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Zadie Smith o la rebelión femenina contra la ‘tasa del espejo’

La escritora abre el debate al reivindicar no pasar más de 15 minutos arreglándose y maquillándose.

Smith, en una imagen en noviembre de 2016.
Smith, en una imagen en noviembre de 2016.Getty (Getty Images)

«Estás perdiendo el tiempo y tu hermano no lo va a malgastar como tú. Cada día de su vida se pondrá una camiseta, saldrá por la puerta y le importará un pimiento si tú te quedas una hora y media maquillándote». Este es el discurso que la escritora Zadie Smith ha dado a su hija de 7 años, tras advertir que la niña «pasaba demasiado tiempo mirándose en los espejos». La laureada autora de Dientes Blancos y de Swing Time (traducida al castellano este otoño por Salamandra) lo explicó en el festival literario de Edimburgo, donde cargó duramente contra algunos aspectos y obsesiones de la industria de la belleza y aclaró que para dar ejemplo a su pequeña, ha decidido no pasar más de 15 minutos diarios arreglándose frente al espejo. «Por lo que entiendo de todo este negocio del contouring, creo que una hora y media es demasiado. Creo que para ella fue más práctico entenderlo así, que darle una gran lección sobre belleza femenina. Lo ha visto como una regla práctica y ella ve cómo me arreglo y cuánto tardo en hacerlo».

La regla de los 15 minutos de Zadie Smith ha sido aplaudida en varios medios. En el Times defienden que la escritora «tiene razón» y que la vida «es demasiado corta como para gastarla poniéndote iluminador» y en The Guardian han celebrado su norma, lamentando que las británicas pasen, de media y según un estudio de 2016, unos 38 minutos frente al espejo cada día, lo que supone pasar cuatro horas y media semanales y unos 10 días (y noches) al año haciéndolo. Al otro lado del charco, los medios son más escépticos. En Jezebel se alinean a medias con la escritora: por un lado afean las declaraciones de Smite indicando que el trabajo de las youtubers especialistas en contouring «es un arte», pero también se alinean con esa visión de su obra, donde siempre ha criticado que la belleza femenina es una «forma de poder» y «un capital cultural» –basándose en uno de los argumentos de su novela Sobre la belleza (2003), donde el patriarca familiar engaña a su mujer, excusándose, en parte, en el hecho de que esta ganase peso durante el matrimonio–. «Hay muchísimos más horrores y presiones a las que se someten las mujeres que el cansino argumento de que el maquillaje es una herramienta del patriarcado intentando debilitarnos«, apuntan en Jezebel. «Maquíllate si quieres, ¡o no!», insisten al respecto. Si bien la regla de Smith no reniega del uso del maquillaje y se centra más en el narcisismo y el tiempo que las mujeres dedicamos a preocuparnos por nuestro aspecto físico, su regla de los 15 minutos llega tras unos años en los que se ha popularizado el denominado «ayuno de espejo». Las mujeres que lo practican rechazan ver su imagen reflejada en ningún espejo durante un tiempo determinado –días, meses o hasta un año– para ganar autoconfianza «y huir de la vanidad».

Las declaraciones de Zadie Smith dejan un poso sociocultural mayor del que podría parecer a simple vista. Tal y como la describe Terry Newman en el reciente Legendary Authors and the Clothes they wore (HarperCollins), la británica, además de ser una de las escritoras mejor valoradas del panorama actual es «la Kate Moss de la literatura». Smith fascina a las mujeres adultas educadas, las mismas que se alinean con la moda intelectual de Phoebe Philo. La escritora es una de las mujeres con más estilo del panorama actual. Lo certifica la rendición a su figura de revistas como The Gentlewoman o Vogue o el ser una habitual en las listas de mejores vestidas de Vanity Fair. «Tweed, turbantes, trenzas, Miu Miu, Marni, Céline: Zadie Smith tienen una comprensión más que sabia cuando hablamos de moda. Ella mezcla y acierta, y manifiesta que el ‘sin esfuerzo’ puede ser original», apunta en el libro.

Esta no es la primera vez que la ‘tasa del espejo’ aparece en el debate público. Como recuerdan en The Guardian, lo hizo en 2015, cuando una joven criticó a Hillary Clinton el tener que pasar 30 minutos más arreglándose que su novio y lamentó «cómo la tasa del maquillaje y la peluquería afectaba a otras mujeres, especialmente a aquellas que tienen trabajos en el ojo público con mucha presión». La por entonces aspirante a presidenta le respondió con dos palabras: «Amén, hermana».

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