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El dudoso negocio de la criopreservación de humanos

Una empresa de Valencia ofrece congelar cadáveres durante un siglo

En la imagen, Javier Tapia, primer ejecutivo de Cecryon, la empresa que quiere criopreservar humanos en Valencia.

La Generalitat Valenciana investiga a Cecryon, la empresa que acaba de instalarse en el municipio de Riba-roja y ofrece a sus clientes criopreservar sus cuerpos a 196 grados bajo cero durante un siglo para resucitarlos entonces si la tecnología lo permite, una esperanza que la inmensa mayoría de los científicos considera completamente infundada.

La Dirección General de Consumo de la Generalitat quiere saber qué promete exactamente la empresa a los clientes, por si puede constituir un engaño como el de las llamadas pulseras milagro que se pusieron de moda hace unos años. El expediente informativo, abierto de oficio, pretende aclarar cómo piensa asegurar el cumplimiento del objeto del contrato durante un siglo y cómo va a garantizar que los cadáveres no acaban descongelados anticipadamente si la compañía quiebra.

Los directivos de la empresa afirman que advierten a sus potenciales clientes de que hoy no existe una tecnología capaz de revivir a alguien que ha muerto y posteriormente ha sido congelado, pero que creen que en el futuro sí será posible. La página web de Cecryon califica ese plazo de “relativamente cercano”. El primer ejecutivo de Cecryon, Javier Tapia, añade que la compañía creará una fundación, financiada con una parte de los 200.000 euros que paguen los clientes, cuya misión será asegurar la conservación de los cuerpos si la empresa tiene problemas.

En el mundo solo hay constancia de criopreservaciones humanas en Estados Unidos, Rusia y China. En total no llegan al medio millar. Que el próximo emplazamiento vaya a ser el antiguo tanatorio blanco de una planta situado en un rincón del polígono industrial L'Oliveral, justo al lado de la A-3 y a 20 kilómetros de Valencia, parece a primera vista una idea loca y condenada a estrellarse contra la normativa de sanidad mortuoria. El centro no dispone aún de todos los permisos para abrir. Pero Pedro Gil, el abogado del despacho Cuatrecasas que asesora a la empresa, dice que el lugar fue cuidadosamente elegido.

El letrado explica que la Comunidad Valenciana es la única autonomía, entre las varias que analizaron, que contempla que el destino de un cadáver puede ser, además de la inhumación y la incineración, la “preservación”. Así, sin más detalles, figura en un decreto de 2005 firmado por el entonces presidente de la Generalitat Francisco Camps, del PP. El abogado también indica que la parcela de Riba-roja fue seleccionada porque su calificación urbanística es compatible con la actividad de cementerio. Cecryon se la compró a Cajamar, que se quedó con ella durante la crisis después de que su anterior propietario no pudiera hacer frente a las deudas.

La Consejería de Sanidad Universal es reacia a ofrecer una respuesta clara a la pregunta de si la iniciativa es o no legal y si la va a permitir. Una portavoz se limita a responder que no está regulada. El abogado de Cuatrecasas asegura que hace dos años solicitaron a la consejería permiso para abrir el centro y esta lo autorizó por escrito, advirtiendo que también debían pedir licencia municipal. El concejal de Fomento Económico del Ayuntamiento de Riba-roja, Rafael Folgado, subraya que para conceder el permiso Cecryon tiene que obtener primero un informe favorable de la policía de sanidad mortuoria, que depende de la Generalitat. La compañía espera obtenerlo y estar operativa a principios de este año. Y anuncia que, en caso contrario, acudirá a los tribunales y reclamará una indemnización por la inversión realizada, que asciende, según Tapia, a un millón y medio de euros.

Evidencia científica en contra

Ante la evidencia científica en contra de la resurrección de cadáveres, el consejero delegado de Cecryon menciona un artículo publicado en el MIT Technology Review firmado por cuatro autores que pide mantener “la mente abierta” hacia la criogenia. Pero el artículo es una respuesta a otro, publicado en el mismo medio, que la descalifica por completo. En EE UU, donde la técnica comenzó a ensayarse hace más de 40 años, voces autorizadas como la del neurocientífico de la Universidad de Columbia Kenneth D. Miller censuran la confusión interesada que alientan los partidarios de la criopreservación entre lo que es meramente concebible y lo que es realista.

El abogado de Cecryon resalta, para defender la legalidad del negocio, que la actividad prevista, al menos durante un largo tiempo, será solo funeraria: mantener los cuerpos sumergidos en nitrógeno líquido. Como de momento no se va a intentar reanimarlos, el centro no está sujeto a la normativa sanitaria exigible, por ejemplo, para congelar óvulos, sostiene.

Cecryon asegura haber destinado un millón de euros a comprar y habilitar el inmueble y otro medio millón a adquirir el equipo tecnológico, la mayor parte del cual se fabrica bajo pedido y todavía no está en Riba-roja.

Antiguo dueño de un centro de formación en informática de Xàtiva, donde llegó de niño desde Granada, Tapia, de 39 años, sueña con que un día Cecryon albergará un millar de cuerpos vitrificados, incluido el suyo. Afirma que por el momento van a instalar tres criocápsulas y muestra en su móvil supuestas fotos de la primera, producida por un proveedor que no quiere identificar.

Varias personas, prosigue Tapia, se han interesado por las condiciones. “El precio es de 200.000 euros, IVA aparte. 40.000 se pagan a la firma del contrato y los otros 160.000 quedan pignorados en el banco hasta que se concrete el servicio”, explica el empresario, que tiene el 53% de la compañía. La incubadora Demium es propietaria del 15% y el resto pertenece a varios accionistas cuya identidad Tapia prefiere no revelar.

El patrimonio ante una resurrección imposible

La principal consulta legal que plantean las personas que se han interesado por los servicios de criopreservación de Cecryon es qué pasará con su patrimonio si efectivamente resucitan, según el abogado de Cuatrecasas Pedro Gil. El despacho asegura que ha perfilado una modalidad de herencia fiduciaria. En ella, el causante establece en su testamento que si se cumple una condición, su regreso de entre los muertos, recuperará una parte de su patrimonio.

La criopreservación humana genera rechazo, cuando no desprecio intelectual, en el mundo científico. Este periódico preguntó por ella a tres expertos durante el World Longevity Forum celebrado en Valencia a principios del mes de noviembre. “Está demostrado que una célula o incluso un pequeño grupo de células se pueden congelar, mantener bajo unos criterios de conservación y luego descongelar y utilizar. Pero hacerlo con un organismo completo y que además está muerto no tiene ninguna base científica”, respondió el catedrático de Fisiología de la Universidad de Valencia Federico Pallardó. “A mí me parece que no tiene mucho sentido. Yo no lo haría”, afirmó María Blasco, directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas. “No hay nadie que haya criopreservado siquiera un ratón. Cuando lo hagan y al medio año lo despierten, empezaremos a hablar”, zanjó el investigador en envejecimiento José Viña.

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