Javier Pereira

La sonrisa de un actor entre el balón y la cámara

El actor Javier Pereira (Madrid, 1981), madridista, debutó con 16 años ante las cámaras vestido con la camiseta del Atlético de Madrid, y lleva casi tres décadas dedicado al séptimo arte. Acaba de dar otro salto: ha estrenado ‘Suelta’, el primer cortometraje que ha escrito y dirigido. Una infancia difícil lo llenó de coraje y de “ganas de contar”. ¿Su secreto? El fútbol salvó a ese niño que hoy sigue jugando, “hasta que el cuerpo aguante”, dice, porque el campo es el lugar de encuentro con su “familia elegida”

¿Qué ve Pereira cuando se mira?

Capítulo 1. EL TÍO Y LA ABUELA

Cómo el niño que vio lo que ningún niño debe ver se convierte en actor

Una sonrisa es la más perfecta de las máscaras. Quién sabe lo que se esconde detrás. Aunque quien sonría sea un niño. Especialmente si se trata de uno que, en sus palabras, “vio y afrontó lo que ningún niño debería ver y afrontar a esa edad”. Perdió a sus padres. Dice Pereira que muchas de aquellas sonrisas infantiles encubrieron un sufrimiento que lleva tratando desde entonces en terapia y que, en cierta medida, lo ha moldeado: maduro desde crío, agradecido y siempre capaz de encontrar la pepita de oro que reluce en el fango. “Mi abuela me enseñó la lucha: vas una vez, y otra, y otra, vas un millar de veces sin desistir y, a la mil una, tal vez, esa puerta en la que tocabas se abra”, remarca. Se crio con ella, una mujer que vino de La Vera (Cáceres) con nueve hijos a cuestas y los sacó adelante en una panadería de Carabanchel; el ala bajo el que buscar cobijo en la adversidad, donde encontrar siempre la ternura necesaria para resistir.

Creció con ella y con su tío, que fue quien propició que Pereira terminara dándose de bruces con la actuación: “Está muy bien que juegues tanto al fútbol, pero tienes que apuntarte a algo artístico”. Aquel niño debía encontrar un vehículo de expresión para lo que le bullera en la cabeza, debió pensar el tío. Y la música al sobrino se le daba fatal, así que probó en una escuela de teatro de barrio en la Puerta de Toledo. Aquello les cambiaría la vida a los dos: “Éramos alumnos de todas las edades. Una tarde que vino a recogerme a la salida mi tío me percaté de cómo se fijaba en una compañera que rondaría los 30. A los pocos días, ella también me preguntó por él. Así que organicé una cita. Fuimos los tres al teatro de La Latina. Y funcionó: llevan juntos casi treinta años”.

Discurso de agradecimiento de Javier Pereira en la ceremonia de los Goya 2014.

Un transcurso tan duradero como el del cuento de amor que ha ligado desde entonces a Pereira con la pantalla: apenas dos cursos después de esos primeros pinitos en la escuela, un corto; luego decenas de series y películas; y premios, también. Como el Goya a mejor actor revelación que mereció en 2014 su interpretación de un seductor taimado y cautivador, encantador y violento, en Stockholm. Por fin, una historia feliz para aquel niño. ¿Saben cuál dice que ha sido Pereira el mayor de los honores en esa exitosa carrera? Su abuela, vestida de punta en blanco, acompañándolo en los estrenos en la Gran Vía. Verla henchida de orgullo. “Yo sé lo que significó para ella: un regalo, una demostración de que todo por lo que había luchado, los sufrimientos que habíamos padecido ambos, habían merecido la pena”. Murió antes de verlo ganando el Goya. Pero él, por supuesto, no olvidó levantar la mano al cielo aquella noche para dedicarle el galardón a los que ya no estaban allí para contemplarlo. A Ella.

Capítulo 2. DETRÁS DE LA SUERTE

La vida es una lotería que cuesta mucho esfuerzo

Javier Pereira mantiene una relación peculiar con la suerte…

Estudió en el colegio de San Ildefonso, institución surgida hace seis siglos para acoger a huérfanos o abandonados que cuenta, todavía hoy, con una residencia que hospeda a unos 70 menores en el madrileño barrio de La Latina. El célebre colegio de los niños cantores.

Pereira fue, en tres ocasiones, uno de esos niños trajeados y con pajarita que llevan cada 22 de diciembre a través del televisor la salmodia de la Lotería de Navidad a los hogares de toda España. Y, en dos de ellas, en 1993 y 1994, cantó el Gordo… Una puntería insólita.

Corramos el reloj tres años después: 1997. Una profesora de interpretación —hasta hoy, la preparadora que ayuda a Pereira con sus papeles—, Raquel Pérez, lo manda a una audición. De entre la marabunta de adolescentes actores que se presentan, Pereira es el escogido para protagonizar el cortometraje de Antonio Conesa sobre un padre enfermo y un hijo fanático del Atlético de Madrid, Campeones; un filme designado en las páginas del diario EL PAÍS por un jurado de más de 50 expertos como el mejor de la década de los noventa. Y, desde esa primera vez, el madridista que hizo su bautismo ante la cámara con la piel rojiblanca, ya no paró de actuar: con 16, El Súper, serie diaria de Telecinco; con 17 se marcha un año a A Coruña para rodar Nada es para siempre, que encadena luego con la otra gran serie de adolescentes del fin de siglo, Al Salir de Clase. En 26 años, su currículo almacena decenas de títulos en la pequeña pantalla y también más de 15 películas, con reconocimientos como el ya mentado Goya de 2014 o la nueva nominación que recibió en 2017 por Que Dios nos perdone en 2017.

Antonio de la Torre (izquierda) y Javier Pereira durante el rodaje de 'Que Dios nos perdone'.

¿Suerte? Lo cierto es que de esa pasión que pudo convertir en profesión Pereira habla como de un designio de los hados. Dice: “La vida me lo puso delante y me subí al tren”. Una compensación kármica por su infancia. Algo así.

Aunque no por ello olvida un solo día el privilegio que supone no haber tenido que dedicarse a ninguna otra cosa que a la actuación. No ha sido casualidad, no obstante. Siempre se esforzó con denuedo. Mientras rodaba en Galicia, regresaba cada semana a Madrid para no perderse las clases en la escuela de Cristina Rota —ahí se formó, entre los 14 y los 20 años—; si quería tomarse un respiro y viajar, aprovechaba para tomar cursos de interpretación en Los Ángeles o Londres. Es la clase de actor que, si debe encarnar a un heroinómano, colabora como voluntario en Proyecto Hombre hasta empaparse de esa realidad; que, para interpretar al villano del filme de Rodrigo Sorogoyen Que Dios nos perdone, llevó a su cuerpo al extremo de perder 17 kilos en tan solo dos meses. El compromiso de Pereira es inquebrantable.

El azar existe, pero la fortuna también se persigue. Porque, explica Pereira, quien conoce la dificultad valora más cada ocasión que se le brinda. No las desaprovecha. Mira con otros ojos cada logro. “Estancarse en la queja no sirve. Uno puede permitirse unas horas de tristeza, pero solo unas horas. Luego hay que seguir”. Quien ha burlado el destino que se le presuponía a aquel chaval huérfano, no se ahorra una gota de sudor.

Icono del cine y mediocentro creativo

Portada del suplemento Tentaciones del 7 de julio de 2006, verano en el que Pereira estrenó tres películas
Capítulo 3. EL FÚTBOL COMO COSTURA

La familia elegida sale de la cancha

Sentado en la cafetería de la Academia de Cine, frente a un refresco sin azúcar, el móvil de Pereira comienza a vibrar sobre la mesa. —Siempre que se organiza un partido me llaman —murmura sonriente, tapando el micro con la mano.

Lo han invitado a la 30ª edición del encuentro a beneficio de la Fundación Down Madrid que enfrenta a artistas y famosos por una buena causa. “¿Viene también Dani Guzmán?”, inquiere a su interlocutor al teléfono, como tratando de asegurarse de que haya otros que sepan lo que se hacen con la pelota en los pies…

Ese 17 de diciembre supuso la primera visita de Pereira al Cívitas Metropolitano. Y no precisamente a la grada... “¡No sé cómo lo hago, pero, siendo merengue, siempre acabo entre colchoneros!”. Un césped en el que brilló de veras: fue el metrónomo de su equipo desde el centro del campo y anotó el gol que cerró el empate definitivo: 4-4.

“Pocas cosas tienen el poder que tiene el fútbol de lograr que te abstraigas de tu realidad y te relajes”

“Un equipo de fútbol es un refugio. Cada jugador se siente acogido y todos lucháis juntos por objetivos comunes. ¿Qué sentimiento hay más bonito que la comunión de esa pandilla?”

“El fútbol es una escuela de valores que deberíamos aprender a aplicar en la vida: la lealtad, el sacrificio por el compañero, la deportividad, el componente lúdico…”

El fútbol, confiesa Pereira, ha sido probablemente la cosa que más feliz le haya hecho de niño, cuando pasaba cinco y hasta ocho horas diarias jugando en el patio, en la calle, en el parque… Desde los 14 años tiene un equipo con amigos del cole a los que llama “mi familia elegida”. Hoy, con 41, con algunos integrantes casados y con hijos, siguen jugando juntos al menos una vez por semana. Aunque para hacerlo tengan que encontrarse a las 11 de la noche de un gélido lunes de invierno.

Una amistad inexpugnable. “Nos hemos acompañado en todos los momentos importantes de la vida”, rememora Pereira, como si, mientras lo pronunciara, se le pasaran las imágenes de esos instantes compartidos por la cabeza. ¿Fiesta de cumpleaños con el elenco de tal o cual serie? Allá iban sus amigos del cole y del barrio también: no hay mundos divergentes que valgan, para él. Si hay que celebrar, mejor juntos. Bodas, nacimientos, viajes de vacaciones… Y si lo que se necesita es un hombro en un momento duro, también juntos en el trance. Como cuando sucumbió a la enfermedad el padre de uno de ellos, justo el amigo que solía llevarlo a ver al Real Madrid al Santiago Bernabéu. ¿Quién mejor que él sabría ponerse en su lugar? El fútbol ha sido una sólida costura con los suyos. El fútbol no es solo fútbol.

Capítulo 4. EL FÚTBOL COMO COSTURA

Llegó el momento de contar

Javier Pereira y su equipo durante el rodaje de 'Suelta'.

Siempre llega: nadie es inmune. Un bache. Un periodo en el que pareciera que la fortuna te da la espalda. Después de “dejarse la vida” en el personaje que le valió la segunda nominación al Goya, el retorcido y escuálido Andrés de Que Dios nos perdone (2017), vino un barbecho. ¿Qué implica algo así para un talante combativo como el de Pereira? “Forma parte del juego”, dice, y se encoge de hombros sin apartar la vista. Fue, en cierta medida, un acicate: con 30 años había intentado escribir y dirigir un corto. Entonces desistió. Pero ahora sentía que era el momento: “No quería cargar con el remordimiento de no haberlo intentado.” Tampoco podía permitirse hacer algo que desmereciera sus logros como actor: tenía que estar indiscutiblemente bien. ¿Presión? “Agradecimiento: He encontrado otra pasión”.

Reflexionó mucho: ¿de qué quiero hablar? Y, en ese ejercicio de toma de consciencia, se dio cuenta de que las herramientas que había adquirido a base de sobreponerse a infortunios desde tan pequeño le habían dotado de una mirada honda y metódica, de una perspectiva desde la que podía asomarse a temas de interés general haciéndolos plenamente suyos. Apuntó varias ideas en una libreta —anotaciones con adendas en tinta roja y tinta verde, listas y listas de pros y contras— y las sopesó todas. Así nació Suelta, el corto que perfiló con ayuda del guionista José Manuel Carrasco y que dirigió y rodó en apenas cuatro días. Y que se exhibe en Movistar Plus+ y ha supuesto, de nuevo, una primera vez feliz. Las puertas se han abierto, vendrán más películas con Javier Pereira delante y detrás de la cámara.

Javier Pereira dando instrucciones a los actores.
Tráiler del cortometraje 'Suelta'.

¿Y en la libreta qué ideas quedan pendientes, bien subrayadas en rojo y verde?

Una sobresale con fuerza. Fútbol, claro, ¿qué si no? “Nos merecemos una GRAN serie con nuestro fútbol como protagonista”.

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