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Uno de cada cinco españoles consume productos caducados

El 35% de los ciudadanos confunde caducidad y fecha de consumo preferente

El 41% de la población ha reducido el desperdicio de alimentos por la crisis

Un cliente mira la fecha de caducidad de un zumo en una tienda.
Un cliente mira la fecha de caducidad de un zumo en una tienda.

Un 20,7% de los ciudadanos consume alimentos caducados si no ha pasado mucho tiempo desde que la fecha venció. El 19,5% los tira o ingiere en función del tipo de producto. Los que menos reparo suscitan son, con mucha diferencia, los yogures —el 78,8% de los que acostumbran a tomar alimentos caducados los toma—. Después de este tipo de lácteos están las pastas, la leche o los dulces. A pesar de las cifras, el 59% de los españoles respeta las fechas límite y prefiere desechar los alimentos caducados, según un estudio monográfico sobre los hábitos de consumo que ha realizado el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente.

Del informe, elaborado con datos obtenidos a través de entrevistas telefónicas a 1.500 personas, se desprende no obstante el gran desconocimiento que los ciudadanos tienen sobre las diferencias entre la fecha de caducidad —aquella tras la cual el fabricante no garantiza la seguridad del producto— y consumo preferente —el producto sigue siendo apto e inocuo pero habrá perdido algo de olor y sabor—. Y no solo por lo que los ciudadanos creen conocer, ya que el 64,7% de los encuestados afirma ser consciente de la diferencia. También, y sobre todo, por aquello que refleja sus respuestas. Entre las contestaciones espontáneas que los consumidores dieron al preguntárseles por aquellos productos que consumían o tiraban a pesar de haber caducado, se encuentran productos que, en realidad, no caducan como el arroz, la pasta, las conservas o las legumbres; cuya fecha de consumo solo es recomendada. Son alimentos considerados semiperecederos; es decir, que van perdiendo cualidades cuando la fecha de consumo recomendada ha pasado, pero que (si se han conservado bien y sin abrir) no suponen riesgo.

Corregir esa desinformación –que gana entre los de más edad: solo el 54,9% de los mayores de 55 años conocen la diferencia entre caducidad y consumo preferente-- reduciría, por tanto, la cantidad de alimentos que desechan los hogares y evitaría el desperdicio de alimentos. Cada español, según estimaciones de la Unión Europea, desecha 163 kilos de alimentos de media; una cifra que el Gobierno trata ahora de reducir con una estrategia que pondrá en marcha el Ministerio de Agricultura y que coincide con la llamada de atención sobre el problema –más grave, si cabe, con un 27% de la población en riesgo de pobreza—del Parlamento Europeo y de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

La mayoría no tiene reparos en comer yogures caducados

Sin embargo, parece que la crisis económica está ayudando a que los ciudadanos se piensen dos veces qué arrojan al cubo de la basura y a que se reduzca el despilfarro, según el estudio de Agricultura. El 41,3% de los ciudadanos asegura haber disminuido la cantidad de alimentos que tira debido a la situación económica, una pauta de comportamiento que se da en todos los grupos de edad (sobre todo en el de los mayores de 55 años). Además, la crisis hace también que se dé otros usos a los alimentos: un 13,7% de los ciudadanos reutiliza más algunos productos como el aceite. Algo que ya tenía como costumbre el 25% de la población.

Dentro de la estrategia para reducir el despilfarro, las autoridades revisarán las pautas de calidad que utilizan las empresas para elegir los productos que comercializan y también instan a que las empresas revisen las fechas de caducidad de sus productos. Los nuevos envases y las tecnologías de conservación pueden hacer que la vida útil de los alimentos se amplíe; una idea que satisface al 75,1% de los españoles. Además, el 54,6% apoya la idea de que se puedan vender a un precio más barato aquellos alimentos cuya fecha límite está cerca, y que si no se venden se van a tirar. Una práctica que ya se lleva a cabo en países como Reino Unido, donde algunos supermercados rebajan el precio algunos productos que caducan al día siguiente.

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