La crisis del coronavirus

“Si ligo con alguien esta noche me lío con ella. El virus no me asusta”

Viernes noche en Madrid: litronas compartidas al raso en grupos pequeños, pocas mascarillas y menos discotecas. Varios rebrotes ponen el foco sobre los jóvenes, que relajan las normas cuando salen con sus amigos

Un grupo de chavales baila y hace botellón en los jardines del templo de Debod, el pasado viernes.
Un grupo de chavales baila y hace botellón en los jardines del templo de Debod, el pasado viernes.DAVID EXPOSITO

Una discoteca en Córdoba, una fiesta en Zarautz (Gipuzkoa), una celebración en la playa en Vilassar de Mar (Barcelona)... En la última semana, varios rebrotes han puesto el foco sobre los jóvenes. De hecho, Fernando Simón les pidió el pasado jueves que traten de divertirse en grupos más pequeños y de no mezclarse con otros grupos. Un recorrido nocturno el pasado viernes por los lugares de ocio de los chavales en la capital ofrece algunas pistas: muchos han perdido el miedo al virus y relajan las normas cuando están con sus amigos —no usan mascarilla, comparten la bebida— y pocos renunciarían a compartir fluidos con un extraño por culpa de la pandemia, aunque en general se juntan en grupos pequeños y evitan las aglomeraciones.

20.00. Parque Madrid Río

Grupos de chavales se reúnen al atardecer en el césped de Madrid Río junto al centro cultural Matadero. Uno de ellos es el formado por Alexandra, Alba, Carmen, Álvaro y Virginia, todos de 17 años, que charlan sobre chupetones -tema adolescente por excelencia- sentados en una sábana. Nadie se tapa la boca. “Estamos preocupados por el virus. Ya no hacemos botellón, como mucho fiestas en casa, y solo gente que nos conocemos”, dice Alexandra, que lleva unos shorts y una camiseta que deja ver su ombligo. “Yo creo que sí se respetan las normas, el jueves no fue nadie a Cibeles a celebrar la liga del Madrid”, tercia Álvaro. “Con los desconocidos solemos guardar las distancias”, apunta Alba. “Nos echan la culpa siempre de todo, pero nadie habla por ejemplo de los abuelos que hacen aglomeraciones en la playa aunque no puedan entrar”, dice Carmen.

María, Elena, Rubén y otras cinco amigas de Zaragoza de entre 26 y 27 años se sientan más allá, charlando cerca y sin mascarilla, mientras beben latas de cerveza. “Creo que la mayoría de los jóvenes no cumple las normas”, arranca María. “Ya no hacemos botellón e intentamos estar siempre al aire libre, aunque es verdad que estamos muy juntos”, comenta Elena. “No tendría problema en liarme con alguien que conociera una noche, aunque al no salir de fiesta es más difícil. Eso sí, Tinder está a tope”, añade. “Los jóvenes hacemos más cosas por la noche, quizá hay menos miedo y más inconsciencia. Yo no voy a pensar que me voy a morir y desde ese punto de vista egoísta pasas un poco más de las normas”, señala Rubén.

En el skatepark cercano al Matadero la cosa cambia. Guzmán, Miguel y Luis y otros colegas -de 19 a 22 años-, se apoyan en la valla mientras se pasan de unos a otros un porro y una litrona. “No llevamos mascarilla porque estamos haciendo deporte”, se lanza Guzmán, sin camiseta, tras apurar un trago de cerveza. “Compartimos el litro porque todos nos conocemos, aquí la gente se junta solo con su grupo”, añade Miguel. “En una discoteca la gente se pega más, pero aquí solo estamos con quienes conocemos”, tercia Luis. En otro grupo se encuentran Bruno y Jorge, de 17 años. “Aquí nadie se pone la mascarilla, pero nos la ponemos al salir. Y cada uno tenemos nuestra botella”, dice Bruno. “Me liaría con alguien que conociera el mismo día, no está la cosa para decir que no”, señala Jorge.

21.30. Jardines del templo de Debod

En la oscuridad del parque junto al templo de Debod, un grupo de unos 25 chavales de entre 16 y 30 años bebe cerveza y calimocho y charla en corrillos. El trasiego de un corro a otro es constante. Algunos bailan al ritmo de un altavoz. Varios están borrachos y, con cada trago, se relajan las normas. “Los jóvenes no tenemos más culpa que los demás. Tenemos derecho a salir. Si alguien no se quiere contagiar, que no salga, pero que no nos impida ser felices. No voy a dejar de salir con mis amigos por el coronavirus”, se arranca Hades, de 17 años, que debe su nombre al amor por la mitología griega de su madre. “Si conozco un rollo de una noche me liaría con ella, no está el mar para tirar peces”, continúa este estudiante que viste todo de negro, lleva pantalón largo y mascarilla —que no usa— a juego.

Junto a él está Dani, de 18 años. “El litro lo compartimos entre dos o tres, pero nos conocemos todos”, se justifica. “Nos han dejado encerrados dos meses y estábamos deseando salir a la calle. Pero también se ven abuelos que llevan la mascarilla en la barbilla en el metro”, continúa. Y Jaxon Navarrón, mexicano de 21 años, de aspecto gótico, ha perdido el miedo a la pandemia: “Trabajo en un tanatorio, he tratado con la muerte y he aprendido que la vida no vale nada si no se la disfruta”, explica mientras le pasa un litro a un colega. “Si ligo con alguien esta noche me lío con ella. El virus no me asusta”, añade el joven, que lleva una mascarilla de guerra con pinchos que parece sacada de la película Mad Max.

“Es injusto que culpen a los jóvenes de los rebrotes, veo gente sin mascarilla de todas las edades, aunque es verdad que en los bares y estando con colegas es más fácil quitártela”, señala Leyre Díaz, de 18 años. “Al principio cumplíamos más las normas, pero está claro que se ha perdido mucho el miedo y nos hemos relajado”, dice su amiga Sara Martínez, de 17. Díaz puntualiza: “Es cierto, hay menos miedo, pero con los rebrotes puede volver. Yo intento no acercarme mucho a las personas mayores de la familia. Si te la cargas, te la cargas tú sola”. Algunos de ellos continuarán la fiesta en pubs de Argüelles, mientras otros se irán a casa.

23.00. Barrio de Malasaña

La mayoría de las plazas de Malasaña, una mítica zona de marcha de la capital, están invadidas por las terrazas. La presencia policial disuade de hacer botellón, aunque pueden verse pequeños grupos bebiendo latas de cerveza. Cuando suben los efluvios alcohólicos van desapareciendo las mascarillas de quienes caminan por la calle. En la plaza del Dos de Mayo hay una decena de estudiantes universitarias que charlan sentadas en el suelo, todas sin cubrirse la cara. “Obviamente, los jóvenes cumplimos menos las normas. Pero también mucha menos gente va a las discotecas. Creo que era innecesario abrirlas”, comenta Clara, de 20 años. “No solemos hacer botellón en la calle, pero sí intentamos hacer fiestas caseras. Realmente juntarse en una plaza es igual que hacerlo en una terraza de un bar, pero todas están llenas”, sigue. “Me podría liar con alguien que conozco, pero no con un completo desconocido”, dice sobre esa cuestión.

Medianoche. Barrio de Lavapiés

En la plaza Nelson Mandela, en Lavapiés, uno de los barrios famosos por eso que llaman la multiculturalidad, los grupos de chavales sentados también son reducidos. Huele a marihuana por todas partes. Álex, Carlos, Ana, Guille, Elena y María, de 22 a 25 años —unos universitarios, otros trabajan—, comparten dos litros de cerveza. Ni rastro de mascarilla. “Nos pasamos el litro porque somos conocidos, aunque sabemos que está mal”, se justifica Ana. “Pero es la primera vez que salimos de fiesta por Madrid desde el confinamiento. Teníamos muchas ganas. Luego vamos a ir a bailar a algún pub”, señala Álex. “No tendría problema en un lío de una noche”, dice Elena. “Es verdad que se le está perdiendo el miedo al virus, da cosilla. Pero también queremos intentar llevar la vida que llevábamos antes”, dice Guille. “Si estás cerca de personas de riesgo vas a tener más cuidado. Yo vivía con mis padres y no salía, pero ahora vivo con compañeros de piso y ya no me importa tanto”, señala María. “Las discotecas son un sitio donde es más fácil contagiarse, porque vas borracho y descontrolas más”, cuenta Carlos. Y pasa el litro de cerveza.

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