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Células madre de Alemania a Argentina, un largo camino alterado por la covid-19

El Gobierno argentino encuentra vías alternativas a los vuelos comerciales para reactivar los trasplantes de médula ósea internacionales

Un laboratorio de células madre en la ciudad alemana de Tubinga.
Un laboratorio de células madre en la ciudad alemana de Tubinga.Marijan Murat (DPA)

Entre 37 millones de personas, la argentina Mariana Plater hizo match con un alemán. Tenían una compatibilidad absoluta y el 14 de febrero supo que él formaría parte de su vida para siempre. La coincidencia se dio en la base de datos mundial de donantes de células progenitoras hematopoyéticas, aquellas capaces de transformarse en las células sanguíneas que el cuerpo necesita, ya sea glóbulos blancos, rojos o plaquetas. Ese día, la médica de Plater le dijo que el donante alemán había aceptado y podrían realizarle en marzo el trasplante de médula ósea que necesitaba para superar la leucemia mieloide aguda FLT3 de alto riesgo que padece. La pandemia de covid-19 frustró esa operación de alta complejidad, pero después de unas semanas de incertidumbre se han reabierto nuevos canales para salvar la vida de esta mujer de 54 años y de otros pacientes en situaciones similares.

“Cuando me enteré del cierre de fronteras me agarró una desesperanza terrible. Estaba tan cerca la posibilidad de curarme y de golpe, por algo externo, incontrolable, pasó esto”, recuerda Plater por teléfono sobre el día en el que el mundo se le vino abajo. Su enfermedad hace inviable un trasplante autólogo, procedente de la propia médula ósea del paciente, y requiere el de otra persona (alogénico). Como ninguno de sus dos hijos resultó compatible, se recurrió a la base de datos internacional, que localizó al donante ideal a 12.000 kilómetros de distancia.

De haber seguido los cauces habituales, el traslado de las células madre que necesitaba Plater se habría realizado en un vuelo comercial. En un centro médico alemán habrían entregado a un mensajero especializado una caja refrigerada con las células recién obtenidas del donante, éste las habría llevado al aeropuerto, transportado en la cabina de un avión hasta Buenos Aires y entregado poco después en un hospital porteño. Plater estaría ya internada y preparada para recibirlas, porque este circuito sin fronteras funciona como un reloj de precisión: hay un plazo máximo de 72 horas desde el momento en el que se extraen las células madre de un donante hasta que se implantan en el receptor. Cualquier contratiempo puede ser mortal.


Desde 2003, cuando Argentina creó el Registro Nacional de Células Progenitoras Hematopoyéticas (CPH) del Incucai, el instituto regulador de los trasplantes, 1.203 pacientes sin donante familiar han accedido a un trasplante alogénico de médula ósea. Se denomina así porque es en ese tejido blanco del interior de los huesos donde se generan las células sanguíneas. Hasta que la pandemia llegó al país suramericano, a principios de marzo, 22 operaciones de este tipo fueron posible gracias a donantes del exterior.

El coronavirus interrumpió el tráfico de pasajeros, pero Argentina ha encontrado dos alternativas. Algunas células madre, como las destinadas a Plater, viajaron en un vuelo de carga custodiadas por pilotos y auxiliares de vuelo. Otras lo hicieron en la bodega, criopreservadas en una solución especial a -196º en tanques con nitrógeno líquido que garantizaban la cadena de frío. Desde la entrada en vigencia de los nuevos protocolos, Argentina ha recibido cuatro donaciones internacionales de células progenitoras hematopoyéticas: dos procedentes de Alemania, una de Brasil y otra de Israel.

“Mi médica me avisó que se había podido tramitar y nos volvió otra vez el alma al cuerpo a mí y a toda mi familia”, cuenta Plater desde la unidad de trasplantes del Hospital Alemán. “Estoy asustada y con esperanzas”, dice a las puertas de un larga y complicada intervención médica. Primero recibirá altas dosis de quimioterapia para destruir por completo sus defensas y después se realizará la transfusión.

Riesgo de rechazo

“El receptor y el donante de células madre requieren una compatibilidad absoluta porque hay que pensar que lo que se está trasplantando es el sistema inmune. Todo lo que el cuerpo no reconozca como propio lo va a intentar sacar y puede ser que produzca una enfermedad aún peor. Si el trasplante es exitoso y no hay rechazo, el receptor pasará a tener el sistema inmune del donante”, explica Pablo Galarza, coordinador del Registro Nacional de Células Progenitoras Hematopoyéticas (CPH).

En 2019 se realizaron en Argentina 2.000 trasplantes de órganos y cerca de unos 1.200 trasplantes de médula ósea, en su mayoría autólogos, según datos del Incucai. A día de hoy, cerca de 5.000 enfermos renales esperan su turno para recibir un riñón y poco más de mil aguardan un hígado. A diferencia de estos casos, para el trasplante de médula ósea no hay lista de espera. El mayor obstáculo reside en la propia intervención, de una gran complejidad, subraya el presidente del Incucai, Carlos Soratti.

Un hospital necesita demostrar años de experiencia en trasplantes autólogos de médula ósea para poder realizar los que provienen de la donación de un familiar y dominar estos para llevar a cabo uno como el que será sometida Plater. Soratti señala que Argentina ha reactivado también las donaciones en dirección contraria. Un paciente de Estados Unidos hizo match este mes con un donante de Argentina. De no aparecer nuevos contratiempos, en breve una caja con células madre compatibles viajará para allá.

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