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El corte de la discordia

Polémica en Alemania después de que un tribunal considere delito de lesiones la circuncisión

Judíos, musulmanes y cristianos se oponen al fallo

Varias personas caminan ante el Hospital Judío de Berlín, que ha suspendido la práctica de circuncisiones.
Varias personas caminan ante el Hospital Judío de Berlín, que ha suspendido la práctica de circuncisiones. DAVID GANNON (AFP)

En los barrios berlineses donde viven más inmigrantes de ascendencia turca, como Kreuzberg o algunas partes de Neukölln, a menudo se ven niños vestidos con trajes blancos y brillantes de fantasía, como de príncipe otomano. Si sonríen y parecen aliviados, será que han superado su circuncisión (sünnet) y ya disfrutan de las atenciones y homenajes familiares por haberse “hecho un hombre”. Los sunitas de Anatolia, de donde vinieron las oleadas migratorias turcas hacia Alemania, celebran el ritual religioso cuando los muchachos ya están crecidos, unos años antes de la adolescencia. Después de que una sentencia judicial amenazara con convertir estas ceremonias en delitos punibles, el portavoz Steffen Seibert anunció el viernes que el Gobierno de la democristiana Angela Merkel (CDU) garantizará su legalidad: “Queremos vida religiosa judía y vida religiosa musulmana en Alemania”.

El Ejecutivo respondía así a la polémica desatada hace unas semanas por un tribunal de Colonia, que sentenció que la circuncisión de un niño musulmán de cuatro años era un delito de lesiones. El fallo podría sentar jurisprudencia y desterrar esta práctica de Alemania. Tanto los judíos como los musulmanes, de los que viven más de cuatro millones en el país, practican la circuncisión por razones religiosas.

El Consejo Central de los Judíos calificó la sentencia de “intervención inaudita y dramática” en asuntos religiosos. El Consejo Central de los Musulmanes habló “vulneración de la libertad de creencias y de los derechos de los padres”. Más drástico, el presidente de la Conferencia Europea de Rabinos, el ruso Pinchas Goldschmidt, alertó el jueves de que la sentencia es “el más grave atentado contra la vida judía desde el Holocausto”. Palabras mayores.

Los judíos circuncidan a los varones en obediencia de la Torá, que estipula en el libro del Génesis la separación “de la carne del prepucio” ocho días después del nacimiento. Los musulmanes también someten a los chicos a la circuncisión, aunque esta no se menciona explícitamente en el Corán. Ambas religiones se remiten al patriarca Abraham y a su alianza bíblica con Dios que, según la creencia, se renueva en cada ceremonia. Los judíos llevan miles de años con esta práctica. En Alemania viven unos 200.000. Practicantes o no, suelen cumplir la tradición de circuncidar. Pese a su número más bien modesto, lo concerniente a la religión judía en Alemania es un asunto sensible por el recuerdo de las persecuciones racistas y del asesinato sistemático de seis millones de judíos entre 1941 y 1945.

Muchos de los casi cuatro millones de inmigrantes o descendientes de turcos en Alemania conservan la costumbre de circuncidar a los niños entre los 7 y los 10 años. Suele ser motivo de una celebración familiar, parecida a la primera comunión en las regiones católicas. El 4 de noviembre de 2010, un médico musulmán de Colonia identificado por el juzgado como “doctor K” circuncidó a un niño de cuatro años, también musulmán, por razones meramente religiosas. No había indicaciones clínicas para la operación, que terminó sin complicaciones y con cuatro puntos de sutura en el pene del niño. Dos días más tarde, el chico empezó a sangrar. Los padres acudieron con él a la clínica universitaria de la ciudad, donde pararon inmediatamente la hemorragia y dieron el alta al niño. La sencilla intervención tuvo consecuencias legales cuando una persona no identificada notificó el caso a la fiscalía.

Tras dos años de proceso, los jueces declararon al “doctor K” inocente de cualquier error o negligencia, pero consideraron que la operación en sí fue ilegal: según interpretan, las leyes alemanas prohíben operar a menores de edad si no lo necesitan por motivos puramente médicos. El consentimiento paterno no convierte en legal la intervención. Según la sentencia, tampoco los motivos higiénicos que adujo la defensa bastan para justificar una “alteración irreversible” en el pene de alguien incapaz de decidir. De modo que los cirujanos están lesionando al niño que circuncidan y cometiendo así un delito penal.

¿Tiene un niño derecho a conservar su prepucio hasta alcanzar la edad suficiente para decidir por sí mismo? ¿Es una mutilación esa —sin duda irreparable— pérdida? El escritor judío Doron Rabinovici publicó un curioso artículo al respecto en el diario muniqués Süddeutsche Zeitung donde asegura que los europeos “perciben a los circuncisos como una amenaza a la propia masculinidad”. El “miedo a la castración”, dice, está detrás de algunas concepciones racistas.

En cambio, diversas organizaciones laicistas han celebrado la sentencia como un avance en las libertades individuales. La Asociación Internacional de Ateos y Laicos (IBKA) planteaba abolir estas “lesiones permanentes”. La sentencia, dicen, “refuerza los derechos de los niños”, a los que la ley “debería proteger de influencias religiosas parciales hasta que cumplan 15 años”. Hasta entonces, piden, deberían recibir solo una educación imparcial sobre las diversas religiones, sus rituales y su historia. El que quiera, que se haga circuncidar cuando sea mayor.

Según reconocen en las asociaciones médicas alemanas, la mayoría de los cirujanos urólogos han practicado circuncisiones por motivos solo religiosos. El rechazo a la sentencia es mayoritario entre los médicos. Temen que muchos musulmanes y judíos recurran a cirujanos sin licencia o sin los conocimientos y recursos necesarios para operar. Aseguran que aumentarían los accidentes y las infecciones. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que casi uno de cada tres hombres en todo el mundo está circuncidado. Ha aconsejado la circuncisión voluntaria en algunas regiones azotadas por el sida y otras enfermedades infecciosas.

A las críticas de judíos, musulmanes y asociaciones médicas se sumó la Conferencia Episcopal alemana. Los obispos consideran la sentencia una “vulneración de la libertad religiosa”. También las iglesias evangélicas se oponen al fallo. Con estas protestas de fondo y tras la declaración de intenciones del portavoz Seibert, la pelota está en el tejado de los legisladores, que deberán discutir en el Parlamento la posibilidad de amparar estas costumbres religiosas con posibles reformas legales. Seibert dice que la libertad religiosa “es un bien muy preciado” en la sociedad democrática. No obstante, la ministra de Justicia, la liberal Sabine Leutheusser-Schnarrenberger (FDP), recuerda que “en un Estado de derecho, las dudas legales planteadas por una sentencia no se resuelven de la noche a la mañana”.

También el ministro de Exteriores, Guido Westerwelle (FDP) se distanció de la sentencia en una entrevista: “Alemania es un país abierto y tolerante, en el que la libertad religiosa está arraigada y donde la circuncisión se respetará como una expresión de la diversidad religiosa”. De la oposición de centro-izquierda también puede esperarse apoyo al corte: el presidente socialdemócrata, Sigmar Gabriel, dijo que “una tradición milenaria de millones de personas” tiene que quedar regulada por ley. La jefa de Los Verdes, Claudia Roth, también ataca la sentencia, “alejada de la realidad”.