península y Baleares. "España, que tenía un clima de latitudes medias, está yendo a otro subtropical cuanto menos, cuando no tropical", afirma, para planear "entre interrogaciones" la hipótesis de que estos temporales extraordinarios pueden haberse convertido en "una nueva normalidad". "Pero lo que en principio es una percepción se tiene que demostrar científicamente, porque si este es el camino que va a tomar la atmósfera, esto condiciona la respuesta que hay que dar desde el punto de vista ambiental, de protección civil, económico y urbanístico. No se puede manejar una nueva situación con conceptos de los años sesenta o setenta", advierte.

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