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La fiebre del litio no prende en Extremadura

Crece la oposición a los nuevos yacimientos de minerales estratégicos,

vitales en los móviles y coches eléctricos

La agricultora y ganadera Pilar Rubio, el pasado diciembre en una de sus fincas en Cañamero. Ver fotogalería
La agricultora y ganadera Pilar Rubio, el pasado diciembre en una de sus fincas en Cañamero.

“Mina no” se lee en la chapa que luce en la solapa Luis Hurtado, cacereño "de siempre" y miembro de la Plataforma Salvemos la Montaña, en lucha para impedir que se abra una mina de litio a cielo abierto —a apenas dos kilómetros del centro de Cáceres, ciudad Patrimonio de la Humanidad—. La explotación socavaría “su pulmón verde” en la sierra de la Mosca, un bosque mediterráneo que se alza en medio de llanuras. A hora y media de esta ciudad, en el pueblo de Cañamero (1.600 habitantes), una pancarta de la plataforma Salvemos las Villuercas —comarca cacereña— saluda al visitante con la advertencia de que el pueblo “no es minero, es aceitunero”.

Ambos mensajes sintetizan el rechazo que provocan dos de las iniciativas mineras que se estudian en Extremadura al amparo de empresas multinacionales con el apoyo de nacionales. Son proyectos que buscan minerales metálicos (cobre, wolframio, níquel, litio, vanadio, cobalto, antimonio, oro …), algunos catalogados como estratégicos por la Unión Europea, tanto por ser vitales en el desarrollo tecnológico actual (móviles, ordenadores o coches eléctricos) como por su escasez dentro de sus fronteras.

La Junta de Extremadura tramita en la actualidad 230 nuevos proyectos mineros. De ellos, cuentan con permiso de investigación 85, otros 62 están en trámite de recibirlo —36 corresponden a minerales metálicos—; 49 están más avanzados, en trámite de explotación, y 34 corresponden a áridos. De momento, existen seis yacimientos activos de minerales estratégicos en España, dos de ellos en Extremadura, indica el Instituto Geológico Minero de España (IGME). El de La Parrilla (Badajoz) está considerado como uno de los mayores yacimientos de wolframio del mundo occidental. El segundo, el de Aguablanca (Badajoz) de níquel, cobre y minerales de platino está parado a la espera de la evolución del precio del níquel.

El entusiasmo empresarial ha chocado con las reticencias a los proyectos de Cañamero y Cáceres. Gregoria Castro regenta un bar en el pueblo (1.600 habitantes) junto a su marido y esgrime muy enfadada el documento de alegaciones que está a punto de entregar en el registro municipal contra la concesión del permiso de investigación —todavía en trámite— a la empresa Logrosán minera, filial de una multinacional británica.

En el caso de que se obtenga, la minera podría iniciar las indagaciones en unas 3.120 hectáreas, que se extienden por los municipios de Cañamero, Logrosán y Berzocana y rastrear si existen minerales metálicos como el wolframio, níquel, litio, oro… En esa fase, se realizan sondeos y catas que son cerradas y restauradas siguiendo el plan de restauración presentado a la Junta, asegura la empresa minera.

Explicación que se le queda muy corta a Pilar Rubio, que regresó a Cañamero hace 12 años, el pueblo que abandonaron sus padres en los años 70 camino de una vida mejor en Madrid. “Vivía en Leganés y trabajaba en la hostelería, en Tres Cantos, de camarera. Tenía entonces un niño al que no veía”, rememora. Ella y su marido, también de Cañamero, decidieron cambiar de vida. Ahora viven con sus dos hijos de 18 y 12 años, de sus olivos, higueras y de sus 100 ovejas y “alguna cabrina”. “Mi hija se ha criado aquí, con sus abuelos, desayunamos y comemos juntos y si tiene que venir al campo, se viene y ayuda o juega”. Nada de esto sería posible en Madrid, por eso para Rubio el permiso de investigación supondría “la ruina total”, porque todas sus fincas se encuentran dentro del perímetro afectado, en la Colonia, además de romper sus “esquemas de vida”. El proyecto ha tocado de lleno a la La Colonia, una serie de parcelas que se distribuyeron entre los labradores más pobres en 1923. El sorteo distribuyó 453 lotes de entre tres y cuatro hectáreas. “Se benefició casi todo el pueblo”, puntualiza el alcalde de Cañamero, el independiente Felipe Cerro.

El apicultor Mario Morales afincado en Berzocana, asiente con el temor de que la iniciativa, si prospera, afecte a la calidad de la miel que se produce en la zona, incluida dentro de la denominación de origen Villuercas-Ibores. No solo eso, Morales, recalca que lo que está en juego es “una forma de vida que ha apostado por un crecimiento sostenible, que se ve apoyado en los últimos años por un incremento turístico”. El aumento de visitantes gira en torno al geoparque Villuercas-Ibores-Jara, figura que otorga la UNESCO a territorios que albergan lugares y paisajes geológicos de importancia internacional.

El alcalde de Cañamero da rienda suelta a sus dudas sobre el futuro del geoparque si la mina sigue adelante. La Unesco revisa cada cuatro años la catalogación y “toca en 2019”. El documento de contestación de la Diputación de Cáceres a la alcaldía sobre la posición del geoparque en cuanto a la iniciativa minera, recomienda “el máximo esmero” a la hora de abrir caminos para la maquinaria. Sin pronunciarse en ningún momento en contra, si insta a que la sostenibilidad sea garantizada en “todas las fases” del proyecto “o, en caso contrario, determinante para su desestimación”.

Logrosán (2.000 habitantes), otro de los municipios afectados, tampoco quiere saber nada de la mina, sobre todo si es a cielo abierto. “No tiene mucho sentido en un geoparque”, explica el alcalde, Juan Carlos Hernández. Sin embargo, no tiene nada que objetar a “la investigación siempre que se respete la normativa”. Otra cuestión es si pasada esa fase “se planteara una industria extractiva”, apunta.

La empresa Logrosán minera S.L. se defiende y recuerda en un comunicado que el proyecto se encuentra “en sus inicios”. La licencia pedida, añaden, “es un permiso de investigación, en el cual, los únicos trabajos que se permiten no van más allá de la realización de sondeos así como la realización de trincheras”. También rechazan que se contemple ya la apertura de una mina a cielo abierto, porque “aún son necesarios años de investigación”, incluso “décadas”.

La Junta de Extremadura se suma al mensaje tranquilizador a los vecinos: “una investigación no garantiza resultados positivos para una posible explotación en el futuro”. Pero los cañameranos no se fían. Continuarán con sus protestas y alegaciones.

El litio aflora a dos kilómetros de Cáceres

Las multinacionales han aterrizado en Cáceres al olor del litio, uno de los minerales más deseados por la industria. La empresa Tecnología Extremeña del litio —participada en un 50% por Sacyr y la multinacional australiana Plymouth Minerals— quiere explotar a tan solo dos kilómetros del casco urbano un importante yacimiento. Prevén una capacidad de producción para la fabricación de 300.000 baterías para vehículos eléctricos al año.

“Nos cogió completamente por sorpresa. De repente nos encontramos con máquinas en el monte que utilizamos muchos cacereños para caminar”, explica Sonia Hurtado, miembro de la Plataforma Salvemos la Montaña, que se opone a la explotación y asegura que ha habido oscurantismo. Berta Antúnez, de la misma plataforma, se entusiasma al mostrar "su montaña", a la que describe como un mosaico de especies, “que desaparecerá si se permite la mina”. Predominan las dehesas de encinas y alcornoques, que alternan con pastizales y olivares o forman densas manchas de bosque mediterráneo, describe la Diputación de Cáceres. La empresa asegura que el cráter tendrá unas dimensiones máximas de 710 x 450 metros, con una profundidad de 240. El proyecto consumirá anualmente 143.000 metros cúbicos de agua netos, el 1% del abastecimiento de Cáceres, añade, y no se afectará el acuífero El Calerizo, añade la sociedad. Algo que, sin embargo, temen los vecinos.

La Junta de Extremadura explica a EL PAÍS que tienen la obligación de tramitar todos los expedientes que son presentados. En este caso, se ha solicitado a la empresa la aportación de información complementaria al proyecto de explotación. Los técnicos "la están analizando". Una vez que se complete el expediente, pasará a exposición pública, momento en que toda persona u organización interesada podrá exponer sus alegaciones.

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