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La revolución inacabada de la seguridad vial

El Gobierno de Sánchez se marcó objetivos muy ambiciosos en materia de tráfico que podrán ver la luz en la nueva legislatura

El director general de Tráfico, Pere Navarro, (dcha.) y el director general de Carreteras, Javier Herrero, realizan un cambio de señales en la Nacional VI (Madrid).
El director general de Tráfico, Pere Navarro, (dcha.) y el director general de Carreteras, Javier Herrero, realizan un cambio de señales en la Nacional VI (Madrid).

A pesar de la débil mayoría parlamentaria del PSOE en la anterior legislatura y su dificultad para sacar medidas adelante, la Dirección General de Tráfico (DGT) no paró en los diez meses de Gobierno de Pedro Sánchez. Pere Navarro, su director, aseguró que era necesario “arriesgar”. Entre sus propuestas destacaron un nuevo permiso por puntos, velocidad única de 30 kilómetros por hora en ciudad o el reglamento del patinete, pero, al final, aprobó una única medida: la bajada de 100 a 90 km/h en carreteras secundarias.

La legislación de tráfico se agitó más en ese corto plazo que en los últimos años del Gobierno de Mariano Rajoy, pero la pequeña revolución anunciada en seguridad vial depende ahora de la investidura y de la formación de un nuevo Gobierno.

El proyecto, como muchos otros, no llegó muy lejos y aguarda aparcado a la espera del nuevo Ejecutivo. También en otras áreas, los ministros socialistas apostaron por políticas de largo plazo que no tenían visos de aprobarse por la precaria mayoría de la moción de censura.

Navarro, aun sin ver sus planes sobre el papel, celebra que la actividad de la DGT sirvió sobre todo para “fijar el marco del debate” y ayudar a “movilizar a la sociedad civil”. Presume también de que en estos meses se hayan lanzado más proyectos que en el año y medio que estuvo su predecesor, Gregorio Serrano, en el cargo. Navarro también ha sido muy crítico con los tiempos en los que la dirección pensaba que “era mejor no hacer nada”. Él, que también fue director de Tráfico con José Luis Rodríguez Zapatero entre 2004 y 2012, no sabe aún si repetirá en el cargo, pero aseguraba en abril que el que lidere la DGT “tiene el trabajo hecho”.

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, que hizo suyo el lema de que las personas pasarían a ocupar “el centro del universo vial”, reconoció en enero que había “datos preocupantes”. A pesar de la leve mejora en 2018, las cifras de siniestralidad no eran buenas. Un total de 1.180 personas fallecieron el año pasado, 18 menos que en 2017, pero 54 más que en 2015. Y aunque los accidentes en carreteras interurbanas, los más frecuentes, habían bajado, los siniestros en autovías crecieron y los atropellos aumentaron un 48% hasta los 135 muertos.

La nueva DGT tiene, por tanto, el encargo de invertir la tendencia de unas cifras de muertos en la carretera que bajaron en 2018 pero que aún están lejos de los mínimos de 2015. Una parte del plan ya está dibujado e incluye una modificación del carnet por puntos que no se llegó a tramitar en el Congreso. La norma buscaba castigar más severamente las distracciones con el móvil, que se han convertido en la primera causa de accidente en España. Además, está pendiente la propuesta de bajar la velocidad en vías secundarias, hasta los 30 km/h en vías urbanas de un solo carril. También se debe impulsar una regulación marco para el patinete eléctrico, muy reclamada en las grandes ciudades.

Francisco Canes, presidente de la Asociación DIA de Víctimas de Accidentes, elogia la determinación de los últimos meses de la DGT, pero lamenta ver las medidas aún en el tintero. “Parece que ha sabido posicionarse de nuevo y poner la seguridad vial en el centro del debate, aunque esta y el resto de asociaciones se han quedado a la espera de que se materialicen medidas cruciales”.

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