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Insúltame si quieres

Defensores de la libertad de expresión derrotan a una ley británica que penalizaba los insultos

El actor Rowan Atkinson ha participado en la campaña a favor del insulto.
El actor Rowan Atkinson ha participado en la campaña a favor del insulto.

Una heteredoxa alianza de cristianos, secularistas, actores y activistas gais está a punto de consagrar en la ley británica el derecho a insultar. O, al menos, el derecho a no ser procesado por el mero hecho de insultar. Tras varios meses de campaña de grupos como el Instituto Cristiano y la Sociedad Secular Nacional, además de actores como Rowan Atkinson, la Cámara de los Lores debería aprobar este miércoles una enmienda que cuenta el apoyo de los tres grandes partidos políticos y que propone modificar la sección 5 de la ley de orden público de 1986, que considera ilegal el uso de lenguaje “amenazante, abusivo o insultante”. El cambio no afectaría a los dos primeros tipos de lenguaje.

Los activistas recibieron el lunes el apoyo del director de procesamientos de la fiscalía, Keir Starner, que declaró que el país no necesita una ley que considere ilegal “las palabras o comportamientos insultantes”.

Aunque esa parte de la ley de orden público no se usa muy a menudo, cuando se ha hecho, ha sido más bien para hacer el ridículo. O eso parece, a la luz de los ejemplos divulgados por la campaña Reforma de la sección 5. Insúltame con toda libertad.

La policía, por ejemplo, arrestó en 2007 en Newcastle a un joven de 19 años por insultar a dos perros que estaban ladrando. Aunque los dueños de los perros no querían que se le procesara, Kyle Little fue condenado a una multa del equivalente a 62 euros y a pagar otros 185 euros en costas. El castigo fue levantado en apelación y el celo de la policía le acabó costando casi 10.000 euros en costas judiciales al Estado.

Otros casos son igualmente patéticos pero quizás más peligrosos. Por ejemplo, la policía arrestó a un joven de 16 años que se manifestaba pacíficamente enarbolando una pancarta con la leyenda “Cientología no es una religión, es un culto peligroso”.

En otra ocasión arrestó a Peter Tatchell y otros activistas gais del grupo Outrage! por desplegar pancartas condenando a los gobiernos islámicos que persiguen a los homosexuales y protestar contra un acto del grupo islamista Hizb ut-Tahrir en el que se pidió la ejecución de los gais, los apóstatas, los judíos y las mujeres impúdicas. Las pancartas de Outrage! podían parecer insultantes y causar angustia a los islamistas, pensaron los agentes.

En sentido opuesto, un chaval fue detenido por decirle a un policía a caballo durante una manifestación: “Perdone, ¿se ha dado cuenta de que su caballo es gay?”. Según la policía de Thames Valley eso era un comentario homofóbico que podía haber molestado a quien lo escuchara.

Apelando a esta ley, la policía ha intentado impedir que un hombre rezara en un parque, o que un pensionista colgara en la ventana de su casa un cartel con la leyenda “la religión son cuentos de hadas para adultos”. Ha detenido a otra persona por proclamar que “la homosexualidad es un pecado” y ha advertido al propietario de un café por colgar carteles con frases del Nuevo Testamento. También detuvo a un matrimonio cristiano por discutir con un cliente musulmán acerca del profeta Mohamed y el papel de las mujeres en la religión musulmana. Llegaron a ser procesados, pero declarados inocentes.