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Durban apunta al gas del plasma

La cumbre del clima pacta limitar el trifloruro de nitrógeno, empleado en pantallas y paneles solares

Activistas escenifican el entierro del carbón en Durban durante la cumbre del clima.
Activistas escenifican el entierro del carbón en Durban durante la cumbre del clima.

El Protocolo de Kioto acaba de recibir una prórroga en Durban. Aún no se sabe hasta cuándo y está claro que en el mejor de los casos solo cubrirá el 15% de las emisiones tras bajar desde el 25% actual con la salida de Japón, Rusia y Canadá. Hay quien dice que Kioto ha pasado a ser un zombi. Y, sin embargo, Kioto crece en otro aspecto. La cumbre del clima ha decidió añadir un gas a la lista de los que controla el protocolo. Se trata de una sustancia de rápido crecimiento porque se usa en la fabricación de algunso paneles solares y pantallas de plasma

Se suele hablar de CO2 como sinónimo de gas de efecto invernadero, pero es solo por ahorrar esfuerzo, como explicaba aquí Clemente Álvarez. Kioto cubría hasta ahora la emisiones de dióxido de carbono (CO2), metano (CH4), óxido nitroso (N2O), hidrofluorocarbonos (HFCs), perfluorocarbonos (PFCs) y hexafloruro de azufre (SF6). Algunos de estos tienen un poder de calentamiento miles de veces superior al del CO2, aunque su producción es más pequeña.

Ahora se suma el trifloruro de nitrógeno (NF3), un gas utilizado en la fabricación de pantallas de plasma y de algunos paneles solares. El NF3 tienen un poder de calentamiento 17.200 veces superior al del CO2. En 2008, Moisés Naim lo citaba como una de las sorpresas del año, ya que la producción se ha disparado precisamente por ser un gas fuera de Kioto. Comenzó a usarse en cantidades muy pequeñas y en combustible de cohetes y en 1990 apenas su usaba. Según este estudio de 2008, publicado en Geophysical Research Letters, la producción en 2008 era ya de 4.000 toneladas y podría doblarse en 2010, con la eclosión de las pantallas de plasma.

Puede que la inclusión en Kioto no afecte demasiado, ya que no se controlarán las emisiones producidas ni en EEUU, China o India, pero el caso del NF3 demuestra la necesidad cada vez mayor de prestar atención a otros gases usados en industria especializada y con gran poder de calentamiento.

EE UU siempre ha presumido que no firmó Kioto porque era un instrumento inútil y que en cambio apoyó el Protocolo de Montreal, el tratado de 1989 contra los gases que dañaban la capa de ozono y que se usaban en la refrigeración. Alega que con ese tratado se ha conseguido más contra el cambio climático que con Kioto.

EE UU, México y Canadá ya intentaron el año pasado ampliar Montreal para que incluyera los HFCs, gases de efecto invernadero que sustituyeron a aquellos CFCs. Según EEUU, los HFCs suponen alrededor de un 2% del calentamiento, pero serán un 4% en 2020 y un 20% en 2050. La ventaja es que la producción de estas sustancias está localizada, en un puñado de fábricas conocidas. Al contrario que el CO2, no se producen cada vez que un ciudadano enciende la luz, arranca el coche o quema madera. Por eso controlar la producción, asignar cuotas y cambiar la tecnología es más sencillo.