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Los periodistas de EL PAÍS deciden volver a firmar las informaciones

Los trabajadores aprueban limitar dicha medida a los días 18 y 19 de octubre, en los que también se realizarán paros parciales

La asamblea de trabajadores de EL PAÍS decidió ayer que los periodistas vuelvan a firmar las informaciones 24 horas después de que un grupo de ellos, en virtud del acuerdo adoptado por la misma asamblea el lunes, retirara su rúbrica de algunas de las piezas publicadas en la edición impresa del miércoles y en la digital. Dicho acuerdo, aprobado por 282 votos a favor de una plantilla total de 464 empleados, establecía la retirada de firmas indefinida como medida de presión por el expediente de regulación de empleo presentado por la compañía. Esta acción formaba parte de otras votadas por la plantilla, que incluyen la convocatoria de 18 días de huelga este mismo mes y en noviembre. En la asamblea de ayer, los trabajadores decidieron, por 178 votos a favor, poner fin a la retirada de firmas indefinida y limitar dicha medida a los días 18 y 19 de octubre, en los que también se realizarán paros parciales.

La nueva decisión de los trabajadores se produce después de que el consejero delegado de EL PAÍS, José Luis Sainz, enviara ayer una carta al comité de empresa en la que le comunica que la retirada de firmas constituye “una acción concertada de carácter colectivo que altera el normal funcionamiento de la actividad productiva y la calidad del producto”. Por lo mismo, añade la misiva, supone un “incumplimiento contractual”.

Asimismo, el director de EL PAÍS, Javier Moreno, remitió una carta a los redactores de EL PAÍS, a través de su comité profesional, en la que les recuerda que el Libro de estilo del periódico, instrumento de la Redacción cuyo cumplimiento garantiza las buenas prácticas en el ejercicio de la profesión, dedica un capítulo de ocho páginas a regular el uso de la firma. Así, el artículo 6.2 de dicho Libro de estilo establece: “La firma de una información es parte de su aval, y de manera muy especial en el caso de aquellas particularmente comprometidas o presumiblemente polémicas. En estas ocasiones, los autores deben responsabilizarse plena y públicamente de su información”.

De la misma forma, continúa el director en su misiva, el Estatuto de la Redacción, norma que garantiza los derechos de los periodistas, fija la única circunstancia en la que se puede retirar su firma: “Ningún miembro de la Redacción estará obligado a firmar aquellos trabajos que, habiéndole sido encomendados o que, realizados por propia iniciativa, hayan sufrido alteraciones de fondo que no sean resultado de un acuerdo previo. Las normas de estilo no podrán ser fundamento para invocar la cláusula de conciencia. Ni dichas normas de estilo ni las modificaciones en los sistemas de trabajo podrán alterar el contenido de este Estatuto”.

En un conflicto similar, el 28 de junio de 2011, los cuatro directores que ha tenido EL PAÍS —Juan Luis Cebrián, Joaquín Estefanía, Jesús Ceberio y, en la actualidad, Javier Moreno— publicaron un artículo en el periódico, titulado Transparencia frente a Fuenteovejuna, en el que consideraron que la retirada de firmas atenta contra las normas del ejercicio profesional, además de involucrar el contenido del periódico en un contencioso laboral. “Nos parece una grave falta de respeto a los lectores manipular la presentación de trabajos que por su estilo y su propia naturaleza encierran valoraciones, opiniones, comentarios y análisis de quien los hace y, sin embargo, no los firma”, se afirmaba en aquel artículo.

Los directores consideraron que el periódico no tiene por qué compartir necesariamente los puntos de vista, en este caso anónimos, recogidos en las informaciones (que aparecen bajo la referencia de EL PAÍS, sin que lo sean), ni el lector puede hacerse una cabal idea respecto al significado de los mismos, habida cuenta que desconoce su autoría. Para los responsables del periódico, la transparencia es básica en el ejercicio de un periodismo digno, responsable y de calidad, “que no puede refugiarse tras la protesta opaca del Fuenteovejuna de turno”.

“Ocultar la autoría de una crónica, una entrevista o reportaje, en virtud de una decisión colectiva que nada tiene que ver con el contenido de dichos trabajos, atenta contra la deontología y el buen hacer profesional, y daña la relación normal con los lectores. Desde la fundación de EL PAÍS nos hemos esforzado por hacer valer unos principios cuya quiebra nos parece de una gravedad sin precedentes, y una marcha atrás en la forma de hacer de la Redacción. Quienes hemos dirigido EL PAÍS durante sus 35 años de existencia pedimos disculpas a nuestros lectores por lo que constituye una falta de consideración a sus derechos”, concluyó el artículo.

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