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Los bloques políticos se petrifican en el poder autonómico

PSOE y PP cierran acuerdos con sus afines, sin apenas cruce, por lo que mantendrán la disputa por el mismo espacio

Begoña Villacís y José Luis Martínez-Almeida, tras la primera reunión del Ayuntamiento de Madrid.
Begoña Villacís y José Luis Martínez-Almeida, tras la primera reunión del Ayuntamiento de Madrid.

Los bloques se petrifican, fracasa el cruce, no hay pasillo entre diferentes. Cuando en pocos días se constituyan los Gobiernos autónomos quedará reflejado el marco político e ideológico del poder autonómico, muy en consonancia con el municipal, cerrado el 15 de junio. El PSOE y el PP mantienen un poder muy relevante, a pesar de la pérdida muy intensa de votos de los populares, maquillados por alzarse mediante pactos con los Gobiernos de Madrid, donde políticamente se produce la gloria y se toca el infierno. Pero no hay mezcla, solo se han relacionado con afines.

Superada ya la fase de reafirmación de que gana quien gobierna al margen de las victorias en votos, tanto en las elecciones generales como en las autonómicas se ponía a prueba si en España podía abrirse camino la transversalidad, si resultaría posible que las fuerzas políticas pudieran apoyar opciones diferentes, algo muy factible en municipales. El reparto del poder autonómico aún no está cerrado y tampoco el del Gobierno de la nación, pero han fracasado las tesis y las presiones, al menos hasta ahora, para que haya diversidad de acuerdos. “La rigidez de los bloques es dramática”, se duele un veterano político socialista que hasta la noche electoral local y autonómica del 26 de mayo creyó posible el pacto con Ciudadanos en Castilla y León, en Murcia, en Aragón o en la ciudad de Zaragoza, como ejemplos entre otros muchos. Este hubiera sido el deseo confeso de los socialistas. Los interlocutores consultados constatan esta realidad.

Menos mal para el PSOE, según reconocen, que partidos regionalistas sí han querido sumar con ellos sus fuerzas, uniéndose al bloque con Unidas Podemos. El PP, por su parte, ha sido aupado a presidencias y alcaldías por el apoyo de Ciudadanos y de Vox. Con este reparto, al menos en este ciclo electoral, se pone en evidencia que los socialistas tienen mayor margen de interlocución que los populares.

Resquicios a la crítica

Pero esa capacidad de diversificar abre resquicios para la crítica de sus opositores. Ya sea en Baleares, por pactos con nacionalistas, o en Navarra, donde en un brochazo analítico se mete en el mismo paquete el probable apoyo del PNV, representado por Geroa Bai, y la abstención de Bildu. Sin esta última no podrá llegar a la presidencia de Navarra María Chivite, pero lo relevante será si la formación radical pone condiciones y cuáles.

La nula intención del PP, y sobre todo de Ciudadanos, de llegar a acuerdos con el PSOE no les produce, aparentemente, ninguna incomodidad. Las opciones son claras. Al PP le va bien tener como socios a Ciudadanos y a Vox y, si no hay rupturas en los próximos días, sus pactos le llevarán a gobernar a 22 millones de españoles, casi cinco más que el PSOE. Las miradas reprobadoras apuntan a Ciudadanos por su rechazo a abrir negociaciones con los socialistas en algunas comunidades autónomas.

La excepción ha sido Castilla-La Mancha, además de Alcañiz, en Teruel, donde gracias a Ciudadanos el socialista Ignacio Urquizu ha sido elegido alcalde después de ganar las elecciones en la ciudad. La clave de ese apoyo es mucho más personal que política, con el visto bueno de Albert Rivera, al ser Urquizu apreciado y respetado por la cúpula de Ciudadanos con cuyos dirigentes ha convivido en el Congreso en sus dos últimas legislaturas. Ahora, será alcalde y diputado autonómico en las Cortes de Aragón. No hay duda de que es una excepcionalidad, habida cuenta del denuedo de Cs para tratar de impedir que el PAR haga posible el gobierno del socialista, Javier Lambán.

No hay titubeo en Ciudadanos. La apuesta es por la derecha para disgusto de los socialistas. ¿Qué gana Rivera con dar todo el poder institucional al PP?, se preguntan en el PSOE. Con ellos hubiera tenido más poder que con el PP, señalan dirigentes de distintos territorios. Por ejemplo, presidencias de Diputaciones, dicen, generosidad que nunca se podrá verificar. Los socialistas comprenden que Cs ha tomado plena conciencia de que necesita poder institucional con cargos de responsabilidad, como plataformas para ganar influencia territorial. A la espera de la formación de gobiernos, la apuesta de Cs es inequívoca: cogobernar con el PP —y el complemento de Vox— con la aspiración de crecer en votos y en implantación territorial para sobrepasar al primer partido de la derecha en próximas elecciones.

Los malos resultados del PP son el acicate de Ciudadanos, pero no es este el análisis de los populares que, pese a ello, mantienen todos sus feudos autonómicos salvo La Rioja. Poder sí, y no es poco, pero un reguero de problemas internos ha empezado a emerger: Canarias y Castilla y León, son un ejemplo. Cada uno sabe muy bien cuál ha sido el resultado en su pueblo, en su ciudad, en su provincia y poco consuela que gracias al pacto con Ciudadanos se gobierne en la región. La alegría de Pablo Casado y su equipo no es contagiosa para quienes, sin engañarse, reconocen sus resultados, señalan veteranos dirigentes populares.

La realidad de sus débiles resultados también es palmaria para Unidas Podemos. Este partido, como Ciudadanos, representantes de lo que se llamó “la nueva política”, huyeron de la responsabilidad de la gestión. Ahora sí quieren estar en las instituciones y, desde ellas, intentar crecer.

“Semejante disuelve a semejante”

Competir pero yendo juntos. A ello están abocados Ciudadanos y Unidas Podemos respecto al PP y al PSOE. Los segundos no tenían otra opción de asociación pero el partido liberal sí y lo ha rechazado. “Los gobiernos entre iguales suelen ser más inestables porque se disputan el mismo espacio”, señala Ignacio Urquizu, politólogo y sociólogo cuya tesis doctoral dedicó a los gobiernos de coalición. “A más distancia ideológica entre los miembros de una coalición, más estabilidad”, concluye.

“Semejante disuelve a semejante”. La sentencia pertenece al exvicepresidente del Gobierno y ex secretario general del PSOE Alfredo Pérez Rubalcaba. Con ella Rubalcaba, profesor universitario de Química, fallecido el pasado mayo, enfatizaba sobre el error de gobernar con iguales desde principios de la química, que consideraba válidos para la política.

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