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La sala de guerra de Iván Redondo

El jefe de gabinete de Pedro Sánchez gana poder e influencia. Un superministro sin ministerio, un cargo inédito para un asesor que hace seis años mandaba en un Gobierno autonómico del PP

En foto, Iván Redondo, el pasado viernes en La Moncloa. En vídeo, perfil del jefe de Gabinete de Pedro Sánchez, Iván Redondo.

El 24 de mayo de 2018 empezó a cambiar la vida de Pedro Sánchez de un modo tan monstruoso que ni él mismo se enteró. Esa mañana, tras salir de una entrevista con Pepa Bueno en el programa Hoy por Hoy de la cadena SER, Sánchez desayunaba con los directivos de la radio cuando los móviles empezaron a sonar: la sentencia del caso Gürtel era cuestión de minutos. “¿Harás una moción de censura?”, le preguntaron. Se lo había preguntado Iglesias hace meses, y la respuesta de Sánchez fue la misma que espetó en la planta noble de la SER: “¿Para perderla?”. De esa reunión da cuenta la periodista Carmen Torres en el libro Instinto de poder (La Esfera, 2019). La idea de la moción, sin embargo, empezó a abrirse paso en Sánchez sin atender a cuestiones inoportunas, como haber dicho que no llegaría al Gobierno “a cualquier precio” o haber llamado, 20 minutos antes en antena, “racista” a Torra, sin cuyo partido no podría ganar la moción. Sánchez hizo dos llamadas al salir de la radio: una a Margarita Robles para que fuese a Ferraz a detallar la sentencia y otra a Iván Redondo Bacaicoa (San Sebastián, 1981) para saber qué hacer con ella. Robles ha ocupado cargos públicos con los socialistas desde hace 27 años; de Redondo, jefe de gabinete del presidente de Extremadura (PP) seis años antes, el PSOE extremeño dijo: “No vamos a estar detrás de este vendedor de mantas. Que se vaya a una feria y que le compre el producto quien quiera comprárselo: el PSOE no se lo va a comprar”.

El PSOE se lo ha comprado todo esta semana. Mejor aún que el PSOE, el Gobierno. El jefe de gabinete de Pedro Sánchez aumenta poderes, influencia e impacto. Un superministro sin ministerio; "jefe de todo, responsable de nada", como resume un veterano de la información política. The war room, el blog que Iván Redondo escribía en el diario Expansión, dejó de actualizarse el 11 de mayo, nueve días antes de conocerse la sentencia de Gürtel. Es el nombre, The war room, de un documental de culto de 1993 que firma D. A. Pennebaker y Chris Hegedus sobre la campaña de Bill Clinton en 1992 centrándose en el cuartel general de Little Rock, la sala de guerra. La primera entrada de ese blog se publicó en julio de 2008 con un texto en el que le diagnosticaba “galleguismo” a Obama por su capacidad para despistar y “no mojarse demasiado (¿les suena?)” en referencia a Mariano Rajoy. Desde 2008 hasta 2018 hay centenares de entradas sobre muchos asuntos que no sólo marcan el paso de la madurez profesional de Redondo sino de la evolución de sus ideas.

Cinco meses antes de empezar el blog, Redondo trabajó con Rajoy a través de la firma MAS Consulting para las elecciones generales de marzo que el candidato del PP perdió contra Zapatero. Llegó a MAS Consulting tras ser alumno de uno de los posgrados de Comunicación Política de la consultora; a raíz de eso, lo contrataron para varias campañas durante un año y medio. Una de las ideas que ejecutaron fue la web Tu propuesta en 30 segundos. El visitante de la página de Rajoy tenía que escribir su nombre y su número de teléfono y acto seguido se veía un vídeo: en él Rajoy llega a una reunión y empiezan a aparecer sus colaboradores. Ana Pastor, Gabriel Elorriaga, Jorge Moragas… Cuando están todos, se dan cuenta de que falta alguien. Entonces Rajoy coge el teléfono y llama al usuario de la web: “Soy Mariano Rajoy. ¿Dónde te has metido? Te estamos esperando”. La grabación invitaba al espectador a aportar sus ideas a través de Internet. Ese mismo año Redondo salió de MAS Consulting de mala manera. Ni Redondo ni Daniel Ureña, fundador de la consultora, quieren hablar de ello.

“El silencio es la respuesta más inteligente a una pregunta sencilla”, escribió Redondo hace años. El director del gabinete del presidente de Gobierno mantiene una relación compleja con el silencio. Su trabajo es hablar y escuchar donde hay luz, pero fuera de los focos. Estar en contacto con los periodistas, pero no salir en los periódicos. El protagonismo es del “cliente”, como llamaba Pedro Arriola a Mariano Rajoy, pero no renuncia a un cargo que le ponga en el ojo del huracán. Su deseo público, por así decirlo, es que no se sepa nada de él; su valoración privada, expresada a su entorno, es que resulta positivo que se sepa quién es y qué ha conseguido. Es el hombre del momento. Se le atribuyen, por tanto, toda clase de leyendas. La más malévola es que se anota éxitos que no le corresponden y se desmarca de asuntos que promueve. Sí se sabe que, en el último año en el Gobierno y en el partido, su poder ha colisionado con el de Carmen Calvo, vicepresidenta del Gobierno, y Adriana Lastra, portavoz parlamentaria.

“Al Iván Redondo de esas leyendas no es que no lo reconozca, es que tengo la seguridad de que no es así”, dice Rosa Díez Urrestarazu, periodista y profesora de la Universidad de Deusto. En 19 años dando clases, dice, "nunca he tenido a un alumno más brillante que Iván”. Un chico “fuera de lo común” y “muy buena persona”. Lo conoció cuando Redondo tenía 20 años y le llamó la atención el primer día: "Les hice a todos una prueba de conocimiento de la actualidad, 100 preguntas: supo las 100”. Díez Urrestarazu daba clase de 8 a 10 de la mañana. Cuando llegaba al campus a las 7.40, Redondo tenía el Diario Vasco leído de arriba abajo. Díez recuerda tan bien a Redondo que no olvida uno de sus ejercicios: un storyboard sobre una noticia, hecho a lápiz, que era “impresionante”. Ese alumno “brillante” de “euskaldun hitza” (“palabra de vasco”, cuenta Díez), vinculado estrechísimamente a su madre y tres hermanos, fundó su buque insignia, Redondo y Asociados, tras salir de MAS Consulting. Lo hizo con su pareja, Sandra Rudy, a la que conoció en sus clases de Deusto. Y con Redondo y Asociados (rebautizada R&A) llamó a las puertas del PP vasco.

“Es un vendedor de mantas”, decía el PSOE de él cuando trabajaba para el PP

“María San Gil se fue a unos meses de las elecciones. Estábamos jodidos. Antonio [Basagoiti] fue presidente del PP vasco por accidente, y además había un contratiempo: las agencias de publicidad no querían trabajar con nosotros, les costaba hacerlo”, dice un dirigente de la época. “Sin que nadie te dijese nada, sabías lo que te convenía. Y cobrar del PP no convenía”. Apareció Redondo. Desatado. "Estábamos tristones pensando en una campaña gris, de resistencia. Nos íbamos a dar una hostia épica”, dice este exdirigente. Redondo introdujo formas de comunicar diferentes con plataformas más osadas. Inspirándose o copiando (bromeaba con ello) campañas anglosajonas, organizó desde un concierto de la cantante Vega en un mitin de Basagoiti hasta un anuncio premiado por la Asociación Americana de Consultores Políticos (AAPC), la institución de consultores más grande del mundo. Se trataba de una foto de Basagoiti con ocho años de edad y un mensaje: “Hola, soy Antonio Basagoiti y quiero ser lehendakari”. Redondo contó a El Imparcial: “Queríamos decir a los vascos que, después de 30 años de nacionalismo, el Partido Popular aportaba una nueva generación de políticos”. El PP salvó tanto los muebles en el País Vasco que, por primera vez, presidió el Parlamento tras pactar con el PSOE de Patxi López, que fue lehendakari.

“Le conocí en Madrid, recomendado por Génova”, dice Iñaki Oyarzábal, entonces secretario general del PP vasco. “Tiene una enorme intuición y una capacidad de trabajo asombrosa”. La siguiente cita ya fue en Bilbao para conocer a Basagoiti, el candidato, y este quedó encantado con las ideas de Redondo. No había tiempo que perder. “Me dijo que lo contratase, e hicimos con él la campaña”, dice Oyarzábal. Del País Vasco y de Badalona, su siguiente parada en el PP con Xavier García Albiol, los dirigentes conservadores recuerdan que “va con todo”. También en la acera de enfrente. “Un killer”, resume un histórico socialista desapegado de la línea del partido, “que pega muy bien con Sánchez porque a los dos les da igual todo”. “Arriesga y exige. Es ideal para un tipo de candidato dispuesto a jugar fuerte”, dice. Con García Albiol hizo la campaña de 2011 pero no la de 2015, en la que Albiol fue a saco con una campaña xenófoba: “Limpiar Badalona”. La falsedad de que Redondo estaba detrás de esa campaña, replicada continuamente, obligó a Albiol, con Redondo ya en el PSOE, a desmentirlo en Twitter en 2018: Redondo no trabajó con él en su polémica campaña de 2015. Sí hizo el vídeo (el propio Redondo cámara en mano) de Albiol en 2011 donde se adelantaba lo que pasaría dentro de cuatro años: Albiol, tras varias entrevistas en la calle, relacionando seguridad con inmigración y diciendo que quería una Baldalona "limpia". Ya en Extremadura, a Monago lo convirtió en un verso suelto del PP (llamaban a Monago "barón rojo") para acercarse a la mayoría de voto socialista extremeño; Monago ganó las elecciones, lo hizo su hombre fuerte y Redondo saltó a la fama. Fue la bestia negra oficial del PSOE. Un digital socialista le dedicó un artículo titulado Iván, el octavo pasajero, remedando el título honorífico que tenía: octavo consejero, consejero sin cartera.

“Nunca he tenido un alumno más brillante”, dice una antigua profesora

¿Por qué el PSOE? Porque el PP de Rajoy no tenía nada que ganar. Sánchez, sin embargo, no tenía nada que perder. Pero, sobre todo, porque tras una consultoría política de marketing e imagen no tiene por qué haber ideología. Hay herramientas para conquistar el poder o conservarlo; hay multitud de datos que se interpretan de una forma u otra, y actuar en consecuencia. Redondo es un loco de las encuestas y cualitativos, y dispone de lo que llaman “el CIS de Moncloa”, un instrumento potentísimo de procesamiento de datos. Trabaja a todas horas. Es muy listo, “extremadamente listo”, dicen en su equipo, gente que le sigue y le defiende a muerte. Además, según estos, acierta siempre o casi siempre. “Se ha pulido muchísimo con la edad, es una máquina y esa máquina nosotros la tenemos enfrente”, dice una fuente del PP.

El ámbito de actuación de Redondo siempre fue el Partido Popular y volvió a intentarlo, esta vez ya en Génova, cuando salió de Extremadura. No hubo modo. En esa época Redondo comió con un viejo amigo y le contó su órdago: había contactado con Sánchez, habían hablado y llegado a un acuerdo. Él, Redondo, veía un camino claro para ganar las primarias pese a la opinión contraria de casi toda España. Sánchez, desde luego, también. El acuerdo era: “Yo hago las primarias gratis; si las ganas, me contratas”.

El 24 de mayo de 2018, ya con Pedro Sánchez al frente del PSOE, Iván Redondo no valoraba la moción de censura en función de ganarla o perderla, siendo lo primero prioritario y lo segundo positivo. Contaba que se trataba de neutralizar a Podemos y marcar distancia: recuperar la hegemonía de la izquierda. Le había salido bien a Felipe González cuando perdió la moción en 1980 y en 1982 arrasó. Aunque, por supuesto, se iría a ganar. La periodista Lucía Gómez-Lobato relata en su libro La moción (Samarcanda, 2019) cómo pedir la dimisión de Rajoy para convocar nuevas elecciones durante la sesión de moción de censura legitimaba, según el elástico código Redondo, el acceso al poder: “Es Rajoy quien elige presidente a Sánchez al no dimitir”. Voilà.

“Mira a la cámara y dinos: ¿cuáles son tus retos profesionales para el futuro?”. El chico de 20 años miró a la cámara y dijo: “Dirigir el país”. Estaban haciendo prácticas de televisión en la Universidad de Deusto, según le contó un compañero de Iván Redondo a El Correo: "Recuerdo que dijimos: ¿pero éste de qué va?”. Ahora ya lo saben.

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