JOSEFINA MOLINA | Cineasta

“En RTVE van a degüello”

La directora, una de las realizadoras pioneras de La 2, cree que la televisión pública va a sufrir un retroceso por la oleada de cambios que está imponiendo el PP

La cineasta Josefina Molina.
La cineasta Josefina Molina.SANTI BURGOS

La cineasta Josefina Molina (Córdoba, 1936) conoce bien Televisión Española. Fue una de las pioneras de La 2 cuando esta cadena se llamaba UHF y su señal llegaba solo a una parte del territorio nacional. Aquellos tiempos, mediados los sesenta del siglo pasado, “fueron años muy malos”, recuerda. “Estábamos en plena dictadura. No podíamos hacer cine y lo intentábamos en televisión, un arma estupenda para hacer llegar la cultura a la gente”. Molina empezó realizando documentales para La 2 —“un oasis dentro de un páramo”—, adaptó a los clásicos en el mítico Estudio 1 y 35 años después se despidió con la serie divulgativa Esta es mi tierra, culminación de una carrera jalonada por ficciones de gran éxito como El camino, Teresa de Jesús o Entre naranjos.

Goya de Honor el año pasado, la realizadora evoca los turbios años del autoritarismo y del monopolio para analizar el presente. “La tele de mis tiempos era lo que ahora va a ser TVE. Lo que está haciendo el PP es una vuelta al pasado. Un déjà vu”. Reprueba la oleada de cambios en los informativos de la radio y la televisión pública y sale en defensa de los profesionales destituidos en pleno verano. De Ana Pastor, expresentadora de Los desayunos de TVE, dice: “Jamás la he visto ser sectaria. Ha dado sartenazos a la derecha y a la izquierda buscando la verdad para transmitírsela a los telespectadores”. Y de Juan Ramón Lucas, relevado también del matinal de Radio 1, opina que es “un excelente periodista, serio y riguroso”. De paso, no ahorra críticas hacia los nuevos gestores. “Profesionalmente, no tienen ninguna relevancia. Harán lo que el PP les dicte. Van a degüello. Y con un cinismo sorprendente, para hacernos creer que lo negro es blanco y la noche es día”.

Se había conseguido
un modelo equilibrado, libre y no sectario”

Esta aparente vuelta al pasado ha sido posible gracias al real decreto aprobado por el Consejo de Ministros en abril por el que se cambian las normas para la elección del presidente de RTVE y los miembros de su Consejo de Administración. La ley de 2006, impulsada por los socialistas, exigía una mayoría de dos tercios del Congreso, lo que obligaba a los dos grandes partidos (PP y PSOE) a consensuar un nombre. Pero el Ejecutivo de Rajoy modificó la ley para que el nuevo presidente de RTVE, el abogado del Estado Leopoldo González-Echenique, pudiera ser elegido por una mayoría absoluta de los diputados. El PP ya no necesitaba aliados. Los socialistas rechazaron entrar en el juego, se negaron a designar candidatos para la renovación del Consejo y llevaron la norma al Constitucional. De momento, tienen un representante. ¿Qué deben hacer cuando expire su mandato, en enero próximo? “Da igual que nombren a alguien o que no lo hagan. El Consejo ha pasado a ser una fantasmada”, dice la realizadora.

El Gobierno argumentó que esta reforma, apoyada por CiU, obedecía a la necesidad de “tomar decisiones pronto” ante el “momento difícil” por el que atravesaba la televisión pública tras año y medio descabezada y con un hachazo de 204 millones en su presupuesto. Pero a la postre, lo que el decreto permite es la vuelta a la televisión de partido.

Con esta estocada a la independencia, Molina considera que se ha echado por tierra todo el trabajo que emprendieron los cinco miembros del comité de sabios, nombrado por Zapatero para modernizar institucionalmente la televisión. “Parecía que en España iba a haber algo similar a la BBC, la ZDF o France Télévisions. Pero hemos retrocedido 32 años, justo a antes de que se aprobara el Estatuto del ente público”. La cineasta entiende la televisión pública como un contrapunto de la privada, que “salvo excepciones, es un cubo de basura”, y asegura que en los últimos años se había conseguido un modelo “equilibrado, libre y no sectario”. “Pero lo que han hecho cambiando la ley es absolutamente impresentable, impropio de un Gobierno que se dice democrático”, remata.

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