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Sánchez cree que la entrada de Errejón no afecta al PSOE

“El señor Torra lo tiene muy fácil. Si no quiere que se relacione al independentismo con la violencia, lo que tiene que hacer es criticar el uso de la violencia", asegura el presidente en funciones

Sánchez, durante su intervención en la asamblea de la ONU este miércoles. AP

El vértigo en el PSOE es indisimulable ante la repetición electoral, pero Pedro Sánchez y su equipo quieren trasladar la idea de que tienen todo bajo control. Ni siquiera les inquieta la entrada en escena de Íñigo Errejón porque creen que no afecta al PSOE. “Asistimos a una recomposición del espacio político de Podemos, a la izquierda del PSOE. Lo vemos con respeto y con algo de distancia”, sentenció el presidente desde Nueva York, donde participa en la Asamblea General de la ONU. Sánchez prefiere concentrarse en los votantes descontentos de Ciudadanos, a los que lanzó un nuevo guiño.

También su choque con Quim Torra, el president de la Generalitat, que es cada vez más directo, incide en esa idea de destruir la imagen de amigo de los independentistas que ha fomentado Albert Rivera. “El señor Torra lo tiene muy fácil. Si no quiere que se relacione al independentismo con cualquier acción violenta, lo que tiene que hacer es criticar cualquier uso de la violencia. Torra tiene dificultades para entender un Estado de derecho. La policía que ha detenido a un grupo de CDR actúa aquí por orden de los jueces y estos no dependen del Gobierno en una democracia como la española”, remató.

El viaje a Nueva York en la semana de la disolución de las Cortes ha supuesto una inyección de energía para el presidente Sánchez y el equipo que le acompaña. En el entorno internacional todo son buenas palabras hacia un presidente que se ha colocado rápidamente en el sector multilateralista opuesto al de Donald Trump. Su discurso, que en España es el habitual en los líderes del centroizquierda, logra adhesiones en un EE UU acostumbrado a oír cosas muy diferentes de su presidente. El miércoles Sánchez logró una auténtica ovación cuando dijo, con Bill y Melinda Gates —fundadores del imperio Microsoft y ahora grandes financiadores de proyectos de cooperación en el Tercer Mundo— , que él es un “presidente feminista”. En las entrevistas en medios internacionales que ha hecho estos días también se ve ese ambiente favorable. Y además, este año no le preguntan por Cataluña, algo que ha sorprendido a su equipo y muestra que la situación está como mínimo estancada. Pero el viernes, cuando vuelva a Madrid, Sánchez se encontrará de nuevo con la realidad de una precampaña electoral cada vez más incierta ante los nubarrones económicos, la sentencia del procés, el Brexit y ahora la aparición de Errejón, que podría dividir el bloque de izquierdas y perjudicar sus posibilidades de sumar.

Sánchez está siendo exquisito con el fundador de Podemos, al contrario de lo que hace con Pablo Iglesias, que se ha convertido en un gran rival del que ha llegado a decir que no podría “dormir por las noches” si su equipo de confianza estuviera al frente de ministerios importantes. Sánchez evitó cualquier atisbo de crítica o alabanza a Errejón en público. En una conversación informal en Nueva York el lunes ya dejó muy claro que cree que sería más fácil pactar con él que con Iglesias, pero de momento la estrategia consiste en no darse por aludido y mostrarse seguro de que el profesor madrileño no arrancará votos al PSOE.

La batalla fundamental de Sánchez es otra, y lo deja claro en cada ocasión. Su objetivo es crecer sobre todo por el centro y arrancar votos de desencantados de Ciudadanos. Por eso Sánchez y su equipo explotan al máximo la imagen más centrada del presidente y su papel de líder internacional, para convertirlo a los ojos de los ciudadanos en el único candidato con posibilidades reales de gobernar. Y por eso él hace campaña desde cualquier lugar, incluida la ONU, y ha preparado una intensa agenda que abarca todo octubre en la que por la mañana habrá actos institucionales como presidente y por la tarde mítines, muchas veces en el mismo lugar. “La pregunta que se tienen que hacer los ciudadanos el 10 de noviembre es si queremos abandonar esta etapa de interinidad de estos cinco años para tener un Gobierno estable y coherente. El reto es que se movilicen los millones de progresistas y que también los que votaron a otras formaciones y han visto que han contribuido a la inestabilidad de país, encuentren en el PSOE la respuesta a la estabilidad”, dijo en un claro guiño a los votantes de Ciudadanos, porque es mucho más difícil el trasvase desde el PP.

Sánchez insistió en esa idea de la moderación del PSOE, lo que muestra que su prioridad es ese sector. “Los votos no son de los partidos. Esto de hablar de los votos de Cs... son votos de los ciudadanos. El PSOE está donde siempre ha estado. Somos una izquierda moderada que quiere dar una respuesta progresista pero no aventurera”.

Sánchez está ya pues en campaña y no parece inquieto ante el riesgo de que la situación se le complique mucho más de lo previsto, pero sí admite en conversación informal que la campaña “habrá que salir a pelearla” porque la situación está muy abierta.

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