JUEGOS DE MESA

El Monopoly anticapitalista

Dos sociólogos franceses triunfan con un juego de mesa en el que critican la lucha de clases y la creciente desigualdad

Los sociólogos Michel y Monique Pinçon-Charlot, con el juego de mesa que han creado.
Los sociólogos Michel y Monique Pinçon-Charlot, con el juego de mesa que han creado.Eric Hadj Eric Hadj

En sus orígenes, a principios del siglo XX, el Monopoly era una crítica a la especulación con las propiedades y a la acumulación de riqueza. Pero el paso del tiempo fue diluyendo su mensaje y se convirtió en un inocente juego de mesa con el que pasar la tarde dejando en bancarrota a amigos y familiares. En el caso del juego Kapital!, publicado por la editorial La Ville Brûle, que ha vendido más 25.000 copias en Francia, es difícil que el mensaje anticapitalista se diluya. Su subtítulo es bien claro: “¿Quién ganará la guerra de clases?”.

El juego, que se presenta en una caja rojo intenso, ha sido creado por la pareja de sociólogos Monique y Michel Pinçon-Charlot, que han dedicado su carrera al estudio de la desigualdad, las relaciones de clase y al estilo de vida de los ricos en sus propios ámbitos, las villas, los clubs privados, los viñedos o los castillos. “Creamos este juego de mesa como una forma de comprender el origen de las desigualdades sociales y económicas que se han vuelto enormes e inaceptables”, dicen desde París. A juicio de estos estudiosos, la “lucha” de clases se ha transformado en una verdadera “guerra” en la Francia de Emmanuel Macron y el juego va en perfecta consonancia con los tiempos en los que vivimos. Según un reciente informe de PWC y UBS las grandes riquezas, pasado el primer golpe de la pandemia, aumentaron un 27,5% entre mayo y julio. Y se alcanzó un récord de milmillonarios: 2.189 personas en el planeta Tierra.

En Kapital!, el que dicen ser el primer juego de “sociología crítica”, a uno le toca ser dominador o dominado según decida el azar de los dados y su objetivo es acumular el máximo de riqueza y llegar al ansiado “paraíso fiscal” que culmina el juego. Durante la peripecia, a través de 82 casillas que representan la esperanza de vida media en Francia, el jugador va ganando y perdiendo los diferentes tipos de capital que estableció el también sociólogo francés Pierre Bourdieu: capital económico, capital social, capital cultural y capital simbólico (el que se destila de tener un título rimbombante, unas aficiones sofisticadas o una casa lujosa). “Acaparando todos esos tipos de capital y todo el poder ligado a ellos, los capitalistas no solo explotan la fuerza de trabajo de los seres humanos, también saquean la naturaleza, el bien común a todos los humanos, para su propio beneficio”, opinan los sociólogos; “los superricos no son un problema, ¡son una catástrofe planetaria!”.

También como en la vida misma, los poderosos lo tienen mucho más fácil para ganar sobre el tablero. A través de las tarjetas que se van leyendo en el juego tenemos la oportunidad de entender cómo se justifica la desigualdad como algo natural, cómo se mercantiliza el mundo, cómo operan la solidaridad de clase y las privatizaciones o cómo es el ambiente en los clubes de yates y otros ambientes selectos. Algunas tarjetas proclaman la huelga general: los ricos pierden capital económico. Si la tarjeta llama a la revolución, la riqueza se redistribuye equitativamente entre los jugadores. Todo acompañado por el diseño gráfico del dibujante de cómics Étienne Lécroart. Según la revista francesa Les Inrockuptibles, este juego es “un delicioso regalo envenenado para tu amigo de derechas”. “Queremos que la gente entienda, con una cierta alegría, que en la fase neoliberal y financiera del capitalismo estamos en una guerra de clases que libran los más ricos contra los pueblos”, explican los Pinçon-Charlot.

También pretenden destapar “la verdad de la violencia de los ricos, que los 10 multimillonarios que en Francia controlan el 90% de los medios y buscan esconder aquella con manipulaciones ideológicas y lingüísticas”. Aunque se ha repetido hasta la saciedad que las clases no existen, que solo hay clase media y que por tanto no hay nada semejante a la lucha de clases, la cosa no está tan clara. Los Pinçon-Charlot están convencidos de lo contrario, pero también uno de los hombres más ricos del mundo, el inversor Warren Buffett, lo reconoció: “Claro que hay una lucha de clases, pero es mi clase, la clase de los ricos, la que está librando esta guerra. Y la estamos ganando”.

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