X
Privacidad y Cookies

Utilizamos Cookies propias y de terceros para ofrecer un mejor servicio y experiencia de usuario.

¿Permites el uso de tus datos privados de navegación en este sitio web?

Los coches de choque en silencio: una feria de abril también para autistas

El Ayuntamiento de Sevilla elimina el ruido de las atracciones en la calle del Infierno a petición de los afectados de Asperger

Jóvenes con síndrome de Asperger, este lunes en la Feria de Sevilla.

“¡Bien, sin ruidos!”. Brazos en alto, Hugo, de 10 años, ha gritado de manera espontánea al llegar a la zona de las atracciones de la Feria de Sevilla, denominada la calle del infierno y que soporta el mayor nivel de ruido de esta multitudinaria fiesta. Este lunes, por primera vez en sus 173 años de historia, la celebración primó el silencio sobre la música a toda pastilla durante cuatro horas, para que los jóvenes con Asperger (un tipo de autismo) disfrutaran de los coches locos, la noria o el barco vikingo. La costumbre de estos niños con hipersensibilidad es evitar la feria por su ruido atronador, luces cegadoras, multitudes y empujones que saturan su capacidad sensorial y les impele a refugiarse en casa.

Hoy se rompió esa rutina excluyente y la idea parece que ha calado y se exportará a otras ferias como Murcia, Ceuta o Jerez de la Frontera. Las personas autistas son unas 450.000 en España, según el Ministerio de Sanidad.

La secuencia emulaba a las películas de ciencia ficción que a ratos suprimen los diálogos y la música o solo incluyen ecos lejanos para primar el desconcierto del espectador. Se oían raíles, amortiguadores, risas y gritos de niños a una distancia sideral de los 60 decibelios que a veces alcanza la música ambiente, a la que se suman las alarmas y sirenas continuas para llamar la atención de los visitantes. Tanto ruido y luces —hoy amortiguadas por el día soleado— aturdía a estos niños con hipersensibilidad.

“El ruido abruma a nivel físico, tienes sudores fríos y sientes una opresión, como si algo te empujara, noto que me duele el oído", describe Roy Gil. Este joven diagnosticado de Asperger relata la cantidad de veces que acudió a la feria y regresó a casa sin poder soportarlo: “Quieres ir para estar con tus amigos, pero sabes que tantos estímulos te van a dejar fuera de onda. Mi experiencia ha sido agridulce. Esto [la iniciativa de eliminar el ruido cuatro horas] parece una medida pequeña, pero permite organizarse a mucha gente”. Y añade: “Hacer ruido tiene la intención de llamar la atención, pero si todo el mundo lo hace es un manto de ruido y la intención se pierde”.

Dos chicas en la Feria, una de ellas con el lema inclusivo.

Para Nuria Ribero, de la asociación Asperger Sevilla que convenció al Ayuntamiento para adoptar la medida, es una pequeña revolución: “Los padres hemos podido hablar y escuchar la risa de nuestros hijos, es igual de divertido y un feriante nos ha dicho que es agotador y que debería ser cuatro horas todos los días”. Unas 400 atracciones se concentran en la calle del infierno para el aluvión de 3,6 millones de turistas que visitaron la feria el año pasado. Y el disfrute del silencio es generalizado: Alfonso Guiraum ha traído a sus niños y se ha topado con el silencio sin saberlo de antemano: “Deberían hacerlo todos los días. Se ha tardado muchísimo tiempo en tomar una medida tan simple”.

"La idea es extenderlo a todas las fiestas populares para hacerlas verdaderamente inclusivas”, explica José Antonio Peral, portavoz de la Confederación Asperger España. El Ministerio de Sanidad desarrolló en 2015 la Estrategia Nacional sobre el autismo que incluía un plan de acción. “Han pasado cuatro años y seguimos a la espera”, denuncia Peral.

Este lunes, hasta el Circo Sensaciones adaptó su función de las 18.00 y eliminó el espectáculo de motos y algunos números con cañones y bocinas, para primar las acrobacias y la magia silenciosa. “A mi hijo, de 16 años, el circo le ha impresionado mucho gracias a que han bajado el volumen. Estamos muy contentos. Es una lástima que hayan tardado tanto en descubrirlo, pero es que con tres años lo tuvimos que sacar corriendo de la feria”, relata Ángel Párraga, reconciliado con una fiesta a la que sus hijos dejaron de venir hace años por la saturación de estímulos.

La experiencia marca que el silencio no ahuyenta las visitas, según Gonzalo García, encargado de una atracción. “En Mairena del Alcor (Sevilla) ya paramos dos horas y no hubo bajón de entradas”, explica. “Se ha cumplido a rajatabla, pero hay que esperar a las sensaciones del público. Algo afecta a los ingresos, porque la feria es bullicio y jaleo, pero todo sea por el bien común”, dice Francisco Sollo, secretario de la asociación de empresarios feriantes de Andalucía Ceuta y Melilla, que acató la orden del Ayuntamiento para bajar el volumen a cero.