La crisis del coronavirus

Lecciones de la vacunación aprendidas en el Reino Unido y Estados Unidos

1,6 millones de personas han recibido la inmunización ya en los dos países, pero se avanza a menor velocidad de lo prometido

Una estudiante de Medicina administra la vacuna de Pfizer, el día 16 en un hospital de Indianápolis, Indiana.
Una estudiante de Medicina administra la vacuna de Pfizer, el día 16 en un hospital de Indianápolis, Indiana.BRYAN WOOLSTON / Reuters

Key Gallwey, una pintora de 84 años, fue de las primeras en acudir el 8 de diciembre, en una mañana de frío y neblina, al hospital Royal Free London para recibir la inyección inicial de la vacuna de Pfizer y BioNTech. “¿Que si me arrepiento? ¡Por favor, en absoluto! Me siento mucho más segura ahora, y he comenzado a reunirme en pequeñas burbujas con otras personas que también se la han puesto, o que han pasado la enfermedad y tienen anticuerpos”, cuenta a EL PAÍS. Ya le han citado el 5 de enero para la segunda dosis. Un poco más tarde de los 21 días que recomienda el fabricante, pero no demasiado.

El Gobierno británico anunció el 24 de diciembre que más de 600.000 ciudadanos habían recibido ya la vacuna. Todos son personas de más de 80 años, muchos de ellos en residencias, así como el personal sanitario que está en primera línea de la batalla contra el virus. Se tardó más de una semana en comenzar a distribuirla en las residencias, a pesar de que eran la principal prioridad. La complicada logística necesaria para transportar un medicamento que necesitaba mantenerse a 70 grados bajo cero y que, en la primera distribución, contenía 975 dosis por caja-nevera, obligó a las autoridades a diseñar y aprobar un modo de fraccionar con seguridad las dosis. La mayoría de residencias (unas 2.900, solo en Inglaterra) apenas tienen 40 o 50 camas, y se corría el riesgo de malgastar muchas dosis.

Hay cerca de 500 puntos de vacunación en todo el Reino Unido, y la mayoría (414) están en Inglaterra. Se han levantado grandes instalaciones provisionales en estadios y edificios de convenciones, pero la mayoría de la distribución se realiza en hospitales y centros de salud. En estos últimos reside el principal problema, porque la vacuna no ha llegado aún en muchos casos. En los hospitales, solo el 42% (57) de los 135 preparados para la campaña han recibido las dosis previstas. “Necesitamos que lleguen ya millones de dosis, de modo urgente. Es la prioridad número uno de muchos médicos de cabecera, de sus pacientes y de todo el país, sobre todo después de la aparición de la nueva cepa del virus”, exigía esta semana Richard Vautrey, el presidente de la comisión de facultativos de familia de la Asociación Médica Británica.

El Ejecutivo aseguró en un principio que llegarían al Reino Unido cinco millones de dosis de la vacuna antes de fin de año. Se transporta desde las instalaciones de Pfizer en Puur (Bélgica). Ante el colapso provocado en el Eurotúnel, después de que Francia ordenara durante 24 horas su cierre para evitar la entrada al continente de la nueva variante del virus, Downing Street aseguró que tenía preparados aviones militares para que no se interrumpiera la operación de transporte. Lo cierto es que el Gobierno ya no indica cuántas dosis han llegado —y llegarán— en 2020.

En los últimos días, el ex primer ministro Tony Blair ha introducido cierto grado de polémica al sugerir que las autoridades sanitarias no deberían retener la mitad de las dosis disponibles para proporcionar a los pacientes la segunda inyección prescrita por Pfizer. “Requiere dos tomas, pero la primera ya proporciona una inmunidad notable (…) Deberíamos considerar el uso de todas las dosis disponibles en enero”, escribía Blair en el diario The Independent, en defensa de una aceleración de la campaña. La comunidad científica, sin embargo, ha respondido con escepticismo, aunque algunos, como David Salisbury, exdirector de Inmunizaciones en el Ministerio de Salud, han respaldado la propuesta del político. Pero otros expertos han señalado que los ensayos de Pfizer se realizaron sobre la base de una doble toma, y no está tan clara la eficacia (que algunos sitúan hasta en un 80%) de una sola inyección. Además, el principal problema, al ritmo que se despliega la campaña, no es tanto de escasez (en breve se dispondrá, probablemente, de la vacuna desarrollada por Oxford-Astrazeneca) como de una logística de distribución que debe seguir ajustándose para que llegue a todos los puntos previstos.

Demoras en la notificación en EE UU

Más de un millón de personas en Estados Unidos habían recibido su primera dosis el 23 de diciembre. El dato, aunque puede ser algo corto por demoras en la notificación de los estados, indica que será muy difícil cumplir la meta anunciada por el Gobierno federal de administrar 20 millones de dosis antes de 2021. Haría falta poner cada día hasta el 31 de diciembre más del doble de inyecciones de las que se han puesto en total en los nueve primeros días.

Estados Unidos empezó a administrar la vacuna de Pfizer y BioNTech el 14 de diciembre y, una semana después, se empezaba a inyectar la de Moderna. Tienen prioridad en recibirlas los trabajadores sanitarios de primera línea y residentes en geriátricos. En un vastísimo país de casi 329 millones de habitantes, dividido en 50 estados con competencias en sanidad, que atraviesa una devastadora ola de una pandemia que ha dejado más de 330.000 muertos, la vacunación plantea un reto colosal.

El Gobierno federal, que centraliza las compras y reparte, aseguraba haber distribuido antes del día de Navidad 9,4 millones de dosis a los estados. El reparto se hace de manera proporcional a la población. Pero numerosos estados se quejan de que no han recibido las dosis prometidas. Pfizer aseguró el 18 de diciembre que tenía millones de dosis preparadas, listas para distribuir, pero que nadie en la Administración federal les había dado instrucciones sobre dónde enviarlas.

La recepción de la vacuna es solo una parte del desafío. Se requiere que los hospitales se abastezcan de jeringuillas y otros materiales, y que dispongan, en el caso de la vacuna de Pfizer y BioNTech, de cámaras para temperaturas ultrabajas. En algunos estados, como en Georgia, los trabajadores de primera línea han tenido que viajar hasta 40 minutos en coche para recibir sus dosis en hospitales que cuentan con ese equipamiento.

Pero quizá el principal reto es la reticencia de la población. Casi cuatro de cada 10 estadounidenses aseguran que no se pondrán la vacuna, según una encuesta de Pew Research de noviembre, lo que pone en peligro el objetivo de la inmunización colectiva.

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